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Segovia, acueducto y cochinillo

Esta ciudad, capital de la provincia del mismo nombre y perteneciente a la comunidad de Castilla y León, está a casi 90 kilómetros de Madrid.

Por Redacción LAVOZ.

Cerca de Madrid hay varios sitios para visitar en un corto viaje: Alcalá de Henares, Toledo, Ávila, Cuenca, Guadalajara y Segovia, entre otros. Llevados por dos curiosidades, un acueducto de dos mil años y un cochinillo al horno que lo cortan con el filo de un plato, nos decidimos por Segovia.

Esta ciudad, capital de la provincia del mismo nombre y perteneciente a la comunidad de Castilla y León, está a casi 90 kilómetros de Madrid. Pero lo más atractivo del viaje fue el hecho de hacerlo en un tren de alta velocidad, el AVE español.

El moderno tren salió de la estación madrileña de Chamartín a las 10.15 de un frío sábado y a las 10.42 arribó a la estación de Segovia-Guiomar, donde el termómetro marcaba 8ºC bajo cero.

Sólo 27 minutos y 10,60 euros nos unieron con Segovia. Desde la estación, por 0,88 euro, un ómnibus del transporte urbano nos depositó a los pies del monumental y milenario acueducto romano, en la plaza del Azoguejo, antigua plaza del zoco, escenario de reunión de mercaderes y “buscavidas”.

Gracias a la erudición de nuestra guía Loles Puertas Alvaro –una “enciclopedia con pies”, según el amigo y colega Adrián Cragnolini– pudimos saber que el acueducto habría sido construido por los romanos en el siglo I d.C., es decir, hace dos mil años.

Tiene una longitud total de 15 kilómetros desde el pantano de Revenga hasta donde hoy se ubica el Alcázar (antes guarnición militar), y atraviesa la ciudad de este a oeste.

Su punto más alto es de 28 metros, justamente en la plaza del Azoguejo y lo extraordinario de la obra, que fue construida hace 20 siglos, es que los 20.400 bloques de granito que lo conforman no están unidos por ninguna clase de argamasa o mezcla, sino asentados unos sobre otros. Desde 1985 es Patrimonio de la Humanidad, declarado por la Unesco.

Luego de gatillar numerosas fotos del acueducto, iniciamos una recorrida por la hermosa y monumental ciudad de Segovia por la calle Real, un auténtico centro comercial a cielo abierto y por donde transcurre la vida de segovianos y visitantes.

El recorrido nos llevó por callejuelas estrechas hasta el Mirador de Canalejas, desde donde se puede contemplar el barrio de San Millán y su impresionante templo románico, con el telón de fondo de la Sierra de Guadarrama.

Allí se encuentra la Casa de los Picos, antigua morada de una familia judía y hoy Escuela Oficial de Artes y Oficios. La recorrida comprendió, además, la Plaza Mayor, con la imponente Catedral del último período gótico; el Ayuntamiento; el teatro Juan Bravo y la iglesia de San Miguel.

Por la calle Daoíz, con portadas románicas, se desemboca en el Alcázar, otro monumento que es imprescindible visitar por fuera y por dentro. Dicen en Segovia que Walt Disney se inspiró en él para construir su famoso castillo de Cenicienta en el parque Magic Kingdom.

Los cochinillos de Cándido. Visitar Segovia y no ir al Mesón de Cándido, “Mesonero mayor de Castilla”, es como no haber ido. El mesón es un antiguo y tradicional restaurante en el que el plato principal y protagonista de la historia diaria es el cochinillo al horno.

Son cerdos de 26 días de vida, de cuatro kilos, alimentados sólo con la leche de su madre, que se cocinan al horno con agua, sal y manteca. Nada más. Una vez asados, Alberto Cándido, hijo del fundador y continuador de la tradición, los corta en seis porciones con el borde de un plato de loza, al que luego arroja al suelo rompiéndolo.

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