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Playas

Islas Cook, una belleza con forma de isla

Islas Cook es, sin vueltas, un paraíso en el corazón del Pacífico sur al que hay que viajar al menos una vez en la vida.

Por Marcelo López (Especial).

Puede resultar extraño pero cuando me pidieron que escriba esta nota, lo primero que recordé fue el despertador. Parece raro, seguro lo es, sin embargo todo tiene explicación, y es lo que sigue. Islas Cook es un archipiélago/país esparcido en el mítico Pacífico sur, a tres horas de Tahití y cuatro de Nueva Zelanda. Son islas, 15 para ser más precisos, volcánicas en su mayoría y atolones como definición. Esto es círculos formados por barreras coralinas que separan el mar abierto de la tierra, creando lagunas (exactamente como en Tahití o las Maldivas) con increíbles tonos turquesa y azul, brindando espacios para que la vida marina explote en variedad y color y para que nuestros ojos se deslumbren solo con verlas.

Descubrí las Islas Cook buscando un destino de playa para terminar un viaje por Australia y quedé obnubilado con las imágenes que fui encontrando. En menos de una hora, volamos desde Auckland a Rarotonga, la capital del país, la isla más desarrollada pero de apenas 32 km2, una pequeñísima ciudad y una sola ruta asfaltada que da la vuelta a la redondez casi perfecta de lo que es un antiguo volcán apagado.

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Rarotonga, como todas las demás islas y como ya expliqué, es un atolón. Según el lugar de la isla, la laguna es más grande o más chica, lo que significa que la barrera de coral está más cerca o más lejos de la costa. De todas formas, en cualquier sitio, la arena es finísima y blanca como pocas. Las palmeras pueblan todos los alrededores y los corales son protagonistas dándole color y una explosión de vida al paisaje.

Disfrutar de la laguna de Rarotonga es una actividad de día completo. (Marcelo López)

Adelantados

Llegamos a Rarotonga, o Raro como le dicen por acá, un día antes de haber salido de Nueva Zelanda. Sí, así como leyeron. Por esas cuestiones de los husos horarios, las Islas Cook están en el lugar donde cambia el día. Esto hace que si uno vuela desde NZ, por ejemplo, despegue el día 27 y llegue el 26 a destino. Por el contrario, cuando te vas de Raro, por ejemplo el día 15, llegás a NZ el día 17. El aeropuerto es muy pequeño, con una sola puerta de embarque y casi ningún espacio con techo y paredes, apenas un tejado para cubrirse del sol o de la lluvia según sea la ocasión.

La isla esta recorrida por una sola ruta asfaltada y por otra ruta que corre paralela a esta, de tierra, en un segundo anillo. Todo inmerso en un paisaje que no se decide entre selva y mar. La mejor zona para quedarse, a mi entender, es Titikaveka, al sur de la isla, aunque la mayoría de los hoteles están en la zona de Muri. Es más tranquilo, menos explotado turísticamente, y sus playas son más grandes y las opciones de alojamiento bien diferentes, desde hoteles de alto nivel a casas de alquiler.

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Muri beach concentra la mayoría de los hoteles de la isla, desde pequeños hasta resorts de lujo como el Muri Resort. No todos tienen salida directa a la playa. También es la más fotografiada y famosa por la presencia de pequeños islotes en los bordes de la barrera de coral que forman oasis de vegetación en medio del mar turquesa.

Los corales “tapizan” el fondo de la laguna. (Marcelo López)

La protagonista

En Raro todo gira alrededor del mar, aunque cada vez hay más actividades de aventura como expediciones en cuadriciclos y trekking que van ganando adeptos. Pero la propuesta del mar y su laguna es tan atrapante que se lleva toda la atención. Buceo y snorkel son sin lugar a dudas las vedettes del lugar, y es comprensible porque la vida marina es tan rica e intensa que se convierte en uno de los mejores lugares del mundo para practicar esa hermosa costumbre de sumergirse y descubrir. La transparencia del agua brinda visibilidades muy altas aún a profundidades importantes. Sin embargo, no hace falta sumergirse tanto para disfrutar del espectáculo increíble de su fauna. Estar parado al borde del mar, meterse hasta las rodillas, muchas veces es suficiente para deslumbrarse. De hecho, la laguna no es muy profunda y con la marea alta es difícil que supere el metro y medio de profundidad.

Un capítulo aparte se llevan los corales que crecen dentro de la laguna con tamaños muchas veces superiores a los tres o cuatro metros de ancho y el metro de alto, quedando (cuando baja la marea) expuestos en sus partes más altas. Esos mismos corales son refugio y motivo de vida de langostas, peces gatillo, sargentos mayor, peces loro, morenas y miles de moluscos.

