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Perú impostergable: cuatro días tras la huella inca

Cusco, los pueblos del Valle Sagrado y Machu Picchu son número puesto en los destinos que hay visitar al menos una vez en la vida. Belleza geográfica, riqueza histórica y mágico misticismo.

Por Graciela Cutuli (Especial).

No hay postal, foto, video o imagen 3D que pueda dar una idea verdadera de lo que realmente se siente frente a Machu Picchu, ni insinuar siquiera la emoción que despierta la imagen de la montaña amaneciendo entre vahos de niebla, como recién salida de manos de los dioses. 

La famosísima ciudadela incaica que Hiram Bingham redescubrió para el mundo en 1911 es la meta de un auténtico viaje iniciático, un camino de ida que se completa con la visita a Cusco y los pueblos del Valle Sagrado. Disponer de una semana es lo ideal, pero cuando el tiempo es tirano y hay que ajustarse a lo mínimo, una buena planificación hará rendir cuatro días de viaje, para conocer al menos lo esencial. 

DATOS ÚTILES. Información útil para visitar Cusco.

Alma inca

El punto de partida es Cusco porque aquí llegan los vuelos desde Lima (o directos desde otras ciudades de Perú y la región). El impacto es inmediato y no sólo por la altura: es que, a pesar del creciente turismo, la antigua capital del Tahuantinsuyu (o “imperio inca”, en quechua) conserva su autenticidad. 

Basta alejarse de la Plaza de Armas -donde se oyen todas las lenguas del mundo- para recuperar el eco de los pasos sobre la piedra y la monumentalidad de los templos convertidos en monasterios, que son el testimonio tangible de la historia local. Para visitar los principales lugares -entre ellos el Qoricancha, templo central de la adoración al sol- se compra en la plaza un boleto turístico que da acceso a las iglesias, la cercana fortaleza de Sacsayhuamán (un imperdible por la vista  de la ciudad desde lo alto, accesible en taxi) y otros sitios cercanos. 

Cusco, además de “ombligo” del imperio incaico, es el moderno punto de partida para descubrir el Valle Sagrado. Hay un gran abanico de excursiones, pero también es posible tomar los minibuses que salen de la terminal de la calle Puputi y llevan hasta las diversas ciudades del valle, como Pisac, Urubamba u Ollantaytambo. 

Una vez más, todo depende del tiempo disponible. Pero no habría que perderse el mercado artesanal de Pisac y sus ruinas incas, con sus sitios ceremoniales, acueductos y andenes en la montaña; las delicias de la gastronomía andina que se ofrecen en Urubamba (prepárese para el mejor maíz y las mejores variedades de papas que se puedan probar); y el majestuoso Ollantaytambo, que no solo conserva restos del esplendor inca en las construcciones sino que permite también asomarse al pulso cotidiano de los lugareños. 

Finalmente, Chinchero tiene un amplio parque arqueológico y una iglesia -Nuestra Señora de Montserrat- que se levantó en el siglo XVI sobre el viejo palacio del emperador Tupác Yupanqui.

Machu Picchu

Si bien se puede volver a Cusco, y hacer desde allí el recorrido a Machu Picchu, conviene dormir en Ollantaytambo para tomar el tren que atraviesa el Valle Sagrado y lleva hasta el poblado de Aguas Calientes, al pie de la montaña donde se encuentra la ciudadela sagrada. 

El tramo en tren es uno de los atractivos del viaje, gracias a los grandes ventanales que permiten divisar el paisaje a orillas del río Urubamba. Lo mejor es salir bien temprano por la mañana, y una vez en el pueblo tomar los buses que realizan el ascenso por la caracolada carretera Hiram Bingham hasta el acceso a las ruinas. 

La visión es inolvidable y lo mismo la visita, que conviene hacer acompañado de un guía para comprender e interpretar el paisaje circundante. Muros de viejas casas, el perímetro de un templo, rocas encastradas a la perfección, terrazas de cultivo… no hay un solo detalle que no haga más imponente al conjunto. Machu Picchu, el destino imperdible de este viaje, gana en majestuosidad cuanto más pasa el tiempo y agiganta la huella sagrada del imperio incaico.

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