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Pirámide de Carstensz: en el techo de Oceanía

Una crónica que relata la experiencia de un grupo de escaladores que ascienden a la pirámide de Carstensz, considerada la montaña insular más alta del mundo, con 4.884 metros. El ascenso forma parte del ambicioso proyecto Siete Cumbres.

Por Ricardo Darío Birn*.

Terminaba 2014 y ya me encontraba otra vez llenando mis mochilas con material de escalada e ilusiones, como antes de cada expedición en mi proyecto “Siete cumbres”, que consiste en escalar las siete cimas más altas del mundo.

Esta vez, el destino era Indonesia para intentar alcanzar la quinta cumbre del proyecto: la pirámide de Carstensz, de 4.884 metros, considerada “el techo de Oceanía”. 

Los aventureros se aproximan al objetivo, el monte Carstensz.

También conocida como monte Jaya, se trata de la montaña más alta del mundo ubicada en una isla, en Nueva Guinea.

EL MOMENTO DEL ÚLTIMO TRAMO. Al ataque de la cumbre

Tras muchas horas de vuelo y una escala en Estambul, llegué a Yakarta, capital y ciudad más poblada de indonesia, situada en la isla de Java. En una superficie de 650 kilómetros cuadrados se concentra una población de 8,5 millones de personas, lo que la convierte en la undécima ciudad más poblada del planeta. Es el centro político, industrial y financiero del país.

A mi arribo, me esperaba una persona encomendada por la empresa que me brindaría todos los servicios de alojamiento en las ciudades y la logística en la montaña. El viaje en auto por las calles de la ciudad es asombroso, por los embotellamientos, la superpoblación y la saturación de automóviles y, principalmente, motocicletas, muy habituales como medio de transporte.

Admirados por la paciencia del conductor, llegamos al hotel donde un par de horas después lo haría un compañero de mi proyecto, el vasco Unai Llantada, con quien compartiría desde ese momento toda la expedición. 

Al día siguiente dispusimos dirigirnos en taxi hasta el centro de Yakarta pero sólo pudimos visitar la plaza de la Independencia, en cuyo centro está el gigantesco monumento nacional, más conocido como “monas”: un pilar de 132 metros de altura, coronado por una llama dorada que puede verse casi desde cualquier punto de la ciudad

De regreso en el hotel, nos pasaron a buscar de noche para llevarnos al aeropuerto a tomar un vuelo de cinco horas, que nos trasladó hasta Timika, una pequeña ciudad en la isla de Papúa. Esta isla está dividida en la mitad, una parte pertenece al estado independiente de Nueva Guinea y la otra mitad (donde se encuentra la pirámide de Carstensz), a Indonesia. De igual manera la mayoría del territorio insular está cubierto por selva casi impenetrable, con nativos que viven y conservan costumbres ancestrales de la era de piedra.

Comienza la aventura

Allí nos encontramos con el resto del grupo que integraría la expedición, proveniente de diferentes países. Desde Timika abordamos una avioneta que aterrizó en el medio de la isla de Papúa, en la aldea de Sugapa donde nos esperaban algunos pobladores de las tribus moli y dani, quienes se sumarían luego a nuestro grupo para trasladar, durante los 15 días siguientes, los bolsos, carpas, utensilios y alimentos para la expedición.

Llegado el momento de iniciar la aventura, se comenzaron a presentar los obstáculos previstos, como las lluvias y un clima tropical, muy caluroso y húmedo. La jungla me empezaba a mostrar que es, realmente, uno de los trekking más exigentes del mundo, como muchos montañistas lo han catalogado.

A marcha muy lenta, avanzamos como hormigas, uno detrás de otro, junto a los 70 nativos. Tuvimos que soportar el calor, la humedad, la vegetación frondosa y el barro hasta la rodillas. Pero sabíamos que de a poco nos aproximábamos al objetivo.

Selva virgen e impenetrable, parte de la expedición.

