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La ciudad natal de Mozart

“Toda la belleza que he visto en otros lugares, me parece poca en comparación con la hermosura celestial de la naturaleza de Salzburgo”. La frase, dicha por Wolfgang Amadeus Mozart, suena a música.

Por Juan Carlos Lopresti (Especial).

S in dudas, Salzburgo es una de las ciudades más bonitas de Europa. Su nombre obedece a la sal que extraían los celtas de las galerías de una mina, a 300 metros de profundidad, pero la ciudad austríaca es mundialmente conocida por ser donde nació el compositor y pianista Wolfgang Amadeus Mozart.

Con apenas 150 mil habitantes, Salzburgo ofrece al visitante más de 4.000 acontecimientos culturales anuales, que comienzan en enero con la Semana de Mozart, su hijo dilecto, cuyas obras pueden ser escuchadas en numerosos teatros y restaurantes.

Uno de ellos es el Mozart Dinner Concert, ubicado en el Stiftskeller St.Peter, fundado en el 803 y donde estuvo, entre otros, el emperador Carlomagno.

Una cena de tres platos típicos, acompañados por excelentes interpretaciones de cinco jóvenes músicos –tres violines, un violoncelo y un bajo– y dos cantantes de primer nivel, fue servida en mesas iluminadas con candelabros y velas, a un costo de 51 euros por persona sin incluir la bebida.

Danza de números. Casi siete millones de turistas visitaron Salzburgo y sus alrededores en 2009 y dejaron ingresos por más de 360 millones de euros, equivalentes a un 25 por ciento del producto bruto regional.

La recorrida nocturna finalizó comiendo un exquisito postre apfelstrudel frente al río Salzach, cuyos puentes iluminados se reflejan en las aguas.

Con un un 85 por ciento de población católica, la ciudad tiene 20 iglesias. La Catedral, de estilo barroco italiano temprano, tiene en la fachada las fechas de construcción, reconstrucción tras un incendio y posterior remodelación: 774, 1628 y 1959.

Un grupo de esculturas recuerdan a San Ruperto, San Pedro, San Pablo y al obispo Virgilio, quien inició la obra en el 774. El interior es enorme, con capacidad para 10 mil personas que los domingos se colma para la misa de las 10. Cinco órganos ofrecen melodías de manera independiente.

En ese templo se interpretó por primera vez, el 24 de diciembre de 1818, el conocido villancico Noche de paz, noche de amor, obra del compositor Franz Xaver Gruber, con textos de Josef Mohr.

En los jardines y el Palacio Mirabel, donde actualmente funcionan oficinas municipales, entre numerosas flores, se realizan conciertos al aire libre al igual que en el pequeño teatro del siglo XVIII, también descubierto.

En Getreidegasse, la principal arteria del barrio, a la altura del 9, está la casa natal de Mozart quien nació el 27 de enero de 1756. De color amarillo y con los timbres originales, en el tercer piso de esa vivienda habitaron los padres y siete hijos. Ahora, acoge un museo en el que se muestran objetos de la vida del músico. Esta calle es, además, el corazón comercial de la ciudad, con numerosas tiendas con portales decorados y letreros históricos.

La otra casa de Mozart está ubicada a la altura del 8 de la Plaza de Makart, donde permaneció entre 1773 y 1780. También es un museo donde se exhiben documentos de la historia de la casa y de su vida familiar.

Más adelante está el lugar donde funciona el mercado semanal, con frutas, verduras, quesos, embutidos, bebidas típicas, pescados y regalos. Su presencia aporta una nota de frescura en un ambiente pequeño y acogedor.

La caminata sigue por pequeñas calles hasta llegar a la Abadía Benedictina, desde cuyo patio principal se ve la fortaleza, la iglesia San Pedro y la torre de la Catedral. En la fachada, una estatua de San Ruperto recuerda al fundador de la ciudad.

A pocos pasos, en una colina,  el cementerio San Pedro se presenta como un jardín, lleno de plantas y flores. Al atravesar el camposanto, se llega a la base del funicular, con capacidad para 48 personas, que conduce hasta el monte Monchsber, donde está la Fortaleza de Hohensalzburg, del siglo XI. Consta de 30 mil metros cuadrados en la que 400 personas habrían vivido durante seis años sin salir, gracias a la provisión de cereales, animales y agua de las tres cisternas del interior.

