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Imperdibles

La inagotable Medellín: qué hacer en cuatro días en la ciudad "paisa"

La segunda ciudad más grande de Colombia se mueve a un ritmo frenético y posee una riquísima oferta turística. 

Por Andrea Molina (Especial).

Innovadora y sorprendente, Medellín ha sabido superar un pasado signado por la violencia y el crimen organizado y hoy invita a recorrerla en su magnífico sistema de transporte público de punta a punta. Una ciudad con muchísimo por descubrir y que nos abraza en forma permanente con su florida vegetación. Cuatro jornadas no alcanzan para todo, pero ofrecen un pantallazo inmejorable de un destino que ha ganado peso propio en los últimos años.

Día 1

El Parque de las Luces es una de esas atracciones que tiene orgullosos a los medellinenses. Es el punto de partida para comenzar el recorrido por el Paseo Peatonal Carabobo y adentrarse en un barullo urbano lleno de color. Un verdadero espectáculo que condensa en su trayecto una variedad bien llamativa de construcciones, locales y personas. Al final se desemboca en la bellísima Plaza Botero, un espacio lleno de árboles que invita a caminar y apreciar las 23 esculturas del reconocido artista local Fernando Botero.

En sus alrededores resalta el bello Palacio de Cultura y el Museo de Antioquia. Entrar en él es una excelente manera de acercarse a la ciudad y su historia a través del arte. Sus increíbles colecciones y el edificio que las alberga se vuelven de visita obligada. Aquí se encuentran también las obras más representativas del mencionado Botero, un verdadero referente de esta parte de Colombia.

Día 2

Luego de arrancar la mañana con un desayuno que incluye frutas, las infaltables arepas y el mejor café, es momento de continuar explorando Medellín. El primer destino será el pintoresco Pueblito Paisa. Si bien es bastante diferente a la ciudad, es muy interesante para conocer ya que se trata de una réplica de un pueblo antioqueño ubicado en el Cerro Nutibara. Si algo que sorprende de “la capital de la montaña” (uno de sus tantos apodos) son sus miradores.

La urbe de dos millones y medio de habitantes está atravesada al medio por un río y se extiende a los costados hacia las altas laderas del Valle de Aburrá. Es impresionante ver la dimensión que tiene desde ciertos puntos elevados tanto de día como de noche, cuando todo está iluminado. El Nutibara es uno de los siete “cerros tutelares” de Medellín (con vistas de 360°). En este lugar se encuentra también el hermoso Museo de Ciudad y una feria de comidas donde se pueden aprovechar sus bancos al aire libre para saborear un rico plato local a buen precio. Si se quiere disfrutar de la reconocida vegetación del lugar se puede hacer una visita al Jardín Botánico, que es gratuito y muy bello. En frente, se encuentra otra opción genial: el Parque Explora, un centro científico interactivo.

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Día 3

El tercer día la propuesta es conocer algunos imperdibles de los alrededores de Medellín. Para adentrarse un poco más en la cultura "paisa" -como se le llama a los habitantes de la región-, vale la pena realizar una excursión que se hace por el día hacia Guatapé. La primera parada es la Piedra del Peñol, una enorme roca de 200 metros que desafía al visitante a subir sus 742 escalones. El sacrificio vale la pena ya que las vistas desde arriba a la represa del embalse del Peñol dejan boquiabierto a cualquiera.

Para refrescarse, se puede optar por diferentes bebidas, pero nada como una cerveza michelada con mango: se sirve la cerveza sobre jugo de limón, hielo y mango en tiras, y se le agrega un toque de sal. Esta adaptación colombiana del famoso trago mexicano es ideal para hacerle frente al calor. Finalmente, se llega al pintoresco pueblo de Guatapé, reconocido por sus casas de colores tan llamativos y su famosa tradición de colocar zócalos en las fachadas. Estos hacen referencia a los oficios de sus habitantes, creencias o costumbres en general, y son elaborados artesanalmente.

Día 4

Después de empaparse con el paisaje, la cultura y la biodiversidad de Medellín, es momento de conocer la Comuna 13, San Javier. Este barrio emblemático, que hace no tanto tiempo sufrió en carne propia los estragos del narcotráfico y la actividad paramilitar, está ubicado en la zona occidental de la ciudad, directamente emplazado sobre los cerros. Luego de una importante inversión estatal, la comuna es la muestra viva del resurgir. Una prueba concreta de que se puede florecer con arte, amor y mucha dedicación gracias a la fuerza de sus habitantes y a las novedosas obras para la integración de la comunidad y acceso al barrio.

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La Comuna 13 es en sí mismo un movimiento cultural, con muchos emprendimientos creativos y de inclusión para la transformación social. Visitarla con un guía local es la clave. Para sentir su fuerza sólo hay que caminar, subir su escalera mecánica a cielo abierto y escuchar a su gente. Resulta difícil no enloquecerse con los grafitis y el arte urbano que hacen vibrar cada rincón del barrio con rap, poesía y baile freestyle como telón de fondo. Después de tocar los puntos más destacados de esta alucinante ciudad -que nunca se agota ni descansa-, sólo queda una cosa.

Para quedar con la panza llena y el corazón contento, la mejor manera de despedirse de Medellín es ir a cenar una típica “bandeja paisa”, el plato colorido y suculento que resume la idiosincrasia antioqueña.

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