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Ciudades

Lisboa, un amor portugués

Dueña de una gastronomía y una música características, Lisboa recibe a los viajeros con el corazón abierto y latiendo.

Por Andrea Molina (Especial).

Lisboa se presenta enorme y misteriosa. Incluso los días de semana, un aire de domingo a la siesta reina en sus calles cubiertas de sol. A medida que uno se acerca al centro, el murmullo de autos y de gente crece y ya nota que está en el corazón de la ciudad, la Baixa Pombalina o parte baja. Una gran cantidad de comercios, bares y edificios emblemáticos -como el Teatro Nacional Doña María II, la plaza de Rossio y la esplendorosa estación de trenes- se levantan ante los ojos del viajero. 

En los alrededores, algunas calles homenajean con sus nombres a los trabajos que antiguamente se realizaban allí, como la de la Plata y la de los Zapateros. Otro símbolo que caracteriza a la ciudad son los azulejos, testigos de la influencia tanto europea como árabe en la región y presentes en paredes, estatuas y hasta macetas.

Siguiendo por la calle Augusta se llega a la plaza del Comercio, construida sobre las ruinas del antiguo palacio real. Es un punto neurálgico para acceder a los barrios tradicionales y, además, desemboca en el bello Río Tajo, un lugar ideal para disfrutar de la majestuosidad y serenidad de Lisboa. Se puede ver caer la tarde desde sus escalinatas, o acceder al mirador del Arco de la calle Augusta si se prefiere la panorámica.

En este barrio se ubica también el ascensor de Santa Justa, una de las mejores opciones para subir a Barrio Alto y disfrutar de otra estupenda vista. Esta zona, una de las más inquietas y vanguardistas de la capital, ofrece una gran diversidad de propuestas si se busca un lugar para tomar algo o salir a bailar. Uno de los sitios más emblemáticos tanto por su historia como por su arquitectura es la confitería A Brasileira, que solía frecuentar el escritor Fernando Pessoa y que hoy lo recuerda con una estatua en su magnífica terraza.

Quienes se inclinen por una alternativa más bohemia deberán dirigirse al vecino barrio de Chiado. Allí se toparán con cafés, librerías, teatros y museos para visitar, como el Museo Nacional de Arte Contemporáneo. Este sector es especial para conocer el trabajo de diseñadores y productores independientes, y adquirir un souvenir portugués bien original para traer a casa.

DATOS. Información útil de Lisboa.

Como el ave fénix

El barrio de Alfama es otra parada obligada en el recorrido, porque alberga al Museo del Fado (la música popular lisboeta) y porque fue el único que quedó en pie tras el terremoto que asoló a Lisboa en 1755. Esto explica su valor histórico y cultural, pero también da cuenta de su trazado laberíntico, diferente del resto de la ciudad.

La catástrofe fue muy significativa para Portugal y para toda Europa, no sólo por sus consecuencias materiales sino también porque se produjo durante el Día de todos los Santos, un festivo nacional. En un país tan católico como Portugal, la mayor parte de la población se encontraba en las iglesias, que se derrumbaron al momento del terremoto. Pero Alfama, conocido como un barrio de prostitutas, pescadores y marines, resistió. Un fuerte cambio en la ideología y en las creencias tuvo lugar luego de ese episodio, y la ciudad se rehízo en todos los sentidos.

Como se dice entre sus calles, Lisboa se ofrece como una antigua señora: coqueta y hermosa, pero que deja ver sus arrugas y expresa un profundo sentir de la vida y el tiempo.

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