La fortaleza nunca pudo ser tomada, durante los numerosos ataques que sufrió en distintas épocas. Sin embargo, para preservarla, fue entregada sin combatir en dos oportunidades: en el siglo 19 a Napoleón y en 1938 a las tropas de Hitler.

Actualmente viven allí unas 30 personas, dedicadas principalmente a su mantenimiento y muchas de sus instalaciones se convirtieron en museos, como el de las Marionetas de Madera, en la antigua bodega.

Desde allí, la vista de la ciudad y de sus alrededores es fantástica e incluso, mirando hacia el otro lado, donde todo es verde, se puede ver una pequeña casa a la que se conoce como “La casa del verdugo”. Dice una leyenda que allí vivía un monje vigilador de los alrededores de la fortaleza.

Salzburgo fue, en la época romana, un importante centro administrativo y punto de confluencia de rutas militares y comerciales y, desde el siglo 19, fue gobernada por príncipes arzobispos que conformaban el segundo estado pontificio.

Plazas. De nuevo en la zona baja, se pasa por la Plaza Mayor, flanqueada por dos edificios del 1120 en la llamada Plaza de las Residencias. Uno de ellos estuvo destinado a los príncipes gobernantes y el otro a parientes y amigos. En el centro, la Fuente de la Residencia, la mayor fuente barroca al norte de los Alpes.

Al igual que en Viena, en Salzburgo son muy comunes los paseos en carruajes. Con un costo de 36 euros, muestran la ciudad en 25 minutos, con partida desde la Plaza de Mozart, de 1842, en cuyo centro una estatua de bronce  rinde homenaje al gran compositor. Frente a ella una pista de patinaje sobre hielo convoca cada invierno.


Tradición cervecera. Para hacer una pausa en el camino el Bar Mozart, donde se puede tomar una cervezas Stiegl, cuyo origen se remonta a 1492 y es elaborada en el barrio  Maxglan. De gran tradición cervecera, la ciudad tiene 10 destilerías de cerveza, todas beneficiadas por la excelente calidad del agua proveniente del cercano Monte Untersberg, a la que se le atribuyen beneficios curativos.

La importancia de la cerveza se refleja en las numerosas fiestas que integran el calendario anual, como el Izado del árbol de Mayo que es la más convocante, y la ruta gastronómica Vía Culinaria, ruta para catadores de cerveza y productores de orujo.

En Salzburgo hay dos universidades, la París Lodron University y la Mozarteum, a la que concurren miles de estudiantes de todo el mundo.
La ciudad cuenta con una  sala de congresos, inaugurada en 2001, de 15 mil metros cuadrados y tecnología de última generación.

La arquitectura antigua contrasta con algunos edificios muy modernos, como el Hangar 7 Museo de Cristal, del dueño de Red Bull, donde el flamante campeón mundial de F1 Sebastián Vettel festejó su última victoria.


El filme La novicia rebelde (ganó cinco Oscar) se rodó en 1965, dirigida por Robert Wise y protagonizada por Julie Andrews. Las escenas exteriores se filmaron en Salzburgo.

La Oficina de Turismo de Salzburgo creó un circuito turístico por varios de los lugares donde la protagonista de la película, basada en la historia real de la familia Trapp, hizo sus principales tomas.

El tour dura cuatro horas, cuesta 31 euros y recorre el Palacio y los Jardines de Maribel, donde María (Julie Andrews) y sus chicos cantaban Do-re-mi;  la terraza del café Winkler en Monchsberg; la Plaza de la Residencia; el convento Nonnberg, y la escuela de equitación de verano en la que el barón Von Trapp cantó Edelweiss.

El viaje continúa en las afueras de Salzburgo, en St. Gilgen,  donde nació la madre de Mozart, y en Mondsee, pequeño y tranquilo pueblo donde se disfruta de un descanso en el café Konditori. Allí, dos cafés con leche, una apfelstrudel con helado de vainilla y un sandwich, costaron 14,80 euros.

Salzburgo tiene vigente la Salzburg Card, tarjeta que permite usar gratis todos los servicios públicos de transporte, además de beneficiar con importantes descuentos en museos y ciclos culturales. La tarjeta cuesta 38 euros y tiene una validez de 72 horas.

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