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Playas

Sri Lanka, la isla de los mil nombres

Elefantes, playas de ensueño, templos milenarios, té, canela y gemas son apenas el principio de Sri Lanka, una tierra exótica y vibrante.

Por Matías Planas (Especial).

Un león con espada en mano y fondo carmesí flamea incansablemente en una isla del otro lado del mundo. A veces llamada la Lágrima de India, simplemente Ceilán o la Isla de los Mil Nombres, Sri Lanka es un destino desconocido y fascinante.

Ubicado en el mar Índico, justo debajo de la gigantesca India, este país, aún por descubrir, tiene todo lo necesario para que el viajero se enamore. Playas paradisiacas con palmeras y hermosos mares, templos de otros tiempos, animales exóticos y suntuosos campos de té son sólo una parte de esta aventura lejana pero posible.

Después de más de 20 años de guerras entre el Gobierno cingalés y la guerrilla separatista de la etnia tamil, el país ha encontrado la paz y con ello la apertura al turismo, que lentamente empieza a descubrir esta joya del Índico.

Los precios son muy accesibles y la gente muy amable, y el tamaño reducido de la isla, combinado con sus medios de transporte, la convierten en un lugar perfecto para explorar.

Colombo es la ciudad más importante del estado y también la principal puerta de entrada al país. Contradictorio a simple vista, este destino ofrece tanto antiguos templos como elegantes comercios, arquitectura colonial, frenéticos mercados, puestos callejeros y un sinfín de Budas que con su paciencia infinita ven desfilar la ciudad.

Entre ruinas y templos

En un perfecto equilibrio entre atracciones culturales y naturales, Sri Lanka ostenta ocho sitios declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en una superficie relativamente reducida y, sobre todo, fácil de recorrer.

Las increíbles ruinas de Sigiriya que yacen en la cima de una inmensa roca (un antiguo volcán extinto y erosionado) fueron construidas en el siglo V y son el destino más visitado del país. Por otro lado, la ciudad sagrada de Kandy, enclavada en las montañas y rodeada de frondosa vegetación, es el corazón del budismo. Allí, el Templo del Diente de Buda representa un importante centro de peregrinación debido a que contiene una de las más importantes reliquias de esa religión, que sólo se saca una vez al año para dar la vuelta a la ciudad en lomo de elefantes.

Se destaca también la antigua capital de Anuradhapura, plagada de templos y ruinas milenarias que son una joya arqueológica y arquitectónica. Ideal para recorrer en bicicleta a ritmo pausado, entre frondosa vegetación, antiquísimos templos, piscinas de piedra e inmensas dagobas budistas.

La ciudad fortificada de Galle es otra joya. Con sus fortificaciones construidas por los holandeses, este enclave también disputado por portugueses y británicos está rodeado de hermosas playas y un interesante movimiento turístico.

Completan la lista el Templo de Oro de Dambulla y su complejo de cuevas, la antigua ciudad de Polonnaruwa, la Reserva Forestal de Sinharaja y las Mesetas Centrales de Sri Lanka.

De la playa a la montaña

Atardeceres en el mar y siluetas de palmeras despeinadas que recortan el cielo azul, pero también naranja o violeta, son una postal que se repite en el sur de la isla. Dueña de miles de kilómetros de increíbles playas, muchas veces desiertas y rodeadas por diversos mares, se dice que hay una para cada viajero.

La costa sur es una de las más elegidas a la hora de buscar mar y arena, pero las costas este y oeste también son excelentes opciones.

La playa de Unawatuna, a pocos kilómetros de la ciudad de Galle, es ideal para sentarse en algún bar a contemplar el horizonte y también para hacer surf. A su vez, Arugam Bay es una de las mejores playas de Asia para practicar este deporte. Bentota y Mirissa son otras alternativas para disfrutar del mar en un ambiente relajado.

El avistaje de ballenas y delfines o el espectáculo de desove de las tortugas son experiencias imperdibles que promete la isla. Las playas de Trincomalee, Kalpitiya y Koggala son algunas de las que ofrecen estas posibilidades.

Pero no todo es mar turquesa y palmeras perfectamente torcidas: la montaña es un buen escape al calor. Siempre fresca, húmeda y verde, es una gran opción para desplazarse por unas horas y conocer los pintorescos campos del famoso té de Ceilán. 

Nuwara Eliya, también conocida como la Pequeña Inglaterra, es el lugar ideal para descansar y caminar por las meticulosas plantaciones donde las mujeres extraen cuidadosamente las hojas más tiernas de la planta para luego producir el mejor té del mundo.

El verde continúa infinitamente como en toda la isla y las Tierras Altas de Sri Lanka mantienen su promesa de aventuras. Es el turno del pueblo de montaña llamado Ella que, con personalidad de aldea, ofrece descanso en un entorno natural y amable. Se pueden hacer algunos trekkings sencillos para conocer las hermosas inmediaciones.

El tren que une Ella con la ciudad de Kandy es imperdible. Con inmejorables vistas a los campos de té, atraviesa las montañas como un rayo de color rojo que termina de dibujar una pintura vanguardista que despeina y huele no solo a té sino también a libertad.

La casa del elefante 

El Orfanato de Elefantes de Pinnawala funciona desde el año 1975 con el objetivo de cuidar de aquellos elefantes que han sido rescatados de la selva por enfermedad o por haberse perdido de sus manadas. Actualmente alberga la mayor manada de elefantes asiáticos en cautiverio en el mundo.
 

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