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Ciudades

El tesoro escondido de Petra

La ciudad excavada en la piedra es una de las Nuevas siete maravillas del mundo. Historia y encuentro de culturas al sur de Jordania.

Por Matías Planas (Especial).

Una ciudad entera excavada en la piedra de montañas indecisas espera desde hace miles de años. Es de color rosa como el tiempo, intrincada e infinitamente hermosa.

Ocupada en el siglo VI a.C. por el pueblo nabateo, Petra (en Jordania) prosperó gracias a su estratégica ubicación como ruta comercial y sus inigualables defensas naturales. Su enclave en el desértico valle entre el Golfo de Aqaba y el Mar Muerto procuraba un perfecto paso entre las montañas, muy propicio para las caravanas. Así, interminables filas de camellos cargados con seda de la India, perlas del Mar Rojo, marfil de África, betún, incienso, mirra y otros artículos de lujo de la época eran transportados hacia ciudades como Alejandría, Jerusalén y Damasco. Cada cargamento debía pagar altísimas tasas tributarias para poder utilizar el paso, por lo que Petra progresó rápidamente.

MÁS DATOS ÚTILES. Información útil para conocer Petra.

Ese contacto con viajeros, comerciantes y diferentes culturas del mundo influyó en la manera en la que la ciudad fue diagramada, en la forma de vida de sus habitantes y, por supuesto, en los diferentes estilos arquitectónicos. Reminiscencias egipcias, griegas, romanas y árabes son visibles en las obras casi escultóricas que le dan sentido y escala humana a los inmensos y rojizos paredones de piedra.

Y si bien contaba con calles, monumentos, teatro, casas y palacios, una de las características más importantes de la ciudad era que albergaba imponentes tumbas de ricos comerciantes, nobles y monarcas de la época. De ese modo, Petra se convirtió en el escenario perfecto para ostentar el poder y la riqueza de sus habitantes. Templos y tumbas de gran tamaño y enorme valor artístico fueron esculpidos en la piedra, formando fachadas trabajadas que incluían columnas, escalinatas y hasta pequeños jardines.

Otro de los factores que hizo de Petra una gran ciudad en medio del desierto fue la construcción de un complejo sistema de acueductos y cisternas, creado por los nabateos para obtener y almacenar agua. Pero las mismas causas que permitían captar y redistribuir los líquidos a la ciudad provocaron una serie de inundaciones que fueron altamente destructivas. Esto, sumado al desarrollo de diferentes rutas de comercio –sobre todo, las marinas– hizo que Petra fuera perdiendo poder.

Abandono y resurgimiento

Alrededor del año 363, un feroz terremoto sacudió la urbe y destruyó gran parte de sus edificios. Era el comienzo del fin, o mejor dicho, de otra etapa, y Petra fue abandonada durante largos años. 

Recién en 1812 el explorador suizo Jean Louis Burckhardt, después de aprender la lengua árabe y convertirse al islam, logró que lo llevaran a la ciudad perdida de Petra, haciéndose pasar por un mercader que quería realizar un sacrificio animal. Luego, el destino fue conocido por el resto del mundo y declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1985. Más cerca en el tiempo, en 2007 fue seleccionada como una de las Nuevas siete maravillas del mundo moderno.

Un viejito con turbante frena delante de dos viajeros que hacen dedo al lado de la ruta. El paragolpes del destartalado tractor verde, por lo visto, es un buen lugar para volver a la ciudad. No hablan ni siquiera una palabra en común, pero, al pasar por el punto desde donde se ven las ruinas, todos gritan entre sonrisas cómplices: “Petra, Petra”.

Al parecer, esa mezcla mágica de culturas que se encuentran sigue vigente en este rincón de Asia miles de años después.

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