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¡A izar las velas!

Para Daniela Romera, aprender a navegar fue como un amor a primera vista. Después de visitar Angra (Brasil) y Bahamas, el afán de nuevas aventuras la llevó a recorrer las mejores islas de Grecia y Croacia tripulando un velero.

Por Lucía Argüello (Especial).

Daniela Romera tiene 50 años y es ingeniera civil. Desde siempre, su medio por excelencia fue el agua. En su adolescencia fue campeona de natación y, de grande, descubrió una particular forma de viajar a partir de unas clases de windsurf, en el lago San Roque, que terminaron en un curso de navegación.

“Siempre tuve una relación muy profunda con el agua. Me hace sentir otra persona, me transforma en todos los sentidos. Y ahora me enamoré de la navegación. Si paso un tiempo sin navegar, ya siento que me falta”, afirma Daniela.

En 2013, decidió dar el gran paso: alquiló un velero y salió a recorrer Angra (Brasil) con un grupo de amigas. Al poco tiempo, le siguieron las famosas islas Bahamas y, el año pasado, el mar Egeo y el Adriático. Hoy, mientras planea un nuevo viaje a Grecia y avizora una futura excursión a Tailandia, Daniela cuenta los pormenores de un estilo de viaje que combina algo de camping con otro poco de motorhome.

 

¿Cómo fue la preparación para tu último viaje?

Estuvimos un año organizando con cuatro amigas y un amigo. Básicamente, lo hicimos buscando información por Internet, leyendo blogs y viendo videos de Youtube. Fuimos calculando los tiempos y las distancias, planeamos las partes en tierra y nos armamos un itinerario personalizado en Google Maps con fotos y descripciones. Salimos de Atenas, estuvimos dos semanas navegando por el Egeo, viajamos en avión a Bari (Italia) y cruzamos en ferri a Croacia, donde alquilamos otro velero por una semana más.

Lo que más nos costó fue encontrar información de las marinas donde teníamos que parar. Cuando vos llegás a una isla te podés encontrar con un fondeadero, que es una bahía resguardada donde tirás el ancla o te agarrás de una boya, o una marina, que es un muelle con varios servicios según el nivel (baño, restaurante, súper, luz y agua para enchufar el velero, etc.). A veces, era difícil saber de antemano, justamente, qué servicios tenía y cuánto salía.

 

¿Qué tal es el tema de los costos?

En Grecia alquilamos un velero de 37 pies para seis personas, con tres camarotes, cocina, baño, living y comedor a 3.300 euros. Si le sumamos el motor del gomón (que se usa para acercarse a la costa), el Wifi y la nafta (el velero tiene motor, aunque te manejás fundamentalmente con el viento), gastamos aproximadamente 3.500 euros en total. 

En Croacia, fue algo similar: 1.600 euros el velero para seis por una semana, pero las marinas eran mucho más caras. En Grecia, costaba 10 ó 20 euros la noche, mientras que en Croacia nos cobraban 80 euros. En ese sentido, Grecia y Angra son destinos más baratos que Croacia y Bahamas. De todos modos, en este viaje encontramos de todo, hasta boyas gratis. 

En total, te sale más o menos lo mismo que parar en un hotel tres estrellas. Se puede economizar mucho cocinando en el velero y dividiendo gastos con los acompañantes. No es algo para ricos y famosos.

 

¿Cómo es la vida en el velero?

Es como ir de camping o viajar en una casa rodante. Dormís, comés y vivís ahí. Obviamente, el espacio es pequeño, hay que compartir durante varios días y hacer una vida más austera. Navegar implica viajar en equipo, eso es algo que hay que tener en cuenta a la hora de elegir acompañantes.

Nosotros navegábamos cuatro o cinco horas por día. Llegábamos, dejábamos el velero y salíamos a conocer la isla. Teníamos provisiones y cocinábamos, pero la verdad es que no era tan caro comer afuera. Generalmente, nos bañábamos en la marina para no gastar el agua del velero. Al otro día, nos íbamos a otra isla o nos quedábamos donde estábamos para conocer más.

 

¿Cuáles son los pros y los contras de esta forma de viajar?

