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Ciudades

Quito, alto destino

La capital ecuatoriana y sus alrededores ofrecen servicios para descubrir en varios días: el centro histórico mejor conservado de América, gastronomía típica, volcanes, selvas y páramos.

Por Mario Rodriguez (Especial).

La chola es una variedad de papa, entre las 200 que tiene Ecuador, que se utiliza para el locro absolutamente. Participar en una clase de cocina permite conocer las técnicas y los ingredientes que rescata la cocina tradicional ecuatoriana. El plátano verde, la consistencia más dura, el frito en forma de patacones o tostones. El cacao, exportado desde siempre como materia prima, ahora gana premios internacionales en la floreciente industria de los chocolates finos.

Con la panza llena y el corazón contento recorrimos el casco histórico de Quito. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es uno de los más grandes conservadores de América. Las calles angostas hechas con piedra volcánica nos llevan hasta la Plaza Grande, lugar de reunión de los quiteños. Tiene en el centro el monumento a los Héroes de la Independencia y, alrededor, el Palacio de Gobierno, el Palacio Arzobispal, la alcaldía y la Catedral.

La población ecuatoriana es, en un 95%, católica practicante. Por eso es natural que sus más de 50 iglesias sean visitadas casi un diario por feligreses y turistas. En el circuito religioso se refiere, entre otras, la Compañía de Jesús, el estilo barroco español y el interior decorado en madera tallada en láminas de oro. Por otra parte, la monumental Iglesia de San Francisco, con su larguísima fachada y una gran explicación en el frente –otro lugar de reunión de locales y palomas–, se ocupa de la obra arquitectónica religiosa más grande de Latinoamérica.

Pájaros rojos

Todavía está oscuro en la mañana cuando emprendemos el camino hacia el norte, al Bosque Nublado. A poco de dejar la capital, el paisaje cambia por completo. El recorrido transcurre entre las montañas y la vegetación se exuberante. Un camino angosto nos lleva hasta la Paz de las Aves.

En una barranca que mira al bosque se ubica el refugio con turistas ansiosos por avistar, fundamentalmente, al gallito de la peña. Ángel se acerca al filo y emite sonidos. Él comenta Vinicio Paz, administrador de la reserva. Las aves exóticas de un plumaje rojo se acercan y se posan en los árboles cercanos. Comienza la agitación para lograr la mejor vista, la mejor foto. Alguien se aventura fuera del refugio para una mejor ubicación. El reto es instantáneo y en voz baja. Las aves se alejan, y vuelven a empezar.

El desayuno, servido en un piso cercano, incluye el bolón de verde, otro de los platos típicos que tienen al plátano verde como protagonista. Alrededor de todo es movimiento: colibríes, ardillas y aves coloridas van y vienen por el lugar. 

Al llegar a Bellavista todavía faltan dos horas para el almuerzo, el tiempo justo para recorrer unos senderos del complejo. El circuito comienza con un nutrido grupo de “americanos” que gatillan y gatillan a cientos de colibríes que se acercan a los comederos. 

Más que una experiencia exclusiva para "pajareros", recorrer el Bosque es un pasaporte y uno de los sistemas más ricos del mundo, en donde se puede ver una gran diversidad de plantas y animales. Al volver, agotado y feliz, los "americanos" siguen en el mismo lugar llenando tarjetas de memoria.

 
 
 
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Desde la altura

Un teléfono nos lleva al volcán Pichincha: en pocos minutos hasta los 4.000 metros sobre el nivel del mar. Tanto en el recorrido como en la cima, el panorama de la ciudad –y, en un día despejado, el perfil de la cordillera con los nevados Cayambe, Antisana y Cotopaxi– transformar esta actividad en una experiencia muy recomendable. Una breve caminata nos conduce hasta las hamacas que permiten "columpiarse sobre Quito". Hay que llevar abrigo, porque la temperatura baja drásticamente.

Basta de levantar la vista desde cualquier punto de la ciudad para observar sobre la loma El Panecillo a la virgen alada. La Virgen de El Panecillo se ubica a 3.000 metros sobre el nivel del mar y fue la "armada" con 7.400 piezas de aluminio. Con 36 metros de altura, es una de las imágenes más elevadas del mundo –más, incluso, que el Cristo Redentor en Río–.

La mitad del mundo

Mitad del mundo y se sacó una foto con un pie en cada hemisferio con la línea amarilla en el medio, no visitó Quito. En 1736, un grupo de franceses aseguró que este era el centro geodésico del mundo. Más acá en el tiempo, GPS mediante, se determinó que la verdadera mitad del mundo estaba en unos metros más allá, en Intiñán.

En el museo Intiñán se pueden experimentar con juegos didácticos los efectos de la latitud 0, la línea ecuatorial. Ahí, un huevo para la cabeza de un clavo, el agua de un lavatorio para sacar el tapón, y para el otro lado. La fuerza de gravedad es menor.

En otra sección del museo se pueden apreciar las costas de los pueblos de la región, como los que habitan en la Amazonía o el shuar, conocidos como su tradición de reducir cabezas.

Chagra por un día

Nos trasladamos al sur de Quito para alojarnos en la hacienda El Porvenir. Está ubicado a pocos kilómetros del ingreso norte al Parque Nacional Cotopaxi, donde el paisaje predomina en el páramo. La temperatura es baja baja, por lo que la bienvenida con canelazo –una bebida caliente elaborada con canela, naranja, azúcar y aguardiente– es una bendición.

Por la mañana nos calzamos el atuendo de chagra (gaucho ecuatoriano), que incluye poncho rayado y zamarro, una especie de sobrepantalón cubierto con piel de cordero. Así, iniciamos una cabalgata de poco más de una hora en ascenso hasta el mirador situado frente al volcán Cotopaxi. Si bien lo encontramos cubierto de nubes, el viento frío, la empuja para dejar de ver, por pocos minutos, la montaña nevada de casi 5.900 metros de altura.

En Quito hay que tener cuidado con la altura y el clima cambiante. Para la altura se recomienda hidratado. Para el clima, protector solar, paraguas, sombrero y abrigo.

 
 
 
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Una publicación compartida de Mario Rodriguez (@mariopescadofresco) el16 oct, 2018 a las 5:17 PDT

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