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Mundo

En las raíces de América

El país centroamericano es una experiencia fuerte. Descubrirlo es sumergirse en las culturas originales americanas

Por María Navajas (Especial).

Guatemala no es un destino turístico más. Es una experiencia fuerte, de esas que movilizan cosas y dejan un saldo. Enumerar sus particularidades puede comenzar con su geografía: el pequeño país centroamericano encierra en sus 108.889 kilómetros una gran variedad climática y biológica, producto del relieve montañoso que va desde el nivel del mar hasta los 4.220 metros.

Esta característica determina la presencia de variados ecosistemas, que van desde los manglares de los humedales del Pacífico hasta los bosques nublados de alta montaña, con 14 zonas de vida y aproximadamente 288 volcanes, que hegemonizan el horizonte. Se lo llama “país de la eterna primavera”, ya que la temperatura tiene  un promedio de 22º centígrados.

El guatemalteco medio es otro de sus atractivos, con “buena onda”, voluntarismo y sentido del humor. Un tercio de la población es aborigen, cuya historia de despojos comenzó con la colonización. Se trabaja por la lucha de derechos desde las bases y eso se traduce, por ejemplo, en que en Guatemala ya no se festeja el Día de la Raza.

Sin embargo, la líder de los derechos aborígenes, la guatemalteca Rigoberta Menchú, premio Nobel de la Paz en 1992, al presentarse como candidata a la presidencia de la Nación no obtuvo el respaldo del electorado.

Un lugar en el mundo. Desde la avanzada española que arrasó con la cultura maya, las inconsultas cesiones de territorio, una larga guerra civil y numerosos desastres naturales, Guatemala siempre apeló a la entereza de su gente para conjurar adversidades.

La sociedad guatemalteca sufre hoy, además, el embate de la transculturación corporizada en las “maras”, pandillas que surgieron en Estados Unidos entre los hijos de los inmigrantes latinos. Muchas familias, como parte de un fenómeno regional, emigraron a los Estados Unidos en la búsqueda de la mentada american life way (estilo de vida americano).

Muchos progresaron y comenzaron a enviar remesas a sus familias que aún hoy, a pesar de la crisis del país del norte, significan el primer puesto en ingreso de divisas a Guatemala. Otros fueron deportados por su condición de ilegales indocumentados y algunos regresaron con hijos adolescentes organizados en pandillas, al igual que en México, El Salvador y Honduras. Violentas y marginales, se las vincula con el narcotráfico y el robo.

Por este motivo existe la Policía Turística, la cual ejerce un papel fundamental en la seguridad de los visitantes, que ocupan el segundo puesto en los ingreso de divisas al país. El turista siente la protección aunque, como en la mayoría de las grandes ciudades del mundo, va de suyo acotar las situaciones de riesgo.

Lo aconsejable es seguir las sugerencias del Instituto Guatemalteco de Turismo (Inguat): no exponerse en algunas zonas y no hacer ostentación en lugares abiertos. Eso sería suficiente.

Luego, sólo hay que relajarse  para incursionar en las maravillosas profundidades de Guatemala, en un prometedor viaje a los orígenes de América, desde el corazón del mundo maya.

La Capital. Los habituales chubascos nocturnos intensifican los matices de verdes en la profusa vegetación de la Nueva Guatemala de la Asunción, tal el nombre oficial de la capital guatemalteca.

El trazado urbano, al igual que otras ciudades latinoamericanas, es en damero con una plaza central y los edificios institucionales más importantes de  la colonia a su alrededor.

Fundada en 1776 y tras cuatro desplazamientos, la Ciudad de Guatemala suma junto a la periferia cerca de tres millones de habitantes, de los 13 millones que tiene el país.

La flora enmarca hoy las  modernas arterias y bulevares, como las avenidas La Reforma, Los Próceres y Las Américas, que aunque de tráfico ágil, en horas pico no logran destrabar la congestión de la metrópolis.

Su expansión en altura se ve limitada por la presencia, dentro del perímetro urbano, del Aeropuerto Internacional La Aurora, aunque se observan edificios de vanguardia que encastran a la perfección con el importante centro histórico.

El carácter cosmopolita capitalino se evidencia en la Zona Viva, que concentra a las grandes cadenas hoteleras, restaurantes, bares, clubes nocturnos, espacios culturales y cafés. Al igual que Cuatro Grados Norte,  con formato de urbanización moderna, que atrae con coquetos espacios gastronómicos.

Tesoro patrimonial. El centro histórico es Patrimonio Nacional y allí se encuentran el Palacio Nacional de la Cultura; el Congreso Nacional y la Casa Presidencial; la

Catedral; la Oficina de Correos, y el Mercado de Artesanías. Abarca también al Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, al Banco de Guatemala, la Municipalidad, el edificio de Tribunales y la Escuela de Arte de Guatemala.

Muchas construcciones revelan la fuerte pasión muralista guatemalteca, cuyas raíces se pueden buscar en el Palacio Nacional de la Cultura.

El colosal edificio, de concreto y ladrillo revestido en piedra, abarca 8.890 metros cuadrados en los que se distribuyen 350 salones. Se comenzó a construir en 1939 y su diseño ecléctico mezcla los estilos renacentista, neoclásico y barroco. Concentra actividades artísticas y exposiciones temporales y tiene valiosas colecciones de pintura y escultura. Se destacan los murales de Alfredo Gálvez Suárez, que evocan la historia del país desde la colonia a la independencia.

El hoy Palacio Nacional de la Cultura fue antigua sede del gobierno guatemalteco y en 1980 fue declarado Monumento Histórico y Artístico.
Un cuerpo central oficia de distribuidor de otros dos laterales, cada uno con tres niveles y un patio central.

En el salón de recepciones, en el segundo nivel, lujosos cristales en las aberturas, pisos, muros y ornamentados cielos rasos, ceden el protagonismo a la lámpara de cristal de dos toneladas, de la que cuelgan cuatro quetzales (ave nacional) bañados en oro.

El edificio marca con una estrella el kilómetro cero del país y en uno de esos patios se firmó la paz con la cual terminó la guerra civil que dividió al país a lo largo de 36 años.

Para refrendar ese acto decisivo, cada día a las 11, en una conmovedora ceremonia, se coloca una rosa fresca entre las dos manos unidas de una escultura, ante una guardia de honor.

Cuestión de origen

“Esta es la relación de cómo todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio; todo inmóvil, callado, y vacía la extensión del cielo. 
Esta es la primera relación, el primer discurso. No había todavía un hombre, ni un animal, pájaros, peces, cangrejos, árboles, piedras, cuevas, barrancas, hierbas ni bosques: sólo el cielo existía”, dice el Popol Vuh o Popol Wuj (nombre k´iché que se traduciría como Libro del Consejo).

De gran valor religioso, se lo denominó mucho tiempo después como el Libro Sagrado o la Biblia de los mayas.
El Popol Vuh cuenta el origen del mundo y diversos fenómenos naturales, a la luz de la cosmovisión aborigen. Su origen se sitúa en el siglo XVI y su texto original tal vez haya sido con jeroglíficos.

El objetivo era mantener vivos la génesis de la raza y los misterios de la religión, en Santo Tomás Chuilá, hoy Chichicastenango, a 145 kilómetros de la capital.

 

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