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Los castillos del Loira

A 200 kilómetros al sur de París se erige Tours, sobre la orilla del río Loira. La ciudad es núcleo del exitoso circuito turístico que recorre varios castillos ubicados a la vera del curso de agua, tramo que la Unesco en 2000 declaró Patrimonio de la Humanidad. 

Por Juan Carlos Lopresti*.

Tours es una ciudad cuya larga historia se nutrió con el paso de culturas que la conquistaron como visigodos y normandos y que hoy, la ostenta como blasones.

Tours, ubicada a 200 kilómetros al sur de París y fundada por los romanos, a mediados del siglo I después de Cristo, se erige sobre la orilla izquierda del río Loira. Con 136.500 habitantes es núcleo de un promocionado circuito turístico Castillos del Loira.

El recorrido avanza por verdaderas joyas arquitectónicas ubicadas a ambas márgenes del curso del río, tramo que fue declarado por la Unesco en 2000 como Patrimonio de la Humanidad.

Casco antiguo

En 1204 Tours fue recuperada para Francia por Felipe Augusto. Logró a lo largo del derrotero histórico un valioso patrimonio que se despliega en el perímetro urbano desde la muralla galorromana que abarcaba a la ciudad y avanza hacia la Catedral St. Gatien, construida entre los siglos XIII y XVI. Integran también esos baluartes la Torre de Guisa, el barrio de Chateauneuf y la Tumba de San Martín de Tours. 

Del mismo modo, la Torre de Carlomagno, la iglesia de Notre Dame La Richi del siglo XV y el gran Museo de Bellas Artes que alberga las reliquias de cuando Tours fue capital del reino por una disposición de Luis XI en 1461.

Al caminar las calles citadinas se tiene la impresión de estar en un pueblo chico, con mercados al aire libre y un Ayuntamiento abrazado por flores de la estación.

Tours tiene su propio castillo, aunque quizás sea el menos relevante de todos los que se encuentran en sus alrededores. Construido en el siglo XI por los condes de Blois, como un perfecto cuadrilátero con cuatro torres cilíndricas, hoy acoge a un centro de exposiciones de arte moderno y un museo de historia y arqueología.

Al lado, se encuentra la Catedral de Saint Gatien, que data de mediados del siglo XIII y como tardaron 200 años en construirlo, se observa la evolución del estilo gótico.

Conforme se avanza por el centro histórico de Tours, sobre la calle Colbert, se ven las viviendas, la mayoría con reminiscencias medievales. Construidas en madera y piedra, y pintadas en diversos colores.

En el centro, la popular plaza Plumereau, lugar de encuentro. Allí se agrupan tiendas de artesanías y regionales, bares y restaurantes junto al Jardín de San Pedro El Puellier, pequeño pulmón verde que compagina el ambiente medieval, que todavía se conserva, a pesar de los intensos bombardeos a los que fue sometida la ciudad entre 1940 y 1944.

Chenonceau

El castillo de Chenonceau, también llamado castillo de las Mujeres, por las historias de amores, celos e infidelidades que protagonizaron a los sucesivos propietarios, recibe sobre el cauce del río Cher. Es un imponente edificio que se levanta sobre los pilares de un viejo molino fortificado y data de 1430.

Ya a la distancia asombra la colosal construcción que se refleja en las aguas del río. Tiene inmensos y cuidados jardines, uno dedicado a Catalina de Medicis, esposa del rey Enrique II y otro a Diana de Poitiers, amante del monarca, 19 años más joven pero de gran influencia ya que logró hacerse de la propiedad al igual que de una renta fiscal.

En la recorrida por su interior se visita la capilla gótica ubicada en el ingreso al castillo, con estatuas de mármol de Carrara y a continuación la habitación que ocupó Diana, y la que perteneciera a Catalina, quien al morir el rey en 1659 despojó de todos los bienes a la querida a quien echó del castillo.

De ahí en más comenzó una nueva etapa en la decoración interior y una ajetreada vida social con cacerías, fiestas, banquetes y actividades culturales que dieron brillo al castillo.

Un puente levadizo conduce a la Sala de Guardia donde se exponen tapices del siglo XVI, y de inmediato aparece una gran galería, que cubre todo lo ancho del río Cher, en la que resaltan obras de Rubens, Mignard y Nattier, entre otros artistas. 

En el primer piso recibe la cámara real o de las cinco reinas, en alusión a quienes en distintos momentos ocuparon el máximo poder del país.

Durante la Primera Guerra Mundial el castillo fue hospital de campaña y en la segunda contienda, un importante centro de reunión de la resistencia.

En el presente abre al público con visitas guiadas y en globos aerostáticos desde los cuales se tiene una visión magnifica del castillo.

*Especial

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La Voz.