Después de seis horas, llegamos hasta el primer campamento. Armamos las carpas sobre el terreno mojado, pero eso no impidió que nos desplomáramos a descansar y dormir profundamente.

Amanecimos a las 5, nos alistamos y contemplamos el lugar donde estábamos. Después de un buen desayuno, comenzamos a caminar nuevamente. 

Las fuertes y constantes lluvias empeoraban y cada vez era más difícil avanzar: pantanos cubiertos de árboles selváticos; el barro que se nos metía por todo el cuerpo, y puentes de troncos muy resbaladizos, pero así y todo debíamos continuar.

El día fue pasando y llegamos al próximo campamento. Estábamos exhaustos y mojados. Lo primero a lo que atinábamos era buscar prendas secas dentro de los bolsos, ya que era imposible secarlas bajo el escaso el sol que recibíamos al amanecer.

Así pasaron los días, seis en total, hasta que por fin visualizamos a lo lejos la montaña. Ahí todo cambió, entramos a un terreno muy parecido a otros que ya habíamos recorrido, es decir, una geografía conocida, donde la pisada es firme y transmite mucha confianza.

El séptimo día, después de una larga jornada, ganamos altura en un paisaje como de otro planeta. El contraste con la jungla era emocionante.

Campamento base

Finalmente llegamos al campo base, a 4.200 metros de altura, al borde de una laguna de aguas cristalinas. Instalado el campamento, nos preparamos para armar los distintos grupos para los intentos de cumbre. La adrenalina corría por mi cuerpo, ya que estábamos muy próximos a transitar por la larga canaleta que nos llevaría al filo de la montaña.

Cuando aún no lograba controlar mi ansiedad, se decidió que esa misma noche salieran los que habían demostrado mejor ritmo de marcha y yo estaba en esa lista. Con mi compañero, el vasco Llantada, preparamos todo y salimos con ese grupo, formado por nueve en total. A esa altura, la autoestima estaba intacta para enfrentar el gran esfuerzo que demandaría el día de cumbre.

Lo que hay que saber

ALOJAMIENTO: los hostels y guesthouses son lo más barato. 

Dormitorio compartido en un hostel (“dorm”): de 2 a 10 dólares por noche, por persona (cada dormitorio es compartido por 4 / 12 personas y se paga por cama). 

Habitación privada, simple o doble, en un hostel: de 4 a 20 dólares por noche.

Habitación privada simple, en un guesthouse, desde 5 dólares (algunos con baño privado y otros con baño compartido). Estas habitaciones generalmente tienen dos camas, por lo que el precio se puede reducir a la mitad si se comparte con alguien).

Habitación privada, simple, en un hotel 2 estrellas, desde 20 dólares.

PARA COMER: igual que en toda esa parte de Asia, la comida no es muy variada, pero comer es muy barato. Según qué turístico sea el lugar se puede comer desde 3 dólares en adelante (excepto en los lujosos hoteles de Bali, donde un buen plato va desde 50 a 100 dólares).

CLIMA: tropical todo el año, con temperatura promedio de 30°C, humedad muy alta y abundantes lluvias.  

En general, la época de lluvias se extiende entre octubre y abril (invierno, temporada baja) y la época seca entre mayo y septiembre (verano, temporada alta).

La época seca puede tener temperaturas un poco más altas (hasta 35°C) y la de lluvias más bajas (hasta 25°C).

VACUNAS: se recomienda la de fiebre amarilla y contra la malaria.

VISA: al ingresar al país se puede sacar la visa de 30 días (U$S 25), con posibilidad de extenderla una vez. También se puede sacar la visa turística, de 60 días, en cualquier embajada o consulado de Indonesia antes de viajar (cuesta U$S 50 y se puede extender hasta tres veces).

DINERO: Con respecto a cómo manejarse con el dinero, lo más cómodo es tener una reserva de efectivo en dólares y el resto con tarjeta de crédito o débito. Hay cajeros y bancos por todos lados, también abundan las casas de cambio, así que no es necesario cambiar todo el dinero de antemano. 

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