Buscar Buscar Comentar Comentar Enviar por email Enviar por email Menu Menu Red de sitios Red de sitios Reloj Reloj Reloj Reloj Twitter Twitter WhatsApp WhatsApp Facebook Facebook Pinterest Pinterest Instagram Instagram Instagram Instagram Tumblr Tumblr Google+ Google+ Reproducir video Reproducir video Pausa Pausa Ver Ver Expandir Expandir Video Video Imagen Imagen Lista Lista Compartir Compartir Enviar Enviar Anterior Anterior Anterior Anterior Siguiente Siguiente Siguiente Siguiente Cerrar Cerrar Cerrar Cerrar Voy de Viaje Voy de Viaje En Familia En Familia En Pareja En Pareja Con Amigos Con Amigos Solos Solos En Avión En Avión En Auto En Auto Tips de Viaje Tips de Viaje Gastronomía Gastronomía Exóticos Exóticos Ciudades Ciudades Playas Playas Teens Teens Cuaderno de Viaje Cuaderno de Viaje Bus Bus Crucero Crucero Aventura Aventura
Ciudades

Seguí las huellas de Hemingway en Cuba

El escritor estadounidense le dedicó poco más de 20 años de su vida a La Habana. Hoy, su presencia sigue latente en dos bares, una casona y una habitación de hotel.

Por Pablo Bertorello (Especial).

Cuando uno llega a La Habana tiene ganas de saber, de preguntar, de escuchar. Cada pocos metros hay una historia y alguien que la cuenta con lujo de detalles. A los cubanos les gusta hablar y lo hacen muy bien. Entonces, con dos medidas de ron, un toque de limón y doble ración de hielo frappé, el paladar se sumerge en el sabor de la isla y el viajero se apresta a conocer mejor la huella de Ernest Hemingway.

En la tierra de la revolución, el calor anima a tomar varios daiquiris o mojitos por día. En general se preparan bien en todos los bares, aunque los que más ganan con estos tragos siguen siendo los que tienen el “sello” del escritor: La Bodeguita del Medio y el Floridita, por donde han pasado además célebres bohemios como García Márquez, Serrat, Agustín Lara, Neruda y Sabina, entre otros.

DATOS ÚTILES. Información útil para conocer La Habana.

También turistas de todo el mundo llegan con su guía bajo el brazo para seguir el conocido precepto del estadounidense: “Mi mojito en La Bodeguita y mi daiquiri en el Floridita”. Más allá de Hemingway, los dos bares han sabido conservar su estilo y en cualquier momento del día dan ganas de quedarse. En el primero, las paredes están forradas de garabatos de clientes y las perennes filas para entrar lo dicen todo; en el segundo, una estatua del escritor acodado en la barra, junto a una foto en la que sale con Fidel Castro, rinde pleitesía.

Y mientras uno saborea un estimulante trago siempre se escucha una voz cálida que canta con alegría contagiosa, porque la música espontánea recorre los bares y las calles de la ciudad. Se encuentra sin buscarla.

En las afueras

Clavada en mitad de un pequeño bosque, en las afueras de La Habana, precisamente en San Francisco de Paula, está Finca Vigía, la casona en la que Hemingway se instaló en 1940. Por allí defienden a rajatabla la “cubanía” de “Papá”, quien, según argumentan, “vivió, amo y escribió en Cuba”.

En este lugar optimizó su pluma: finalizó Por quién doblan las campanas y escribió A través del río y entre los árboles, París era una fiesta, Islas del Golfo y, por supuesto, El viejo y el mar, la novela cubana por excelencia, ya que es el libro que más apela a Cuba. Los hechos suceden en Cojímar, un pueblito de pescadores donde Hemingway tenía a Pilar, el barco en el que salía a pescar. En sus hojas, según él mismo dijo, encontró el tono literario que había buscado toda su vida y que le valió el Pulitzer y le dio la fama que lo impulsó al Nobel (1954). 

Actualmente, la casa es un museo que quedó pausado en el año 1960, cuando él abandonó La Habana con la intención de volver, pero se suicidó al año siguiente.

En el interior hay trofeos de caza, más de 9.000 libros que enfundan las paredes, trajes de su época de reportero de guerra y otros tantos objetos que recrean fielmente la rutina del literato.

Basta con sumergirse en alguna librería para percibir cómo la obra de Hemingway es idolatrada. Al menos por parte de los libreros, que ofrecen textos, biografías y variados estudios sobre las huellas que dejó en la isla. Un modo de recaudar unos pesos, pero también de homenajear a la figura.

El principio de todo

Si bien el estadounidense visitó la ciudad por primera vez en 1928, fue una década después que decidió radicarse definitivamente en ella, en el Hotel Ambos Mundos, de La Habana Vieja. Para entonces, cuando cambió la Gran Vía del Madrid de la Guerra Civil por el Paseo de Prado, ya era un escritor y reportero consagrado.

Detenida en 1939, la habitación 511 del hotel, donde se recluía para trabajar, exhibe a los visitantes su máquina de escribir con una hoja de papel, sus anteojos y un lápiz en una urna. Del armario cuelgan un chaleco de safari y otro de torero; y en su cama hay libros y revistas. 

Como estas, muchas cosas recuerdan la vida de Hemingway en Cuba, esa “isla larga, hermosa y desdichada”, como supo describir en Las verdes colinas de África. 

Comentá esta nota

2016. Todos los derechos reservados.
La Voz.