La alta concentración de corales permite un ecosistema increíble. (Marcelo López)

La población de las islas es de origen Maori, lo que los hace genéticamente grandes y fuertes tanto a los hombres como a las mujeres. En contraste con esa presencia física que llama la atención e intimida, son profundamente afectuosos, amables y con una tradición cultural muy potente. Las propuestas gastronómicas están basadas en frutos de mar, algunas carnes de granja como pollo y cerdo y frutas y verduras orgánicas (un rasgo distintivo de la isla). Todo el resto es importado. En los supermercados, la mayor parte de los alimentos son congelados, además de que no hay una gran variedad.

El edén

Las Islas Cook son un verdadero paraíso, sin eufemismos ni comparaciones tiradas de los pelos. Nunca vas a sentirte en una aglomeración de gente, jamás vas a ver invadidos tus espacios, tampoco te encontrarás en medio de grandes grupos de gente en ningún lado. Es un lugar que invita a la contemplación de la naturaleza, al ritmo lento de su gente y su ciudad que apenas es un puerto, algunos comercios y un par de calles. Nadar en su laguna, disfrutar del sol desde la arena, llegar remando al borde turbulento y sonoro de la barrera que la separa del mar abierto son espectáculos que deberían ser obligatorios en la vida de cualquier persona. Eso me hace acordar que me quedó pendiente la explicación del recuerdo del despertador.

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La cuestión es bastante simple. Habíamos alquilado una casa en Titikaveka sobre la ruta (esa única ruta), que tenía un living comedor enorme con cuatro puertas ventanas que se abrían de par en par a un deck con pileta, bordeado de palmeras exuberantes y 10 pasos a la arena más blanca del mundo y al mar más exquisito que hayas visto. Resulta, entonces, que me obligué a poner el despertador a las 8 de la mañana todos los días para levantarme y en un éxtasis de placer abrir esas puertas, respirar el comienzo de un día increíble y proponerme exprimir ese paraíso hasta la última gota.

La maldición que no desaparece

La tierra en la que nada prospera. Una leyenda para creer o reventar. (Marcelo López)

Rarotonga es el hogar de la leyenda del “Sheraton maldito”. La historia es la siguiente: en tiempos de colonialismo, un granjero neozelandés se hizo de unas tierras que reclamaba para si una familia local. El conflicto escaló hasta que un día de principios del Siglo 20 el Maori fue a reclamar por su tierra al blanco y terminó con un tiro en el pecho. Rápidamente la familia del muerto llegó al lugar y uno de ellos lanzó una maldición que decía que “nada prosperaría en ese lugar hasta que fuera suyo nuevamente”.

El tiempo pasó, los cultivos empezaron a fracasar uno tras otro, hasta que la familia de colonos tuvo que abandonar el lugar en bancarrota, aunque la tierra no fue devuelta a la familia del muerto. Tiempo después, cuando la familia originaria seguía reclamando, se presentó un proyecto para construir un hotel Sheraton con campo de golf en ese lugar, financiado por los italianos. El día de la inauguración de la obra, la nieta del muerto asistió al lugar y, rompiendo la piedra fundacional, renovó la maldición. El resultado fue que la obra avanzó pero nunca fue terminada porque los italianos resultaron ser unos mafiosos que lavaban dinero. A partir de ahí se sucedieron varios proyectos para terminar el hotel que iba a ser el único 5 estrellas de la isla, pero por una u otra razón jamás sucedió. Hoy es una ruina que se puede recorrer por cinco dólares mientras uno de los descendientes del muerto te cuenta la historia. Eso sí, la tierra aun no volvió a la familia, así que “nada prosperará allí”.

Los atardeceres de Rarotonga están entre los mas famosos del mundo. (Marcelo López)

DATOS ÚTILES

CÓMO LLEGAR. A Rarotonga no hay demasiadas opciones. Con Air New Zealand, Jetstar o VirginAustralia, desde Auckland en NZ o Los Ángeles en USA. Otra es desde Papeete, Tahití. Un vuelo desde Los Ángeles ronda, ida y vuelta, los 1.100 dólares, y desde Auckland se pueden conseguir por 350 dólares.

DÓNDE ALOJARSE. Moana Sands Beachfront tiene un costo, por 7 noches, para dos personas de 1.100 dólares. En Titikaveka, Moana Sands Lagoon es un resort de mayor calidad. En la playa de Muri, la habitación doble por 7 noches esta en 1.500 dólares.

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