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Gastronomía

Ruta gastronómica por Roma

Un recorrido por sitios emblemáticos de la ciudad mientras se disfruta de los platos que hicieron famosa a la cocina italiana. Tradición y buen gusto que transportan en el tiempo.

Por Mariana Minervini (Especial).

Comer en Roma es una experiencia única como única es su ciudad, una de las más antiguas del mundo. Su historia imprime en la gastronomía un sello personal de sabores inconfundibles, donde se mezclan tradiciones populares y genuinos productos locales. En una visita no puede faltar la degustación de pasta y pizza, acompañadas de algún aperitivo o un buen vino, y luego, helado. Un lugar ideal para perderse entre calles, iglesias, monumentos y tiendas; detenerse a disfrutar de la comida; y vivir la vida como indica el dicho popular: dolce far niente (con la dulzura de no hacer nada).

Con sabor a historia

Transitar la capital italiana es como hacer un viaje al pasado. Luego de observar las mismas piedras que pisaron los antiguos romanos, enmarcadas en el bullicio y el ritmo de la urbe, hay que hacer la primera parada para desayunar. Una buena alternativa es el Bar Fondi (Via Milazzo 16), cerca de la estación Termini, para disfrutar de sus variedades de café acompañado de un bocadillo de pan con fiambres, verduras y ternera, o de masas dulces.

Después de renovar energías llega la visita a la Roma histórica, con su glorioso Coliseo, donde uno se siente transportado a la época de los gladiadores; el Foro Romano y el Palatino, antiguo centro político, económico y religioso de la ciudad. Tras largas horas de caminata, en una tranquila calle junto al Coliseo se encuentra el restaurante Osteria Angelino (Via Capo d’Africa 6) que recibe al visitante con su carta de delicias italianas que se caracterizan por aromas fuertes y audaces combinaciones de sabores contrarios.

Elegimos como primer plato bucatini all’amatriciana, una pasta típica cuya salsa se compone de tomate, ají picante y panceta en tiras. Como segundo plato, nos decidimos por saltimbocca alla romana, elaborado con ternera, jamón y salvia. Nos quedamos con ganas de probar los ñoquis con salsa a la carbonara, la lasaña, las bruschettas y los postres caseros, sobre todo el tiramisú y la panna cotta (una crema cocida parecida al flan).

DATOS. Información útil para deleitarse con Roma.

La ciudad eterna 

Roma posee un sinfín de trattorie (restaurantes familiares) que suelen contar con un menú fijo, siempre con platos tradicionales. Asimismo, crece el número de restaurantes con nuevas tendencias, que permiten degustar desde la típica comida romana hasta cocina macrobiótica y étnica, sin gastar fortunas.

Llega el turno de la pizza, sobre todo si uno está en la zona de la Ciudad del Vaticano, Estado soberano de la religión católica. Cerca de la entrada a sus museos, una buena opción es Pizzarium Bonci (Via della Meloria 43), cuyo “amor por el pan” se vive en cada receta. Algunas de sus variedades se presentan al taglio (al corte) y en forma rectangular. Vale la pena probarlas a todas: primavera, con panceta y hasta con papas y arvejas, o las tradicionales focaccias (una especie de pan fino con hierbas).

Es un local de comida rápida, con mesas altas para comer y seguir camino hacia la Basílica de San Pedro, la iglesia más grande del mundo. A pocos pasos de la plaza se encuentra un restaurante tradicional, Il Borgo Nuovo (Vía Borgo Pío 104), en cuyas recetas predomina el pescado y en donde es posible elegir entre 400 variedades de vinos. Optamos por sentarnos en su terraza y disfrutar primero de unos ravioles de pez espada al ragú de verdura y, como segundo, nos quedamos con los calamares frescos a la parrilla. Un placer sin límites que se asemeja al arte.

Atardece en la ciudad y subimos al Parque Savello o Jardín de las Naranjas, situado en una de las siete colinas, que ofrece una inigualable vista de Roma y del río Tíber. Es un momento especial para un aperitivo: un aperol o un spritz y un bufé libre de sándwiches, tartas y otros platos fríos y calientes. Buon appetito.

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