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Playas

Praia do Forte en familia

Ubicada en las costas que se extienden al norte de Salvador de Bahía, el magnetismo de sus playas y de sus reservas ecológicas atrae a turistas de todo el mundo.

Por Daniel Alonso (Especial).

Mar y palmeras. Qué más se puede pedir. Esa es la postal en continuado que alumbra a la derecha de la “línea verde”, la autovía –también conocida como Ruta dos Coqueiros– que se extiende hacia el litoral norte de Bahía, allí donde empieza a asomar la punta más oriental de la nariz que Sudamérica hunde en las aguas del Atlántico.

Praia do Forte es, en ese circuito, un pueblo de pescadores que carga con el magnetismo que medio siglo atrás atrajo al alemán Klaus Peters, pionero de la hotelería y la explotación turística de esta parte de Brasil, pero también de la protección del medio ambiente.

DATOS. Información útil para relajarse en Praia do Forte.

Herencia de esa impronta es toda el área de conservación para cuidar la flora y fauna del lugar. También el conocido Proyecto Tamar, creado en 1980 y dedicado a la preservación de las tortugas marinas.

Dato curioso: en la autovía BA-099, al norte del pueblo, hay un puente colgante que conecta a los árboles ubicados en ambas márgenes de la ruta. Es para que por allí crucen los osos perezosos (bicho preguiça), que en general lo hacen de madrugada. Incluso, por esa vía no circulan camiones ni colectivos de gran porte para reducir el impacto de la contaminación.

En ese entorno, y en tierras que en su momento pertenecieron a Klaus Peters, hizo pie hace una década la cadena Iberostar, el grupo que comanda Miguel Fluxà desde Palma de Mallorca (España), y que invitó a un grupo de medios de Argentina y de Chile, entre ellos La Voz, a través de Voy de Viaje, para conocer el lugar.

La unidad Hotels & Resorts levantó allí dos complejos de cinco estrellas all inclusive: Iberostar Praia do Forte e Iberostar Bahía, ambos con una amplia variedad de restaurantes, piscinas, centro de spa y un sorprendente programa de actividades deportivas y culturales, ideales para compartir en familia y para combinar el relax con la diversión.

La oferta de servicios es tal que a veces da la sensación de no tener necesidad alguna de salir del complejo, si no fuera por el impulso de conocer cada metro cuadrado de las costas que hacen de preludio para la bahía más famosa de Brasil.

Incluso, desde el hotel se puede caminar por la playa hacia el sur hasta las piletas naturales que deja la marea baja a poco de llegar al pueblo, donde residen en forma permanente unos 2.000 habitantes, pero que en pico turístico llega a alojar entre 8.000 y 10.000 personas.

En la vereda del sol

Como en la canción de Serú Girán, atravesar por la mañana el principal paseo peatonal de Praia do Forte es como estar “en la vereda del sol, que ya va a nacer”.

Salpicada por una exuberante vegetación, la adoquinada Alameda do Sol vibra desde temprano al calor de bares, restaurantes, puestos callejeros y comercios de todo tipo, hasta desembocar en la Iglesia de San Francisco, de un blanco casi metálico que hace arder las pupilas.

Es habitual encontrar en su explanada a una mujer que, por unos reales, alquila su imagen ataviada con típicos atuendos bahianos para las fotos de los turistas. Al lado, las aguas turquesas mecen las pintorescas barcazas que parecen también haber sido ancladas adrede para perpetuarse en cámaras y celulares.

Ese punto suele ser también una de las estaciones para arrendar carros a pedal. Son 30 reales (unos 180 pesos) a cambio de media hora de paseo para cuatro personas.

Praia do Forte arrancó primero como un punto de atracción para turismo joven, pero los grupos etarios se expandieron a medida que fue mejorando su infraestructura. En la actualidad cuenta con más de un centenar de posadas.

Más al norte está Papa Gente, donde se reúnen los amantes del surf, y luego Arembepe, famosa por la aldea hippie en la que estuvieron los cantantes Janis Joplin y Mick Jagger.

Pero la aventura y la diversión, en clave familiar, no sólo se viven en la playa. Tierra adentro, se pueden explorar las hectáreas protegidas de la reserva ecológica de Sapiranga o apostar por una travesía a través del río Pojuca.

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La Voz.