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Ciudades

Escapada de relax a Colonia de Sacramento

La ciudad portuaria más antigua de Uruguay es un oasis. Caminar por el casco histórico, apreciar las vistas desde el faro y conocer la antigua Plaza de Toros son algunos imperdibles.

Por Silvina Pini (Especial).

Llegar a Colonia del Sacramento, una de las ciudades coloniales más lindas de América, es entrar en el ritmo relajado de los vecinos uruguayos. Tanto para quienes vayan en auto como en barco, lo mejor será recorrer a pie el casco histórico, Patrimonio Mundial por Unesco desde 1995, y descubrir la mezcla de estilos arquitectónicos coloniales, portugueses y españoles, de esta ciudad fundada en 1680.

Un circuito peatonal señalizado pasa por los edificios y construcciones más importantes que se desarrollan alrededor de la Plaza Mayor: el Bastión del Carmen, la Calle de los Suspiros, la Casa del Virrey y la Iglesia Matriz o Iglesia del Santísimo Sacramento, de 1680, la más antigua de Uruguay. Todo el casco está cercado por una muralla con su Puerta de la Ciudadela y su puente levadizo sobre la fosa. La muralla tienta para hacer un alto y sentarse a tomar un mate y mirar el río té con leche, copiándoles a los locales. 

DATOS ÚTILES. Información útil para pasear por Colonia de Sacramento.

Visible desde cualquier punto está el faro de 1857, levantado sobre los cimientos de un antiguo convento. Los valientes pueden subir sus 26 metros por una angosta escalera de caracol y acceder a una de las mejores vistas de la ciudad. La calle preferida de los turistas, en tanto, es sin dudas la Calle de los Suspiros, arteria principal del casco histórico, angosta y con adoquines colocados hace tres siglos.

En las casas centenarias, con sus faroles y puertas antiguas, funcionan negocios de artesanías, barcitos y restaurantes. Entre la artesanía local, se destaca la loza de estilo portuguesa colonial, como la de Taller Chape, de Ariel Chape, que hace 40 años realiza vajilla en blanco y azul, incluyendo algunas piezas réplica textuales de originales que exhibe en fotos.

Junto al río

Bordeando el río está la Rambla de las Américas y lo que llaman el Puerto Viejo, un gran muelle de madera con bancos para ver los veleros mecerse a la luz del atardecer.

Siguiendo por la rambla comienzan las playas que se extienden hasta el barrio Real de San Carlos, antiguo enclave militar donde las tropas españolas sitiaron a los portugueses en 1761. Un trecho algo largo que también se presta para recorrerlo en bicicleta. Ahí hay una pequeña capilla dedicada a San Benito de Palermo, el primer santo negro.

En la playa pueden verse los restos de un antiguo muelle que era parte de un complejo turístico impulsado por el empresario argentino Nicolás Mihanovich en 1909. La idea de Mihanovich, que el Gobierno argentino de entonces malogró aplicando un impuesto altísimo, era cruzar turistas hasta un hotel-casino; una Plaza de Toros, única en el Río de la Plata, ya que la que funcionó en la actual plaza San Martín de Buenos Aires ya no existía; un frontón de pelota vasca y una central eléctrica propia. Mihanovich hasta consultó al ingeniero francés Eiffel para levantar el emprendimiento del que hoy puede verse la usina, la Plaza de Toros y una parte del casino que no fue.

La Plaza de Toros –a cuatro kilómetros del centro histórico, el punto más distante del circuito– se inauguró en 1910 y se llevaron a cabo pocas corridas, ya que en 1912 el Gobierno las prohibió en todo el territorio uruguayo. Si bien no se puede ingresar, sí se aprecia el exterior de estilo morisco rodeado de vegetación. Es la única plaza en su tipo que queda en pie en Uruguay.

Por su rambla, su historia y la tranquilidad de su gente, Colonia es un oasis al que habría que escaparse cada tanto.

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