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Playas

Ilha Grande, la “mais bonita” del mundo

Ilha Grande, la más extensa de la costa de Rio de Janeiro, cuenta con un centenar de playas casi inalteradas por el hombre. Entre ellas se destaca Lopes Mendes, una de las más atractivas del planeta.

Por Christian Quinteros (Especial).

Rio de Janeiro es un destino descollante. Un viaje a la cidade maravilhosa, con actividades variadas para vivir a pleno el ritmo de la urbe carioca, se puede combinar con otras opciones que aseguran una estadía más relajada. A pocos kilómetros existe una cantidad de islas paradisíacas donde se puede ir en busca del descanso absoluto, en medio de playas casi vírgenes que invitan a tirarse al sol y contemplar el mar que se convierte en un infinito horizonte azul turquesa.

Saliendo con rumbo oeste desde la ciudad del Cristo Redentor, hay que recorrer por ruta la región conocida como Costa Verde, el camino que conecta con la localidad de Angra dos Reis. En esta zona, hacia el Atlántico, se extiende una bahía con más un centenar de islas cuyo nombre corresponde a la mayor de todas ellas, Ilha Grande, a la que se llega por medio de alguna embarcación que sólo traslada personas, sin vehículos. 

A lo largo y ancho de sus 193 kilómetros se concentran ríos, lagunas, cascadas, bosques, montañas, y playas cuyos accesos se realizan por mar o recorriendo los diferentes senderos o trilhas que suben y bajan en medio de la mata atlántica. Es apenas una porción de lo que fue la franja verde que continuaba la selva amazónica y se extendía hasta el límite con Argentina y Paraguay. A diferencia de otros puntos donde fue desmontada para construir ciudades e industrias y explotar la agricultura y la minería, en Ilha Grande se la conservó y se la declaró reserva ecológica. 

DATOS. Información útil para disfrutar de Ilha Grande.

El corazón de la isla

En Villa Abraão se encuentra el muelle principal al llegan las embarcaciones con turistas. Es el corazón de Ilha Grande, y desde allí se inicia el recorrido a pie por callecitas de arena atravesando el área central donde se concentran locales comerciales, bares, puestos de artesanos y barras improvisadas que venden caipirinhas y tragos. En Ilha Grande no existen los hoteles de importantes cadenas ni de categoría superior; solamente hay hostels y posadas pintorescas con el encanto de un pueblo de mar.

Desde la playa de Abraão se puede llegar caminando, o alquilar lanchas pequeñas con capacidad de hasta cuatro personas por unos pocos reales (los llamados taxis boats), hasta las playas más cercanas, como Júlia, Bica, Crena y Abraãozhino. Se recomienda viajar en estas embarcaciones siempre y cuando el plan sea ir a alguna playa que mira hacia el continente, y evitar utilizarlas para las playas enfrentadas al mar abierto, que son las más atractivas y se localizan al sur de la isla, donde el Atlántico golpea con fuerza. Para eso, lo más seguro es contratar excursiones en lanchas más grandes con motores potentes, que resisten el oleaje.

Una de las más buscadas

Ilha Grande tiene el privilegio de contar con un centenar de playas, y entre ellas se encuentra una de las más bonitas de todo el litoral brasilero, catalogada por sitios y publicaciones de viajes como una de las más atractivas del mundo: Lopes Mendes. Se trata de una extensa playa de casi 3,5 kilómetros, un camino de arena blanca muy fina custodiado por un mar con tonalidades que van del azul celeste al turquesa profundo pasando por el verde esmeralda. Del otro lado, una vegetación frondosa entrega sombra sin mezquindad, con árboles de almendra que se extienden por la costa.

Para llegar hasta Lopes Mendes hay dos alternativas. Una es salir desde Abraão en una caminata de casi dos horas por un sendero con subidas y bajadas que introduce a los visitantes en medio de la selva. La otra consiste en llegar en barco hasta playa Pouso, y desde allí dirigirse a pie en un recorrido de 20 minutos.

Es una playa cien por ciento virgen, sin población, ideal para disfrutar todo el día llevando ciertas provisiones como agua y frutas. En temporada y fines de semana es posible encontrar algunos puestos para adquirir bebidas y alimentos, aunque, eso sí, a precios algo elevados

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