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En familia

La Ciudad de la Ciencia y de la Industria, París ATP (Apto para Todo Público)

A los emblemas parisinos que la mayoría de los turistas visita, la capital francesa suma numerosas atracciones para toda la familia. La Ciudad de la Ciencia y de la Industria es un lugar único que merece ser recorrido.

Por Mariano Bergero.

Además de los clásicas y consagradas atracciones que ofrece la Ciudad Luz -la torre Eiffel, el museo del Louvre, la catedral de Notre Dame y el imponente río Sena, sólo por nombrar a los principales-, la capital gala tiene un menú de opciones orientado a la familia. Y en ese combo se destaca la Ciudad de la Ciencia y de la Industria (La Cité des Sciences et de I’industrie). Se trata de un espacio integral de esparcimiento para grandes y chicos.

Los franceses lo definen como un museo tecnológico. La locación está situada al noreste de París y su acceso desde el centro es sencillo: subte, colectivo o tranvía son las alternativas más económicas si se quiere evitar el taxi.

Desde afuera, el lugar impacta por sus dimensiones. Su fachada vidriada de 250 metros es una clara señal de que adentro hay un mundo por descubrir. En sus orígenes, el sitio albergó a uno de los principales mercados de carne de París, pero fue reformulado en 1986 por el arquitecto francés Adrien Fainsilber y desde hace exactamente 30 años funciona como un centro de atracciones en el que se conjuga la ciencia, el entretenimiento y la innovación. Lo inauguró el presidente François Mitterrand y su mantenimiento depende del Estado.

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La sensación al ingresar -tras pasar por los controles del personal de seguridad sobre bolsos y mochilas-, es la de estar dentro de una megafábrica. El plan requiere de previsión horaria. Son tantas las opciones de actividades que, como mínimo, hay que pensar en una estadía en el lugar de entre tres y cinco horas.

Si la visita está orientada a los más pequeños, la Ciudad de los Niños es “el” lugar.

Dentro del edificio, hay dos sectores (uno para niños de dos a siete años y otro de cinco a 12 años) especialmente ideados para que los chicos interactúen y experimenten sobre ciencia, tecnología, física y química. El lugar, que es visitado cada año por más de 2,5 millones de personas, cuenta con todos los servicios necesarios: hay bares, restaurantes y sitios de espera para que los padres aguarden a sus hijos mientras realizan actividades guiados por personal capacitado.

Pero la Ciudad de la Ciencia no es sólo para los más bajitos de la familia. Otro de los atractivos principales es la géode (la "geoda"), una impresionante y gigantesca esfera metálica y brillante en cuyo interior se pueden ver películas en la más alta calidad de imagen.

Otra opción es darse una vuelta por el “argonauta”, un espacio en donde se puede recorrer un submarino real de la Marina francesa. El lugar es un imán de curiosidad tanto para los más chicos como para los adultos. También el complejo cuenta con un planetario y con la sección “Explora”, epicentro de exposiciones temporales y permanentes en el que se divulgan temas científicos de diferente índole. En los últimos meses, la vida de Charles Darwin, el padre de la teoría de la evolución, captó toda la atención con una apuesta interactiva y de vanguardia.

El imponente edificio está dominado en su interior por un espacio vacío que sirve para la exposición de objetos de todo tipo. Por estos días, la principal atracción cuelga del techo. Se trata del prototipo del avión solar que en 2014 dio la vuelta al mundo. También asombra la presencia de un helicóptero de rescate de la Policía francesa. Y, como si fuera poco, muy cerca de allí un rectángulo de redes avisa que se realizará un ¡duelo de drones!

“Nuestra ambición es la de presentar la ciencia en todas sus dimensiones, desde su aspecto técnico hasta el que refiere a la sociedad. Queremos que la gente ame a la ciencia y que descubra lo interesante que es”, cuenta Bruno Maquart, presidente de la Cité. Alto, de ojos saltones y con nariz que no pasa inadvertida, el directivo hace una síntesis del objetivo del espacio: “Somos una ciudad, un lugar en el que hemos desarrollado, con múltiples formatos, cómo abordar la ciencia, la industria, la innovación y la técnica”. Y cuenta que el museo acaba de firmar un convenio de cooperación con Tecnópolis, la megamuestra que funciona en Buenos Aires.

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