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Playas

Rio de Janeiro, beleza pura

Un recorrido por las playas y los clubes secretos de la “cidade maravilhosa”.

Por Silvina Pini (Especial).

El aeropuerto de Rio de Janeiro lleva el nombre de Antonio Carlos Jobim, autor de la famosa Garota de Ipanema que convirtió a Ipanema en una de las playas más famosas del mundo. Las playas en Rio son las venas por donde corre la vida de la ciudad, 50 km de mar y arena donde los cariocas se encuentran con amigos, se enamoran, trabajan, toman cerveza y practican deportes. Difícil verlos tumbados en una reposera, porque para ellos la playa es el lugar de reunión y donde no existen las diferencias.

Las tres más famosas son Copacabana, Ipanema y Leblon, las cuales forman dos herraduras. Copacabana ocupa 4,5 km mientras que Ipanema y Leblon, divididas por el canal Jardín de Alá, otros 4 km. Entre ambas hay una colina rocosa que ofrece vistas fantásticas de Ipanema, Leblon y el “morro” Dos Irmãos. Del lado de Copacabana, hay un antiguo fuerte y una sucursal de la centenaria Confitería Colombo que está en el centro histórico, conocida como Cafe do Forte. Pegada a las rocas, sobre Ipanema, está la pequeña Praia do Arpoador (playa del harponero), que reúne a los surfers y donde alquilan tablas y dan clases.

Aladeltas en Sao Conrado. (Mario Cherrutti)

Estas tres playas cuentan con doce postos, del 1 al 6 sobre Copacabana, y del 7 al 12 en Ipanema y Leblon. Desde la rambla parecen todos iguales, cuentan con vestuarios, wifi gratis, duchas, guardavidas y un bar, pero en realidad identifican clubes secretos. El 8, por ejemplo, en Ipanema es el enclave LGTB, más precisamente en la bajada de la calle Farme do Amoedo, al 9 van los jóvenes cool, al 10 las familias, al 11, ya en Leblon, los cultores del fitness y, según dicen, al 12 muy cerca de los Dos Irmãos, las mujeres más lindas de Rio.

Todo a lo largo de la avenida costanera, que va cambiando de nombre –Delfim Moreira en Leblon, Vieira Souto en Ipanema y Av. Atlantica en Copacabana–, hay una senda exclusiva para bicicletas y rollers que se suma a la vereda -cada una con su dibujo: ondas en Copacabana, círculos en Ipanema y Leblon- por donde el carioca corre y camina. Tal es la actividad playera los fines de semana, que para evitar atascos de tránsito y hacer que la fiesta sea completa, las avenidas se vuelven peatonales.

El fútbol en Brasil, cinco veces campeón mundial, es una necesidad biológica. Por donde se mire, en las playas siempre habrá hasta seis pelotas en el aire al mismo tiempo, signo de que varios hombres están en círculo jugando “altinho”, un juego que consiste en mantener la pelota en el aire.

El fútbol en la playa, un imperdible que no se negocia. (Mario Cherrutti)

A la playa no hace falta más que llevar el protector solar y algo de dinero. Muchos hoteles ofrecen servicio de playa, sino por 200 pesos se puede alquilar dos sillas y una sombrilla por el día.

Más oferta

Además de esas tres más famosas, hay otras playas antes de Copacabana y después de Dos Irmãos. Flamengo es la primera playa de la zona sur de Rio, en la bahía de Guanabara, de aguas tranquilas aunque muchos dicen presenta grados de contaminación. Es la preferida por los cariocas para los deportes, tiene una vista privilegiada del Pão de Açucar y está bordeada por el Parque do Flamengo.

Del otro lado de Dos Irmãos, está la playa de Sao Conrado, de olas más grandes, que convoca a los amantes del surf. Sábados y domingos se llena de surfers y de quienes van a ver aterrizar en la arena a los aladeltas que saltan desde el cerro Pedra Bonita.

Un imán para muchos argentinos. (Mario Cherrutti)

La Miami brasileña

Un gran morro marca el final de Sao Conrado hacia el sur, por lo que un túnel nos llevará a la siguiente playa: los 18 kilómetros de Barra da Tijuca con playas de mar abierto, menos concurridas, sin problemas de estacionamiento y también con menos servicios. Tijuca se levantó como un barrio nuevo que muchos comparan con Miami: grandes torres y condominios, inmensos shoppings para los que es necesario moverse en auto.

Sobre el extremo sur de Tijuca hay una pequeña playa, Prainha, que bordea una reserva natural prácticamente virgen que vale la pena conocer también. Es la elegida por los amantes del surf por sus olas grandes y la última a donde llega el surf bus (ver datos útiles). Las últimas dos son Grumarí, que también bordea un área de protección ambiental, y Abricó, la única nudista, de 1,5 km de extensión y a la que es difícil llegar.

Cuando el sol finalmente se va, empieza la hora del bar. Los cariocas le dicen la hora del baixo. Cada barrio tiene su “baixo” y los bares donde compartir una caipirinha, una cerveza, un jugo, un açai. Un carioca solo en su casa no es un carioca. De día a la playa, de noche a los “baixos”, es su forma de vivir en la cidade maravilhosa.

Su mar azul y las blancas arenas, un lugar ideal para vacacionar. (Mario Cherrutti)

Datos útiles

Cómo llegar.

A partir del 23 de diciembre, Aerolíneas Argentinas contará con cuatro vuelos directos semanales (lunes, viernes, sábados a las 7 y domingos 9.30) desde $ 45.000.

Dónde dormir.

Fairmont. Recientemente inaugurado sobre Copacabana, cuenta con 375 habitaciones de distintas categorías, dos piscinas, un spa y un restaurante en el 6to piso con una impresionante vista de la playa. Tarifas desde $ 18.000. Vermont Ipanema. Excelente ubicación a dos cuadras de la playa Ipanema. Desde $ 4.389 la doble con desayuno.

Dónde comer.

Talho & Capixaba. Para llevar o comer ahí. Bibi Sucos. Jugos, licuados, batidos, ensaladas, frutas y açai. Casa do Açai. Especialidad en açai. Confeitaria Colomba, fundada en 1894.

Cómo moverse.

El Surf Bus funciona de martes a domingos, de 7 a 19. Parte de Largo do Machado y recorre toda la orla. Entran 30 pasajeros y 20 tablas. 75 pesos el boleto.

Qué visitar.

Museo de la Selección Brasileña. Abierto todos los días de 10 a 18. Entrada 280 pesos. Sitio Roberto Burle Marx, más de 350 mil metros cuadrados de jardines que reúnen cerca de 3.500 especies de plantas. Visitas guiadas martes a sábado a las 09.30 y 13.30. Entrada 140 pesos. Museo del Mañana. Abierto de martes a domingos de 10 a 18. Entrada 140 pesos. Martes gratis.

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