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Playas

Los Cabos, la joya “desconocida” de México

Un clima perfecto, la sofisticación como bandera y la exótica combinación de desierto y mar son las señas de identidad del destino mejicano que más se desarrolló en los últimos años.

Por Diego Tabachnik (Especial).

El desierto, un hipnótico mar turquesa y hoteles con un nivel de lujo y sofisticación que parecen más propios del cine que del mundo real. Esa es la primera postal que arroja Los Cabos, un destino poco familiar para los argentinos, pero que paradójicamente es el de mayor crecimiento de México en los últimos años.

Estamos en la península de Baja California Sur, precisamente en la punta de esa formación, donde confluyen el mar Pacífico y el Mar de Cortés o Golfo de California. Sobre las cálidas aguas de este último están las playas de Cabo San Lucas y San José del Cabo, las dos ciudades aún con “alma de pueblo” más importantes del municipio de Los Cabos. Parece muy lejos, pero el avión de Aeroméxico sólo demora dos horas desde Ciudad de México, es decir, prácticamente lo mismo que a cualquier destino de la Riviera Maya.  

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San Lucas y San José están separadas por un corredor turístico de 33 kilómetros donde se encuentran instalados hoteles impactantes, muchos campos de golf de clase mundial, y complejos residenciales que también son de película, casi literalmente.

“El lugar cobró fama por ser el backyard (patio trasero) de las estrellas de Hollywood”, comenta Gerardo Velas, director ejecutivo de una de las grandes cadenas hoteleras que se establecieron aquí en los últimos meses. De los 287 mil habitantes que hay en Los Cabos, unos 15 mil son extranjeros.

Cabo San Lucas está orientado a los cruceros, el turismo joven y la vida nocturna de las discotecas y clubs. Varios músicos y actores famosos de Estados Unidos tienen bares aquí, como Charlie Sheen; el excantante de Van Halen, Sammy Hagar; y los músicos de Kiss Paul Stanley y Gene Simmons. No en vano el lema con el que también se conoce a la ciudad es “lo que pasó en Cabo… nunca pasó”.

Desde el agua, mejor aún

Uno de los tours impostergables al pisar este lugar es un paseo en yate contemplando el atardecer. Saliendo desde la marina de Cabo San Lucas, el primer destino de la embarcación es El Arco, la impactante formación rocosa que se convirtió en la imagen icónica de la región. Allí están las idílicas Playa del Amor y Playa del Divorcio (la segunda, ya sobre el Pacífico). Durante las dos horas y media de navegación, son incontables las mantarrayas que saltan casi un metro sobre el agua, generando otro espectáculo inesperado. En junio es época de apareamiento, y los machos tratan de llamar la atención de las hembras. “No muy distinto a lo que hacemos los hombres”, dice el carismático guía sobre el barco, en una excursión con cena y bebidas libres (alcohol incluido) por unos 1.500 pesos.

La vida marina en la zona es abundante y colorida, algo que se puede comprobar en primera persona haciendo esnórquel en playa Chileno. Junto con playa Santa María, tiene la certificación internacional “blue flag” (bandera azul), es decir que cumplen con criterios como la calidad del agua y la gestión y el manejo ambiental. “Aquí puedes nadar entre peces como el trompeta, pez sapo, ángel, aguja, soldado y rayadillo”, enumera Mauri, un guía oriundo de Playas de Rosarito, a unos 1.700 kilómetros de aquí, pero que se instaló en Los Cabos porque hay mucho trabajo todo el año.

Una buena manera de llegar a playa Chileno es en kayak, tras una entretenida remada partiendo desde playa Santa María (la excursión completa de kayak y esnórquel cuesta alrededor de 1.200 pesos).

Sumergirse en estas aguas cálidas y trasparentes, entre corales y cientos de peces de colores, es como transportarse a otro mundo. La pesca en alta mar y el surf son otros de los atractivos principales de las playas de la zona.

Entre mediados de diciembre y hasta fines de abril, Los Cabos recibe a miles de ballenas grises provenientes del Ártico. En estas aguas, los cetáceos procrean y regresan al año siguiente a dar a luz, espectáculos que pueden ser vistos desde la costa y que generan interés a nivel mundial. Por algo Jacques Cousteau consideraba al Mar de Cortés como “el acuario del mundo”. El único periodo del año en el que suele disminuir el turismo es en septiembre, ya que es temporada de huracanes.

La otra cara

San José del Cabo, en cambio, es más familiar y tradicional. Aquí está, por ejemplo, el distrito de arte, donde galerías y bares conforman un circuito que llama a la buena vida. “Esto comenzó hace 15 años, con tres galerías de arte. Las calles por entonces eran de tierra y se alumbraban con velas, hasta que fueron llegando otros estudios de artistas y un restaurante tras otro. Ahora se ha vuelto rico: sales de una galería y te vas a echar la copa, y en la noche, las galerías cerramos a las 22 y la gente sigue en los bares hasta que el cuerpo aguante”, explica Patricia Mendoza, una simpática galerista que llegó hace nueve años al lugar y se convirtió en una impulsora de la zona. Pinturas de arte moderno e instalaciones conviven con artesanías huichol, producidas por los indígenas que pegan las chaquiras (cuentas) dándole color y vida a los objetos.

Un clima perfecto (temperatura promedio anual de 26 grados, poca humedad y entre 5 y 7 milímetros de lluvia al año), la sofisticación como bandera y la exótica combinación de desierto y mar son las señas de identidad de Los Cabos. Unas 16 cadenas internacionales de hoteles están en plena construcción de nuevas propiedades en estas playas. El hecho representa un desafío y una oportunidad: crecer como lo está haciendo sin perder el encanto y sus particularidades, evitando la “trampa” de la aglomeración de construcciones que le cambian la fisonomía al lugar. Aquí parecen haber aprendido la lección de antemano, y están espaciando los nuevos emprendimientos incluso hacia el norte de San José del Cabo. La magia de este destino parece estar en mantener su espíritu, y en ser una joya única que resalta entre todos los tesoros ya conocidos de México.

Welcome to the Hotel California

Otro de los paseos que vale la pena hacer en la región es ir a Todos Santos, un pequeño y pintoresco “pueblo mágico”, como se denomina en México a los lugares que aún respetan sus tradiciones, arquitectura y leyendas. A 40 kilómetros de Cabo San Lucas, bordeando la sierra de San Lázaro y ya sobre el océano Pacífico, se llega a este pueblito en el que, en 1724, los jesuitas establecieron una iglesia que adornaron con esculturas de santos, dándole el nombre al lugar.

Hotel California, en Todos los Santos inspiró la famosa canción de The Eagles

Uno de sus principales atractivos es el famoso Hotel California, en torno al cual gira el mito de que inspiró a la famosa canción de The Eagles de 1976. Todos Santos también es reconocido por ser un excelente destino para surfear en el Pacífico. El lugar también está creciendo en base a las nuevas tendencias, como la gastronomía orgánica que ofrece el exquisito restaurante Jazamango, ideal para coronar el paseo en un día. 

Cómo llegar

Con Aeroméxico, vuelos desde 15.170 pesos, saliendo desde Ezeiza y con una escala en Ciudad de México. Sitio oficial: visitloscabos

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