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Manjares de la tierra menorquina

Los platos típicos menorquinos, ni son numerosos ni abusan de modernidad.

Por Redacción LAVOZ.

Los platos típicos menorquinos, ni son numerosos ni abusan de modernidad. Más allá de algunos ejemplos del esnobismo gastronómico que a menudo se confunde con evolución, la mesa insular resalta lo que da su huerta, su granja y su litoral, más el aporte de productos foráneos, justo en el límite de lo necesario.

Así surgen unas mezclas que cautivan al visitante, como las berenjenas rellenas de gambas (camarones); cebollas rellenas de carne; champiñones rellenos de sobrasada (embutido de cerdo), y ensaladas donde la lechuga, el tomate, las alcaparras y la cebolla, saben y huelen a tales, una experiencia que tiende a desaparecer en las grandes ciudades.

Y como estrella destacada, la langosta, preparada de formas muy variadas en decenas de restaurantes de la costa y del interior.

Cocinada como caldereta, este crustáceo regala su sabor inconfundible al arroz caldoso que lo acompaña, más potenciado si cabe, con un vino blanco seco de la tierra, como lo es el Ferrer de Monpalau, de Bodegas Menorquinas.

También destacan los quesos y embutidos nativos, especialmente la sobrasada, más fina y menos picante que la mallorquina, y el denominado queso de Mahón - Menorca, tierno y compacto.

En los postres se nota la influencia árabe, por el uso de frutos secos como en los denominados “amargos” (elaborados con almendras) y los carquinyols (almendra y huevo).

Entre el viento y el mar. Cuando sopla la Tramontana, el aire se vuelve fresco y turbulento, el cielo se muestra azul intenso y el mar se encrespa. La leyenda otorga a este viento del norte la cualidad de influir en el carácter y templar los ánimos. Sus ráfagas parecen renovar el misterio de la atracción sobre aquellos que valoran o necesitan una pausa en sus vidas, una pausa de días o de toda una existencia.

Menorca, una pausa en el Mediterráneo abierta a la exploración, a la aventura y a la curiosidad. Una isla incompatible con la pereza y el sedentarismo. Con sus recursos naturales y arqueológicos, su gente, su gastronomía y un clima templado y benigno, Menorca cautiva al visitante e inspira a  poetas como José Luis Ortega y Monasterio, de quien reproducimos parte de su habanera Escucha al viento:

Mira al cel i escolta es vent /
que de Menorca t'arriba /
te dirà que tu ets la vida /
i des meu cor s'aliment... /
Mira al cel, i escolta es vent.

La verdad de la mayonesa

Mahón, capital de Menorca, es un antiguo puerto fundado por los cartagineses, donde se asentaron sucesivamente todas las culturas mediterráneas que pasaron por allí en los siglos posteriores y, cómo no, los ingleses.

El nombre de la ciudad remite fácilmente a una de las salsas más conocidas en el mundo entero, la mayonesa, y la relación no es casual. Numerosos documentos y testimonios dan cuenta de un hecho fortuito, protagonizado en la mitad del siglo XVIII por el cardenal Richelieu, quien había llegado a la isla, en esos momentos bajo dominación francesa. Una noche, tras un largo recorrido por la ciudad, el cardenal entró famélico en una fonda.

El mesonero se había quedado sin comida, pero para no fastidiar a tan alta autoridad, mezcló los pocos ingredientes que tenía, a saber: ajos, huevos y aceite. Pasado todo por el mortero y luego batido, la presentó como una sencilla “salsa de huevo” que inmediatamente cautivó a Richelieu, quien posteriormente la introdujo en Francia. Pero las papilas y las pituitarias francesas, ya se sabe, son más remilgadas que la lengua y el olfato ibéricos y el ajo desapareció de la mezcla. No así la raíz del nombre, que fue derivando a mayonnaise, moyennaise, mayonosa, hasta la actual mayonesa de nuestros días. Si no se quita el ajo, en España se le llama alioli y tiene un sabor más fuerte y contundente, irresistible como acompañamiento de pescados y arroces.

Contra lo que pueda parecer, los menorquinos no se preocupan especialmente en reivindicar la autoría de la mayonesa. Es como si hubieran donado su fama y sus derechos de autor a la humanidad, e incluso llama la atención su casi imperceptible presencia en la gastronomía propia. “Bueno, ahí está, salió de aquí, está bien... pero tampoco es para tanto”, sentencia Crispín en su restaurante, con la humildad y sencillez de los sabios de la calle.

Lo que hay que saber

Cómo llegar:
Por avión: Air Nostrum.- www.iberia.com
Desde Madrid: dos vuelos diarios, a las 10:40 y a las 20:30, con una hora y media de duración.
Desde Barcelona: siete vuelos diarios entre las 6:45 y las 22:35.
Por ferry: Balearia. Desde Barcelona, Denia y Valencia. www.balearia.com

Cuándo ir: para hacer cicloturismo o cualquier otro tipo de turismo activo, de marzo a junio y de septiembre a noviembre.

Donde alojarse
Apartamentos Maribel, en Cala Blanca, Ciudadela www.maribelmenorca.com

Alquiler de coches
Nuracar. www.nuracar.com

Rutas en mountain bike
www.cavallsdeferro.com

Alquiler de bicicletas
www.totvelo.com

Gastronomía: Restaurante Ca N'aguedet en Es Mercadal. En el interior de la isla, cocina menorquina www.bodegasmenorquinas.com
Restaurante Tritón, en el puerto antiguo de Ciudadela. Tradicional fonda de pescadores, es ahora uno de los sitios emblemáticos a cualquier hora. Carta de tapas muy amplia y buen servicio.

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