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Playas

Fernando de Noronha, una isla santuario

Este rincón en el nordeste de Brasil es un Parque Nacional Marino que convoca a viajeros respetuosos del ambiente y amantes de la aventura.

Por Silvina Pini (Especial).

Desde el aire, la isla de Fernando de Noronha se ve como el paraíso prometido: una esmeralda verde y alargada rodeada de un abanico de azules y turquesas. De un lado tiene playas y, del otro, una costa de roca oscura y grandes peñascos que emergen del mar como crestas de lava congeladas. Está ubicada a 545 kilómetros de Recife, en el nordeste de Brasil, y es la principal de un archipiélago de 21 islas volcánicas.

Descubierto por Américo Vespucio en 1503, este territorio de 17 kilómetros de largo y 7 en su parte más ancha fue un presidio durante más de dos siglos y una base militar norteamericana durante la Segunda Guerra Mundial, antes de ser restituida al Estado de Pernambuco. Hoy, las playas del “mar de fora”, las que miran a África, son parte del Parque Nacional Marino, mientras que las del “mar de dentro”, que miran hacia Brasil, pertenecen a un Área de Protección Ambiental.

El mar aquí cura todos los males del cuerpo y del alma. Las ocho playas del “mar de dentro” son de libre acceso y de arena blanca y fina. La mayor es Conceição, una amplia bahía que comienza en el inquietante Morro do Pico –un cerro rocoso, angosto y de 323 metros de alto– y se cierra en grandes rocas planas que se adentran en el mar. Entre noviembre y febrero se forman olas de hasta cuatro metros que atraen a surfers de todo el mundo. Ver cómo el sol se esconde detrás del morro con forma de cohete cuando termina el día es una de las razones del viaje.

Por otra parte, son seis las playas que se encuentran dentro del Parque Nacional, en el “mar de fora”. La mayoría son rocosas y su acceso restringido requiere de un pase (ver aparte). Una de ellas es la bahía de Sueste, donde las tortugas gigantes llegan para comer y aparearse. Está permitido practicar snorkel por cuenta propia, pero hacerlo con un guía asegura el encuentro con las tortugas verdes, Chelonia mydas, que pueden medir hasta un 1,70 metros y pesar 250 kilos, y con las de carey, Eretmochelys imbricata, que no llegan al metro ni a 90 kilos.

Dentro del parte, la playa más protegida es Atalaia: sólo puede visitarse en grupos de 30 personas, en compañía de un guía y un guarpadarque y durante media hora. Después de una charla de los biólogos del Instituto Chico Mendes de Conservação da Biodiversidade (ICMBio) se recorren 1,6 kilómetros hasta la playa. Una gran piscina de 40 centímetros de profundidad se forma en la bajamar, donde los peces quedan atrapados. Está prohibido usar patas de rana y tocar algo con manos o pies. La única posibilidad es la flotación y los infractores recibirán un pitido de reprimenda.

No muy lejos de allí está Caieiras, donde la bajamar también crea piletas para hacer snorkel, pero sin vigilancia. En las rocas pueden verse miles de cangrejos rojos y verdes, erizos, estrellas de mar y otros bichos que sólo los biólogos marinos conocen. Bajo el agua, todo se vuelve leve. Somos un ser vivo más dentro de este acuario infinito de colores en movimiento y comprendemos que a eso hemos venido hasta aquí.

Finalmente, otro paseo imperdible es recorrer la pasarela que lleva a Bahía dos Golfinhos, Bahía do Sancho y Bahía dos Porcos. La playa de Bahía dos Golfinhos es la única con acceso prohibido. Al amanecer, los delfines regresan después de alimentarse en alta mar. Por eso, el mejor momento para verlos desde el mirador es a las seis de mañana.

La pasarela continúa hasta el mirador de la Bahía do Sancho, una playa espectacular donde pueden verse a simple vista tiburones y tortugas. Los valientes bajan por una escalera vertical de 40 metros construida entre rocas estrechas.

La última parada es la Bahía dos Porcos, postal por la que es conocida Noronha: una bahía con dos enormes peñascos oscuros y simétricos, los Dos Hermanos.

DATOS. Información útil para visitar Fernando de Noronha.

Tasas y entradas 

Para la mejor preservación de la isla, sólo puede ingresar un máximo de 600 turistas por día. Los visitantes deben pagar una Tasa de Preservación Ambiental, que varía según la cantidad de días de permanencia –por cinco días cuesta 1.637 pesos–. Se recomienda pagarla con tarjeta de crédito a través de la web noronha.pe.gov.br, para asegurarse un lugar dentro del cupo. Por otro lado, Econoronha es la concesionaria que administra las pasarelas y la entrada a las playas de acceso restringido. Tiene una validez de 10 días corridos y cuesta 970 pesos (menores de 12 años sin cargo). Venta anticipada en: parnanoronha.com.br/vendas/vendaonline.aspx.

 

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