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Ciudades

Marrakech, una ciudad que encandila

Conocer Marrakech es una aventura que atraviesa todos los sentidos. Con sus intensos mercados, animadas plazas e imponentes edificios religiosos, la ciudad marroquí envuelve al viajero desde que pone un pie en ella.

Por Andrea Molina (Especial).

Los muros dividen esta antigua capital del imperio islámico en dos partes: hacia adentro se encuentra la ciudad vieja, conocida como la medina, y hacia afuera se despliega la Ville Nouvelle o ciudad nueva, que comenzó a edificarse en épocas de la colonia francesa y continúa en expansión. 

La medina es un laberinto de callecitas, casas, palacetes, mercados, mezquitas y antiguos monumentos. Un recorrido pintoresco y bullicioso, atestado de gatos y motos. Hay que tener en cuenta que, en el mundo árabe, un muro que pasa desapercibido puede esconder un verdadero paraíso, debido a que son muy reservados con su intimidad.

En medio de este laberinto, el agitado corazón de Marrakech late en la plaza Jamaa el Fna, punto neurálgico que va mutando a medida que transcurre la jornada. De día, vendedores ambulantes de todo tipo conviven con dentistas y mujeres que realizan tatuajes de henna. Además de estos curiosos personajes, los coloridos puestos de especias e infusiones suman atractivos al lugar. A medida que cae la noche, la plaza se llena de ritmo y se activan los sabores y aromas, ya que abren diversos puestos de comida tradicional y los espectáculos de malabaristas, músicos y encantadores de serpientes copan la plaza.

Hacia el norte de esta explanada comienza el famoso mercado o zoco de la ciudad, repleto de artesanías, especias, ropa y productos típicos. Una maraña de puestos para olvidarse del tiempo y perderse dentro. Está dividido por secciones según los productos que ofrece y también se ubican allí algunos talleres de artesanos.

Otro gran símbolo de este destino es la mezquita Koutoubia. Construida en el siglo XII, es el edificio más alto de Marrakech, por lo que su silueta se reconoce desde distintos puntos de la ciudad. El acceso está prohibido a los no musulmanes, pero seguramente el viajero escuchará al muecín llamando a los fieles a la oración varias veces al día.

DATOS. Información útil para visitar Marrakech.

Palacios y tumbas

Un punto interesante para visitar son las ruinas de majestuosos palacios. Es el caso de Badi, que fue edificado en el siglo XVI y estaba formado por más de 300 habitaciones. Si bien ya nada queda del oro, mármol y piedras importadas que lo decoraban, se puede imaginar la grandeza de su pasado a través de los restos de mosaicos y columnas esculpidas, hoy habitados por cigüeñas y cubiertos de naranjos. Sus altos muros funcionan como un buen mirador a la ciudad. Otro edificio destacado (y mejor conservado) es el Palacio de la Bahía, que tiene hermosos jardines y fuentes, y unos decorados internos exquisitos.

Dentro de la medina quedan dos imperdibles más. Uno de ellos son las Tumbas Saadíes, que se descubrieron hace sólo cien años. Albergan los restos de los sultanes, guerreros y sirvientes de la dinastía Saadí y su ornamentación de mosaicos es impresionante. El otro, ideal para conocer el arte y arquitectura marroquí, es la madraza Ben Youssef. Esta estructura se realizó para dar servicio a los estudiantes de la mezquita homónima, y posee un imponente patio, habitaciones y una sala de oraciones.

Ya fuera de la medina se extiende la parte más moderna y occidentalizada de Marrakech, la Ville Nouvelle. Su núcleo principal es el barrio de Guéliz, muy animado durante todo el día. En este sector están instalados los grandes hoteles y restaurantes internacionales, así como tiendas de todo tipo. 

Sin dudas, esta ciudad no deja indiferente a ningún viajero. Sus colores, aromas y contrastes trasladan hacia un mundo encantado y distinto que vale la pena descubrir.

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