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Con amigos

Seis cordobeses, un motorhome y diez días para recorrer Islandia

Protagonistas de una aventura por tierra de hielo y nombres impronunciables, un grupo de amigos cuenta su travesía por este rincón surrealista del Ártico.

Por Evelina Quinteros (Especial).

Colmada de cascadas, géiseres que estallan a metros del suelo, volcanes dormidos, fiordos, playas de arena volcánica y glaciares ancestrales, Islandia enamoró a los cordobeses Nadia Ruffener, Sol y Rho Igarzábal, Juan Grifa, Lucas Topa y Marco Ferrari; quienes recuerdan su experiencia extrañando los días de motorhome y naturaleza en su máxima expresión.

-¿Qué tiene Islandia que la hace tan especial?

-Esta islita, con una porción de territorio muy pequeño, es escenario de sucesos naturales impresionantes. La realidad es que, si bien habíamos “googleado” bastante sobre Islandia, kilómetro a kilómetro te va sorprendiendo con paisajes diversos, muy cerca uno del otro. Podías ver un glaciar entre dos montañas; y un poco más adelante encontrabas columnas de basalto imponentes o una cordillera con cascadas. Fueron 2.000 kilómetros recorridos, donde nos topamos con campos de lava con un piso “craterizado” que nos hacía creer que estábamos en la Luna. Además, hay una frase que dice: “Si no te gusta el clima en Islandia, esperá cinco minutos que va a cambiar”. Pasás de la lluvia al sol, a un arcoíris y terminás con una nevada repentina en un lapso de 30 minutos. Todo eso la hace muy especial y única.

-¿Cómo nació este plan de viaje? 

-Empezamos a investigar y dijimos: “Islandia es el próximo destino a visitar”. Invitamos a nuestros amigos más “inquietos” y lo definimos cinco meses antes de viajar. Primero, sabíamos que nuestra casa iba a ser con ruedas; luego armamos un cronograma por día y planteamos horarios y destinos para visitar. La meta siempre fue disfrutar sin apurarnos. En abril de este año nos fuimos a Barcelona y de ahí a Islandia, ya que nos salía mucho más barato hacer esa combinación de vuelos.

-¿De qué se trata esto de viajar en motorhome?

-Viajar en una “casa móvil” tiene muchas ventajas: te permite que un lago y una montaña nevada sean la postal de tu desayuno, tomar unos mates mientras por la ventana ves el paisaje cambiar como si se tratase de una película, jugar a las cartas con un glaciar de fondo, avistar una tropilla de caballos islandeses desde la tranquilidad de tu cama y decidir frenar a fotografiarlos o caminar 10 metros hasta la cascada que esa noche se convirtió en tu patio. Este vehículo está equipado con todo lo que necesitas para vivir en él durante esos días. Alquilarlo desde Argentina tiene un valor de 4.000 pesos por persona los 10 días aproximadamente, que, en sí, significa transporte y hospedaje, todo en uno. Además, te deja abaratar costos comprando en el supermercado, cocinando en él. Hasta hoy, lo extrañamos.

-¿Cuáles son las paradas obligatorias?

-Nosotros recorrimos toda la circunferencia de la isla a través de la “Ring route” o ruta del anillo desde Reyjavik, al sur. Seguimos por el oeste, norte y este, para luego regresar a la capital. De todas las paradas que hicimos, recomendamos: Seljalandsfoss, una mega cascada donde podés pasar caminando por detrás del agua y empaparte; Svartifoss, otra de las más imponentes dentro del Parque Nacional Skaftafell, donde podes hacer trekking hasta el glaciar Vatnajökull; y Reynisfjara, que es una playa de lava volcánica con arena negra rodeada por columnas de basalto, seguida por una cueva donde tres piedras, denominadas “Reynisdrangar”, emergen del agua y coronan el paisaje. Es imprescindible también pasar por la laguna Jökulsárlón, donde los glaciares se quiebran. Esta se transforma en un río que cruza la ruta y que desemboca en el mar, donde los bloques gélidos encallan en las costas de arena negrísima como diamantes; por eso el paisaje se llama Diamond Beach. Y una de las atracciones más populares es Gullfoss, la cascada que fluye hacia el sur y termina cayendo a una grieta de 32 metros de profundidad. Hay que estar para verlo.

-¿Qué fue lo más sorprendente que les pasó?

-Si bien viajamos en primavera, cuando nos dijeron que no era muy probable ver una aurora boreal, fuimos optimistas. En varias oportunidades nos hicimos los “cazadores de auroras” y, con una app que nos avisaba dónde podían estar, fuimos hacia el norte. Después de varios intentos fallidos, una noche con –10 grados comenzaron a delinearse en el cielo unas primeras líneas blancas –como unas nubes raleadas– que se transformaron en algo impresionante de color verde fluorescente: ondulaban, cambiaban de forma, duraban unos cuántos segundos y volvían a armarse otras nuevas. Esa noche lloramos de la emoción. Sin duda, fue lo más lindo.

-¿Qué tips de viaje le darían a un grupo de amigos como el de ustedes que quiera hacer lo mismo?

-Llevar muy poco equipaje. Si bien en el motorhome hay mucho lugar de guardado para llevarlo, es más cómodo para uno. Si van en época de frío, es imprescindible llevar ropa térmica. También es importante alquilar una van o motorhome porque no hay otro medio de transporte, y es aconsejable que se vayan con el destino estudiado para no perder tiempo. Por último, ir dispuestos a contemplar lo que los rodea y a conectarse con la naturaleza. Y, si pueden, vayan con amigos o familiares, porque es muy emocionante y movilizante.

Un pueblito interesante

Vik es una pequeña aldea de tan sólo 300 habitantes que es parada obligada al recorrer Reynisfjara. Como de cuentos, vale la pena caminar hasta la pintoresca iglesia, un punto desde el cual se obtiene una vista panorámica de la playa y Reynisdrangar.

La cuenta pendiente

Dicen que, cuando se viaja, siempre hay que dejar algo sin hacer para tener una excusa para volver. Cerrado por refacciones, el famoso balneario geotermal Blue Lagoon es una de las atracciones más visitadas en el país que faltó incluir entre los imperdibles del recorrido. 

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