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Cuaderno de viaje

Pekín (Beijing), un mundo aparte

La ciudad capital el país más poblado del mundo es un constante desafío. 

Por Flavia Soltys (Especial).

Llegar a Pekín (para los occidentales), Beijing (para los chinos) de noche es interesante. Interesante porque desde el aire parece que fueran 100 ciudades una al lado de la otra. Las luces no se acaban nunca en el horizonte y el color rojo sobresale del común, ya que todos los carteles que te imagines son de ese color. ¿Será imposición de su régimen comunista o solo por buena suerte?

La ciudad capital del país más poblado del mundo es un constante desafío. Tenés que aprender a convivir, desde el mismísimo momento en que aterrizas en ella, con todos los sonidos que un chino pueda realizar (si, esos que se imaginan), con gente que no entiende otro idioma más que el suyo y con olores tan penetrantes que en algún momento te quitan el hambre.

Una vez sorteados esos obstáculos hay que abrirse a la experiencia. Beijing es una ciudad para no aburrirse. El Palacio de Verano con ese lago de ensueño, la Plaza de Tiananmen tan inmensa y tan histórica, la Ciudad Prohibida y el inevitable recuerdo de la película El Último Emperador y los Hutongs donde la gente se pasea en pijama y hace luchas de grillos son algunas de las opciones que ofrece. 

Eso sí, es indispensable, a mi entender, contar con alguien que te guie. La barrera del idioma es imposible de traspasar. Taxi se dice así en todo el mundo, en China no. Pizza se dice así en casi todo el mundo, en China no. Como esos hay muchos ejemplos más de cómo debes exprimir al máximo tu imaginación para hacerte entender con lo más básico. 

Pekín es una ciudad para no aburrirse. (Flavia Soltys)

El tráfico es un caos, son millones de automóviles, bicicletas y motos eléctricas que van y vienen sin cesar y donde el peatón es el eslabón más débil de la cadena.

No exageran cuando dicen que tienen el aire más contaminado del mundo. Estuve tres días con una tos constante, la garganta seca y los ojos llorosos. Supongo que ellos se acostumbraron a vivir así y ya no los afecta de la misma forma que a mí, que solo estoy de paso.

La gente es un capítulo aparte. Se visten de acuerdo a su estado de ánimo, sin importarle el qué dirán. A los chicos les cortan el pelo sentados en la vereda y hacen karaoke en las esquinas. Son curiosos, gritones, pero por sobre todas las cosas siempre están dispuestos a ayudarte aunque no te entiendan absolutamente nada. 

Beijing es una ciudad para recorrerla con todos los sentidos. Es una ciudad que te apabulla. Es la ciudad de los palacios sagrados y las murallas milenarias. Es una ciudad de contrastes entre lo antiguo y lo moderno. Es una ciudad que, sin dudas, vale la pena conocer. 

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