Por ahí renegábamos para entrar y salir de los muelles, pero por suerte en el ámbito náutico hay mucha camaradería y todo el mundo nos ayudaba. Por lo demás, el velero tiene radio por cualquier emergencia y nunca navegamos de noche ni con mal tiempo, así que no tuvimos inconvenientes. La mayor contra es que dependés del clima: si llueve, si hay mucho viento o muy poco, si el mar está muy agitado. Estos son factores decisivos porque si bien el velero tiene motor, no es para hacer grandes distancias ni enfrentar una tormenta. Por suerte, nosotros viajamos entre junio y julio y nos tocaron lindos días.

A favor hay que decir que navegar es hermoso. Estar inmerso en esos paisajes increíbles, rodeado de un agua tan clara que se ve el fondo a 30 metros, y sentir el viento y el sol te provoca una sensación de libertad muy grande. Además, vos manejás tus tiempos. Elegís cuánto querés estar en cada lugar y a dónde querés ir. Te permite conocer grandes ciudades como lugares que son apenas un pueblo, lo cual sería muy caro y trabajoso yendo en ferri, por ejemplo. Realmente, resulta una experiencia increíble.

 

¿Qué fue lo que más te gustó de Grecia y Croacia?

Las islas griegas son todas hermosas, desde las más conocidas como Mykonos o Santorini hasta las menos visitadas como Hermúpolis, Paros y Antíparos. Por ahí no son tan “fashion” pero sí más auténticas. Estuvimos en una bahía en la isla de Kythnos donde había tres veleros y un barcito nomás. Comimos un pescado riquísimo en un restaurante atendido por la propia familia y hasta nos regalaron el postre.

Y Croacia me sorprendió muchísimo. Split y Dubrovnik son ciudades que te dejan con la boca abierta, con una arquitectura y un paisaje impresionantes. Conocimos desde islas top como Hvar, donde te cobraban 60 euros de multa si andabas en maya por la calle, hasta Vis, donde había una iglesia del siglo XVI directamente en la playa.Yo creo que hay que ir “salpicando” y conocer de todo.

 

¿Qué les recomendarías a quienes quieren hacer un viaje como el tuyo?

Al que le gusta aprender, que haga el curso y empiece a navegar. No se va a arrepentir porque realmente es fascinante. Y quien no, tiene la posibilidad de alquilar un velero con skipper (conductor). Viajar en velero resulta una experiencia que vale la pena, es cuestión de animarse nomás. 

 

Aprender a navegar

En el lago San Roque, varios clubes ofrecen cursos de navegación teórico-prácticos. Una opción más accesible es hacerlo a través de la Dirección de Deportes de la Universidad Nacional de Córdoba. La inscripción anual tiene un costo de 650 pesos para particulares, con una cuota mensual de 830 pesos. Para estudiantes y miembros de la UNC, la inscripción es de 550 pesos y la cuota, de 650 pesos. 

Para principiantes

Un buen lugar para empezar a navegar es Angra, un grupo de 365 islas al sur de Río de Janeiro (Brasil). Son reconocidas por sus bellas playas y su gran biodiversidad. Se trata de un lugar cercano, barato y de baja dificultad, ya que no hay mucho viento, las distancias son cortas y se puede recorrer, sin perder de vista la costa. El detalle: la disponibilidad de veleros es variable, por lo cual hay que reservar con tiempo.

Alquiler de velero

Existen páginas para rentar veleros en cualquier parte del mundo, como topsailingcharter.com y boatbureau.es. Para Grecia y Croacia, el precio no varía tanto según la anticipación de la reserva, pero sí según el modelo y tamaño del velero y la época del año (la temporada alta va de junio a agosto). La embarcación se alquila de sábado a sábado y se devuelve en el punto de partida. Al menos dos personas deben tener el carnet de patrón (título intermedio entre timonel y piloto) otorgado por Prefectura Naval Argentina.

Escondida en el Adriático

En una playa de Komiza (ciudad de la isla de Vis, Croacia) se levanta una iglesia con una curiosa leyenda. Construida en el siglo XVI, la capilla fue atacada y destruida por piratas españoles. En su retirada, una tormenta hundió el barco de los malhechores, llevándose piratas y tesoro al fondo del mar. Sólo sobrevivió un cuadro robado de la Virgen que las olas devolvieron a la playa, frente a la iglesia, que desde entonces se conoce como Gusarica (“la pirata”).

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