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Playas

Sri Lanka, la isla poderosa

Playa, vida salvaje, ciudades sagradas, piedras preciosas, fervor budista, filosofía ayurvédica, gastronomía de lujo… todo cabe en la que fuera Ceylán.

Por Silvina Pini (Especial).

En tan sólo 65 mil kilómetros cuadrados –casi la tercera parte de Córdoba–, Sri Lanka reúne tantos atractivos que 15 días resultan pocos. Esta isla ubicada en el océano Índico, al sur de la India, es ideal para los amantes de las playas tropicales, pero también para los que buscan conocer nuevas culturas, los fans del turismo de aventura, los que adoran ir de compras, los que necesitan relajarse y para los que consideran que la comida siempre es un plus en cualquier viaje.

Sri Lanka fue parte del imperio británico hasta 1948, cuando dejó de llamarse Ceylán, algo que se nota no sólo en que se conduce a la inglesa (con el volante a la derecha) sino también por el hábito extendido de contratar auto con chofer para cualquier viaje que supere los 20 kilómetros. Por eso, los hoteles incluyen en la tarifa albergue para el conductor. Así, conocimos a Franky Dissanayake, quien nos esperaba en el aeropuerto de Colombo y nos llevó por toda la isla. Fue un guía perfecto.

 

Kandy y el diente de Buda

Una vez en este destino, una buena decisión es comenzar por el Triángulo Cultural, en el norte, donde está el conjunto de tesoros arqueológicos con más de dos mil años de historia, que relatan la llegada del budismo a la isla: la ciudad sagrada de Anuradhapura; la capital medieval de Polonnaruwa; Sigiriya, el palacio construido en lo alto de una roca; y el increíble templo de la Cueva de Dambulla, que guarda 154 estatuas de Buda y reyes, además de frescos pintados en el interior de 50 cuevas.

Ulagalla Resort, ubicado estratégicamente, es el refugio perfecto en medio de la selva que permite espiar, entre ébanos y tecas, a los monos y algún que otro elefante. Cien kilómetros al sur está Kandy, la ciudad que concentra el fervor budista, ya que aquí se encuentra el templo del diente de Buda, que es parte de un conjunto de edificios rodeado por una muralla declarado Patrimonio de la Humanidad en 1988.

Cuenta la leyenda que una princesa india escondió en su pelo un diente de Buda cuando huyó a Sri Lanka. Dos veces al día, el diente es exhibido tan sólo 15 minutos. El redoble de tambores anuncia la apertura de las puertas de plata de la cámara, adornadas de colmillos de elefantes, para que los fieles dejen flores de lirio y otras ofrendas. Detrás de una reja dorada, puede verse el relicario de oro en una mesa de plata. Como en todos los templos y sitios sagrados, hay que caminar descalzo. Para disfrutar una vez más de la gastronomía local, The Kandy House, un hotel que fue un ministerio británico construido en 1804, ofrece exquisitos platos de autor junto a un jardín tropical y una atmósfera que evoca la estética colonial en la India.

El mejor té del mundo

La calurosa y húmeda Kandy queda atrás en tan sólo 75 kilómetros, a medida que subimos las colinas camino a Nuwara Eliya, donde nos espera la niebla y el frío a 2.500 metros de altura. Esta región enamoró a los ingleses, quienes decidieron plantar té, tal vez el mejor del mundo: dos mil hectáreas de té de Ceylán. El hotel Heritance Tea Factory, una fábrica de té de 1930, aún conserva en el centro de su edificio al enorme ventilador con el cual secaban las hojas. Todas las noches, encienden un rato el aparato.

Aquí, una de las actividades es cosechar té, pero antes hay que vestirse a la usanza india: riguroso sari para las mujeres y sarong (especie de pareo hasta el piso) para los hombres, todos con canastas que sujetamos con la frente. Después, llega el proceso del secado y la degustación.

DATOS. Información útil de Sri Lanka.

 

Elefantes, playas y pescadores

De nuevo en la ruta camino al sur, nos espera la playa, pero antes el Parque Nacional de Yala para espiar la vida salvaje, aunque los elefantes suelen cruzar la ruta en todo el país y aceptan gustosos mangos y bananas desde los autos.

Galle es una encantadora villa de pescadores con un antiguo fuerte y faro y negocitos para comprar artesanías, pero las playas son más lindas en Mirissa, a cinco minutos. En el trayecto es posible ver a los pescadores sentados sobre varas en el agua, con sus turbantes y cañas. Una imagen tan extraña como inolvidable. El hotel Casa Mirissa es el lugar ideal para descansar escuchando el runrún del mar y por su alta gastronomía.

De regreso a Colombo, una última parada en un jardín de especias y hierbas, subraya la relación respetuosa de los srilankeses con su entorno. Ya en la capital, Franky cambia la combi por el tuk tuk, también con Wi- Fi, y nos lleva de compras antes de pasar nuestra última noche en Casa Colombo y despedirnos de la maravillosa Sri Lanka.

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