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Pipa, una hippie de los ’70

Tibau do Sul es un municipio con 15 kilómetros de costa atlántica y 12 playas, entre ellas, la famosa Pipa, señalada como uno de los 10 lugares paradisíacos de Brasil.

Por Redacción LAVOZ.

Tibau do Sul es un municipio con 15 kilómetros de costa atlántica y 12 playas, entre ellas, la famosa Pipa, señalada como uno de los 10 lugares paradisíacos de Brasil. Descubierta primero por los amantes del surf, fue reducto de hippies y surfistas en los ’70. Pronto, se convirtió en el lugar preferido por los extranjeros, muchos de los cuales se quedaron a vivir en el lugar, montaron posadas, bares y restaurantes y formaron familias con los nativos del lugar.

No es difícil encontrar celebridades y personas famosas caminando por su calle principal, la Bahía dos Golfinhos. Esta calle empedrada recorre unos mil metros de norte a sur y a ambos lados de ella se suceden tiendas de ropa y accesorios; posadas de altísimo nivel; restaurantes, y boliches para todos los gustos y bolsillos.

La noche de Pipa es por demás movida y divertida: la gente cruza de un bar a otro, se detiene para  conversar o simplemente permanece, para hacer tiempo hasta que comience alguna de las fiestas que no terminan nunca antes del amanecer.

La villa de Pipa es una de las más bonitas de Brasil. Es un lugar hippie y chic a la vez. Allí se alternan artesanos y primeras marcas internacionales; hay posadas sencillas, morada de surfistas, y otras muy sofisticadas, como la Toca da Coruja; también pequeños lugares, como el Ponto da Cocada da Help, o sofisticados restaurantes con renombre internacional.

Pero el atractivo mayor son las playas, que se extienden desde la laguna de Guarairas hasta Sibaúma. Justamente, en la unión de la laguna con el mar hay una crepería, ideal para presenciar las más increíbles puestas de sol. Permítase disfrutar de una crepe, mientras la música y el paisaje hacen volar sus pensamientos tras la estela de las barcas que navegan el canal.

Las playas de Pipa. Luego de la laguna, la primera playa es la de Giz, protegida por  los arrecifes que forman piletas naturales en marea baja. También existe un lugar llamado Ponta do Pirambú, en el que por una consumición mínima de 50 reales se puede pasar el día en un entorno verde, con piscina, restaurante y un lugar de relax con hamacas, ideales para una siesta reparadora.

Las playas de Pipa propiamente dichas comienzan en Ponta do Madeiro. Son largas cintas de arena a las que se accede por escaleras de casi 200 escalones, cavadas en los acantilados. Junto con la Praia do Curral (o Bahía dos Golfinhos) que está a continuación, forman una gran bahía con arenas blancas, coqueiros y barracas. Sin duda, es la mejor y la preferida por los turistas. Casi todos los días, los golfinhos (delfines) nadan entre los bañistas con mansedumbre y curiosidad.

Las playas del puerto y del centro también forman piscinas naturales. Allí se concentran los barcos pesqueros y la mayoría de las barracas para comer. La playa Dos Afogados, también conocida como la Praia do Amor, es bellísima pero sus aguas son muy movidas y peligrosas. Ideales para hacer surf, pero siempre cuidándose de las rocas y las fuertes corrientes.

Al final de la playa está la Pedra da Pipa, una roca con forma de pipa o tonel de vino, que da nombre al lugar. A continuación, y por más de seis kilómetros, hasta Sibaúma, se suceden gran cantidad de playas desiertas y piscinas naturales. Los vehículos sólo pueden circular por lo alto de los acantilados, porque las playas son áreas de desove de tortugas marinas.

Desde Pipa se hacen paseos en buggy hacia el sur, pasando por Sibauma, un antiguo pueblo de esclavos en el que había un famoso quilombo (refugio de los esclavos que huían de las plantaciones). Cruzan el río Catu, pasan por la playa de Cunhaú y el pueblo de Bahía Formosa, un hermoso lugar que atrae a surfistas y ecoturistas. Es un tranquilo pueblo de pescadores, playas vírgenes y un área de mata atlántica preservada: la Mata Estela, de dos mil hectáreas junto al mar.

Es ineludible llegar hasta la laguna de Araracuara, conocida como “laguna de coca cola”. Sus aguas tienen el color de esa gaseosa, debido a su contenido de hierro, yodo y el tinte que le dan los taninos de las plantas sumergidas. A pesar de lo impresionante de su color, las aguas son totalmente transparentes e invitan a una buena zambullida.

Comedores de camarones. Potiguar es la denominación que se le da a los nacidos en Río Grande do Norte y significa, en idioma tupí, “los que comen camarones”. Nada más cierto. La región es la mayor productora de camarones en cautiverio del país y es la base de la mayoría de las comidas del lugar. Pero en este reducto hippie - chic, la propuesta gastronómica transita, además, otros horizontes más amplios.

Todos los años en octubre, se desarrolla el Festival Gastronómico de Pipa. Durante una semana, en las playas, en las calles y en diversos lugares de la ciudad, se ofrece música, danza y otras manifestaciones culturales para acompañar las clases de gastronomía y concursos, con cheffs invitados provenientes de otras regiones de Brasil y también de Europa. Se presentan nuevas tendencias y técnicas de cocina y se aggiornan platos de la rica cocina regional.

Temas: #Playa #Brasil
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