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Ciudades

Praga a través de las huellas de Kafka

El escritor dejó marcas en distintas partes de la ciudad. Hay mitos sobre su personaje y posibles recorridos para evocarlo.

Por Noelia Maldonado.

Había una vez un escritor incomprendido. Los hubo a montones, pero este, que vivió su corta vida en Praga (República Checa), fue sin duda uno de los más representativos de su época, aunque no haya llegado a saberlo.

Uno lo puede imaginar cruzando el río Moldava por el puente Mánes, nunca por el mítico puente Carlos. Hoy, muchos checos creen que su alma en pena recorre el mismo camino que hace un siglo, cuando en 1916 se mudó hacia la zona de la Callejuela del oro (muy cerca del Castillo de Praga) buscando un refugio tranquilo para poder escribir durante las frías noches del invierno bohemio. Fue en ese remanso en el que desarrolló sus últimas obras al cuidado de su hermana Ottilie. 

DATOS ÚTILES. Información útil para recorrer Praga.

Hoy su última casa se puede visitar en el número 22 de la Callejuela del oro. Pequeño, casi como de muñecas, el lugar tiene dos diminutas ventanas que dejan ver algunas de sus obras expuestas en vitrinas. Adentro se vende todo tipo de suvenires e incluso hay libros del autor en todos los idiomas en ediciones de excelente calidad.  

Es interesante llegar hasta esa zona no sólo por el recorrido de la vida del escritor, sino también porque a muy pocas cuadras se encuentra el Castillo de Praga con su imponente Catedral de San Vito. Algunos de los edificios que componen el conjunto patrimonial de la zona datan del año 880, es decir que, cuando Kafka lo recorría, seguramente el lugar ya estaba impregnado del halo señorial que aún hoy conserva. El contraste entre los palacios, las iglesias y la pequeña casucha que habitó el autor podría ser algo cómico, si no se supiera que terminó sus días en ese pequeño cubo, enfermo de tuberculosis y desheredado de su padre.

K y punto

Algo difícil de encontrar, el Museo de Kafka se encuentra señalizado por una K gigante en la que más de un curioso se saca fotos sin entender del todo la referencia. Lo que ocurre es que muchos llegan al lugar atraídos por una obra de arte muy particular: la fuente de dos hombres orinando de David Cerny.

El museo, que se estableció allí en 2005, cuenta con bastante material de archivo, aunque su fuerte no es tanto lo documental sino lo evocativo y hasta lo recreativo. Adentro realmente se respira una atmósfera kafkiana: no hay ventanas, y para llegar a la salida hay que atravesar sí o sí las salas repletas de fotos, manuscritos y algunas piezas de arte abrumadoras. 

Por ejemplo, la “sala existencial” intenta replicar la angustia que atormentaba al escritor al momento de crear sus obras cumbre, como El Castillo o El proceso. La otra sala, llamada algo así como “Topografía imaginaria” es justamente la que vincula al artista con distintos puntos de la ciudad en donde transcurrió su vida y por donde se cree que transitaron sus personajes. 

La ciudad de su vida

Aquel que llegó hasta el museo del escritor checo puede volver a la Ciudad Vieja cruzando alguno de los puentes cercanos (el Mánes o el Carlos) y arribar al barrio judío, llamado Josefov. Allí encontrará la Sinagoga Vieja-Nueva, que además de ser patrimonio mundial (sus inicios datan del 1270) también era uno de los sitios en donde Kafka pasó parte de su infancia. 

A pocas cuadras, en la unión del barrio judío con la Ciudad Vieja (Dušní 141/12), se encuentra un monumento de bronce creado en honor al autor. La obra es un hombre subido sobre otro cuerpo al que le faltan manos y piernas. Algunos la ven aterradora, como una clara referencia a La Metamorfosis, y otros, guiados por la sugerencia de los guías de turismo, le frotan los pies al hombre de arriba, porque el mito indica que “trae suerte”.

Muy cerca de allí, en la calle U Radnice, 5, está la casa donde nació el escritor en 1883. Allí encontrará una placa que lo recuerda, ya que la vivienda original no existe más, y en su lugar hay otra construcción que fue transformada en restaurante.

Aquellos que le guardan más aprecio llegan hasta el cementerio judío de Olsany y concluyen su peregrinaje llevando cartas de agradecimiento o textos que le recuerdan al autor. Allí, su lápida resguarda todo tipo de ofrendas.

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