Buscar Buscar Enviar por email Enviar por email Menu Menu Red de sitios Red de sitios Reloj Reloj Reloj Reloj Twitter Twitter WhatsApp WhatsApp Facebook Facebook Pinterest Pinterest Instagram Instagram Instagram Instagram Tumblr Tumblr Google+ Google+ Reproducir video Reproducir video Pausa Pausa Ver Ver Expandir Expandir Video Video Imagen Imagen Lista Lista Compartir Compartir Enviar Enviar Anterior Anterior Anterior Anterior Siguiente Siguiente Siguiente Siguiente Cerrar Cerrar Cerrar Cerrar Voy de Viaje Voy de Viaje En Familia En Familia En Pareja En Pareja Con Amigos Con Amigos Solos Solos En Avión En Avión En Auto En Auto Tips de Viaje Tips de Viaje Gastronomía Gastronomía Exóticos Exóticos Ciudades Ciudades Playas Playas Teens Teens Cuaderno de Viaje Cuaderno de Viaje Bus Bus Crucero Crucero Aventura Aventura
Cuaderno de viaje

Grandes Museos: claves para que no te compliquen el día

Los grandes museos suelen tener también grandes colas y distintos precios. Aquí una serie de consejos de alguien que pasó por experiencias distintas.

Por Noelia Maldonado.

Los grandes museos del mundo –esos que conservan estoicos las memorias de la civilización occidental tal como la conocemos– esconden también el peor de los secretos: cómo complicar a un turista desprevenido.

Durante mis primeros viajes “gasoleros”, pagar una entrada a un sitio arqueológico o a un museo de la estirpe del Louvre, en París, no siempre era una posibilidad. Para hacerlo, había que sacrificar alguna otra actividad o alimentarse a comida rápida y barata por varios días.

El primer recurso al que un viajero apela en estas situaciones es averiguar con antelación cuándo es el día gratis. En el caso del Louvre, iba bien advertida. Sabía que el día sin pago era el último domingo del mes y que sería, seguramente, el de la cola más larga. ¿Más larga aún? La duda me atormentó durante los días anteriores, mientras pasaba por el frente.

Pese a todo, allá fui. La primera recomendación que seguí fue clave: no ingresar por la parte superior sino por el subsuelo, donde desemboca el subte (estación Palai-Royal Musée du Louvre). Cuando llegué, me encontré con una cola extensa; pero cuando entré y vi que la principal era mucho más larga, me sentí gratificada. No fue tanta la espera para ingresar y, aunque adentro el día gratis se hizo sentir, pude recorrerlo con un mapa en el que había marcado mis puntos de interés. Como perlita, le presté especial atención a una obra que nadie ve: la que se encuentra enfrentada a la famosa Gioconda. Si pueden, hagan la prueba de pararse frente a ese inmenso mural.

Algo parecido intenté en el Museo del Prado, en Madrid, pero el mal clima durante la espera y el escaso tiempo que me quedó para recorrerlo hicieron que la experiencia del pase gratis no fuera recomendable. Todavía recuerdo la emoción de estar viendo Las Meninas de Velázquez mientras un guardia me invitaba a abandonar la sala porque tenían que cerrar. El problema es que este museo abre sus puertas gratis de 18 a 20, y en dos horas es imposible recorrer ni siquiera un top five de obras célebres. Otra opción sería dividir la visita en varios días, ya que las horas gratis se dan de martes a sábados. Si alguien lo prueba, que después me cuente.

Las filas más largas

Espero no equivocarme, pero creo que las colas más largas son las de los museos italianos. Cuando pasar sin pagar no es una opción, se ponen en juego otras alternativas que hay que prever con antelación.

Hay varios métodos: elegir un paquete de viaje con todo incluido, comprar el tour por internet y dejarlo reservado (en ese caso, asegurarse de que incluya la posibilidad de evitar colas) o comprarlo directamente en el lugar a un guía que ofrezca este servicio.

La segunda opción fue la que elegí para conocer los Museos Vaticanos. Mientras seguíamos a una española devenida en romana que levantaba un palo con un pañuelo a lunares, podíamos ver una extensa cola formada por personas de todo el mundo que tenían una cosa en común: la mala cara por la espera. En esos segundos, uno está orgulloso de haber tomado la decisión correcta y siente, además, la necesidad de correr, abrazarlos y decirles: “Yo sé lo que sentís. Para la próxima, si podés, pagá un tour con guía y sin colas”.

Las diferencias se difuminan una vez adentro, donde todos están en la misma: largas filas para entrar en los distintos sitios y frases como: “Miren a la derecha, tal cosa; a la izquierda, tal otra. Avancen y por favor no se frenen”. Uno de los guardias se tomaba con tanto humor su trabajo que le dijo a nuestra guía: “Hoy el tráfico está complicado y viene en aumento”. La guía se rio y nos pidió que avanzáramos.

La gran demanda de museos genera también un “mercado paralelo” de reventa de entradas. Por ejemplo, para ingresar a la Galería de la Academia, en Florencia, la cola promedio es de dos horas, pero los guías ofrecen una de 15 minutos (que terminan siendo 40) con tal de que les compren las entradas a casi el doble del precio. De ese modo, un ticket de 12 euros pasa a costar 20, aunque lo pensás con tal de ver el David de Miguel Ángel.

En mi caso, abandoné la fila larga (la de la plebe) y me pasé a la más corta con algo de culpa por dejar atrás a unos viejitos que estaban convencidos de que no había que dar lugar a ese negocio. Por un momento pensé que el guía que vendía la entrada nos iba a acompañar en el recorrido. ¡Qué ingenua! Para eso había que poner otros 20 euros.

Sin cola y sin precio

Los que la tienen clara en el tema son los estadounidenses. Pese a que la demanda es sustancialmente menor que en Europa, en Nueva York uno puede ingresar a los museos bajo el régimen pay wath you want (pague lo que quiera), y yo agregaría: “y no haga fila”. Uno llega a la caja rápidamente con billetes o tarjeta en mano y puede poner desde un dólar hasta quién sabe cuánto.

El único que no entra en este régimen es el Museo de Arte Moderno (MoMA). Sin embargo, se puede ir los viernes y pasar gratis. Ahí sí que hay cola, pero uno puede tomarse con humor la espera viendo las vidrieras de la Sexta Avenida, aunque sepa que no va a comprar nada.

2016. Todos los derechos reservados.
La Voz.