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En México tras los pasos de Frida Kahlo

Un paseo por la Ciudad de México a partir de puntos clave que permiten descubrir a la reconocida artista, cuya presencia continúa latiendo en el país y el mundo.

Por Pamela Subizar (Especial).

Hay una imagen de mujer que se repite por todos lados en México, y no es la de la Virgen de Guadalupe. Tiene mirada firme con cejas prominentes, flores en la cabeza y un exquisito vestido tradicional. Es Frida Kahlo, una artista exuberante del siglo XX que se convirtió, muchos años después de morir, en un ícono de la cultura nacional y del feminismo en todo el mundo.

Para conocerla, nada mejor que hacer un recorrido por la Ciudad de México, su lugar natal, siguiendo sus pasos. En el camino, se puede descubrir también una parte fascinante de la cultura mexicana.

La Casa Azul es el punto de partida ideal, en el encantador y bohemio barrio de Coyoacán, al sur del centro histórico. Allí empezó su historia, hace más de un siglo. La artista nació y creció en esa casona azul aciano de techos altos, que es ahora uno de los museos más visitados de la ciudad –hay largas filas para ingresar– y uno de los más caros (la entrada cuesta unos $ 100). Adentro, todo habla de ella: la cocina con ollas de barro y cazuelas, las piezas de arte popular, el cuadro de Mao Tse Tung, el diario ilustrado y las muletas y corsés.

Frida sufrió un accidente grave cuando era joven y estuvo inmovilizada durante nueve meses. El arte fue su expiación: en su cama, con un espejo en el techo, pintó sus primeros autorretratos. Los dolores y las pasiones de su vida –sus múltiples operaciones, su complicada relación de pareja– se plasmaron desde entonces en sus obras, siempre personalistas y con rasgos del arte popular.

Al salir del museo, una buena opción es conocer su barrio, tomar un café frente al Jardín Hidalgo o visitar el Mercado de Artesanías donde se consiguen verduras, antojitos, flores y recuerdos bien mexicanos a precio accesible.

DATOS. Información útil para conocer la ciudad de México.

Pasión tormentosa

La vida de Kahlo estuvo enlazada con la de Diego Rivera, el reconocido muralista mexicano. Fueron una pareja explosiva, con infidelidades mutuas, unidos en el arte y la militancia política. Se casaron en 1929, se divorciaron en 1939 y volvieron a casarse un año después.

La Casa Azul permite conocer este vínculo singular, pero hay otra muestra al este de Coyoacán, en San Ángel: las “casas gemelas”. Son dos estructuras cuadradas simples, unidas por un pequeño puente de concreto. De un lado y del otro vivieron Frida y Diego, desde 1934 a 1939. 

El ahora Museo Casa Estudio tiene una entrada muy accesible (sólo unos 25 pesos) y reúne interesantes fotos y objetos personales de ambos y obras de Rivera, como sus calaveras y estatuas de Judas (grandes figuras de papel maché). Además, el lugar es una buena muestra de la arquitectura funcionalista. Kahlo volvió a la Casa Azul tras el divorcio, donde murió en 1954. 

Dejarse inspirar 

Las inquietantes obras y frases de Kahlo se pueden llevar a casa en remeras, ceniceros y llaveros. Aunque hay algo mejor que tener un suvenir: ver una de sus pinturas originales. Están en varios museos de la ciudad.

El Museo de Arte Moderno expone Las dos Fridas (domingo, entrada libre) y el Museo Dolores Olmedo tiene la mayor colección de Kahlo (ahora temporalmente cerrada) con obras como La columna rota y Autorretrato con changuito. Está al sur de la ciudad, en Xochimilco, el famoso pueblo con canales donde navegan trajineras cargadas de flores.

Pasear por La Alameda Central, el parque que Kahlo y Rivera frecuentaban, o visitar el Antiguo Colegio de San Ildefonso, donde se conocieron, también tiene su encanto. Como descubrir alguno de los tantos museos que muestran la explosión artística y revolucionaria que ellos lideraron.

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