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El mundo en un lugar

País Vasco. Miles de personas de todo el mundo se reúnen cada 7 de julio en Pamplona para participar de la Fiesta de San Fermín, el patrono del lugar.

Por Laura Tuyaret (Especial).

Se juntan en las tabernas para tomar kalimotxo (vino con cola) o comer algún pintxo (bocadillo vasco). Corren y saltan al compás de las peñas que atraviesan las calles. Bromean con desconocidos como si fueran amigos de toda la vida. Cantan y bailan sin vergüenza. Y dejan que su traje blanco se empape con el vino que cae desde el cielo como lluvia. Alegría y diversión. Excesos. El mundo en un lugar. Eso es la fiesta de San Fermín, en Pamplona, capital de la Comunidad Foral de Navarra, en España.

Los “Sanfermines” nacieron, por el año 1591, de la conjunción de tres celebraciones distintas: las religiosas, las comerciales y las taurinas. Crónicas del siglo XVII ya hablaban de aquellas fiestas en las que los actos religiosos eran acompañados de espectáculos de músicos, bailarines, muñecos gigantes, torneos, encierros y toros.

En ellas, el clero expresaba su preocupación por el abuso del consumo de bebidas, aunque aceptaba que la presencia de gente de otras tierras le daba diversión a la ciudad. La popularidad mundial de los sanfermines fue aumentando a lo largo de los siglos. No en vano el lugar fue la musa inspiradora de Ernest Hemingway para su novela The Sun Also Rises (Fiesta) en la década de 1920.

Gora San Fermín. El comienzo oficial de la celebración es el 6 de julio a las 12 con el “chupinazo”. Más de 10.000 personas se agolpan en la Plaza Consistorial, con una superficie de 2.500 metros cuadrados y al grito de ¡Gora San Fermín! (viva San Fermín), un mar de pañuelos rojos elevados sobre las cabezas de los pamploneses dan la bienvenida a esta fiesta, que conjuga elementos típicos de la tradición vasca.

Ese es el momento en que se da el visto bueno para el lanzamiento del cohete (chupinazo) desde el balcón central del Ayuntamiento.

El estruendoso sonido es un clásico de la fiesta. La tradición dice que no se debe anudar el pañuelo rojo al cuello hasta que no haya sonado el primer cohete.

El encierro. Cuando el sol recién comienza a asomarse, cada mañana de los Sanfermines, se puede escuchar desde cualquier casa: “Quinto levanta, tira de la manta...”. Son los versos de La Pamplonesa, orquesta del lugar que va recorriendo las calles y despertando a la ciudad con su música.

Aunque, la palabra “despertar” es sólo un decir, porque Pamplona nunca duerme durante los siete días que dura la fiesta.

Es entonces cuando miles de “corredores”, vestidos de blanco con pañuelo y faja rojos, se dirigen hacia la imagen de San Fermín situada a metros del corral de los toros. “A San Fermín pedimos, por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro y nos dé su bendición”, rezan. Y gritan luego “¡Gora San Fermín!”.

A las ocho en punto suena un cohete y se abren las puertas del corral para que salga la manada. Comienza la emoción, para el público que mira tras las vallas y para los corredores, aún más. Esto es así todas las mañanas del 7 al 14 de julio de cada año.

El encierro parte desde los Corrales de la Cuesta de Santo Domingo y la manada recorre 825 metros, entre calles empedradas que atraviesan el Casco Viejo de Pamplona hasta llegar a la Plaza de Toros. Son seis toros furibundos de gran tamaño a los que acompañan dos grupos de cabestros (toros mansos), uno por delante y otro por detrás y que sirven como una especie de guía para cualquiera de los otros toros que pueda quedar parado.

Según el portal de Internet del Ayuntamiento de Pamplona, se estima que los toros corren a una velocidad de 24 kilómetros por hora y tardan un poco más de tres minutos en llegar a la plaza. Los corredores deben ir delante de la manada, por lo que la agilidad y los buenos reflejos son indispensables si se quiere salir ileso del encuentro. Se ayudan con un diario enrollado que llevan en la mano, con el que miden la distancia con el animal. Algunos, los más audaces, lo usan para azuzar y enfurecer a los toros.

En un día de semana se estima que los corredores son alrededor de 2.000 y los sábados y domingos casi 3.500. De ellos, se calcula que cada año hay entre 200 y 300 heridos.

Una fiesta única. Los encierros son, sin lugar a dudas, el atractivo central de los Sanfermines y aquello por lo cual se han hecho famosos en el mundo.
Sin embargo, la fiesta comprende muchas otras tradiciones de los pamploneses que la transforman en una celebración sin igual.

Así, competencias de deporte rural; interpretaciones de bertsolaris (poetas), y exhibiciones de danzas típicas, inundan durante todo el día las plazas de Pamplona. Por la noche, en cambio, las verbenas (fiestas de jóvenes) y los fuegos artificiales son los principales atractivos.

Se haga lo que se haga, todo aquel que se atreva a participar de estas fiestas deberá estar acompañado de un vaso de kalimotxo y un pintxo o bokata (sandwich), todos “combustibles” para poder seguir a la altura del festejo.

Otro de las encantos de San Fermín, que llama la atención tanto de chicos como de grandes, es la Comparsa de “Gigantes y Cabezudos”.

Cada uno de los días de la fiesta, ocho muñecos enormes (de casi cuatro metros de altura) recorren el centro de Pamplona escoltados por kilikis (cabezudos) y zaldikos (caballos). Las danzas de estos gigantes al son de la música de gaiteros y txistularis (músicos vascos) es uno de los espectáculos más bellos.

La última noche de la fiesta tiene un atractivo especial: pamploneses y visitantes se reúnen nuevamente en la Plaza Consistorial, pero esta vez para el anuncio oficial del fin de la celebración.

Al son del Pobre de mí, los pañuelos rojos se vuelven a elevar sobre las cabezas y cientos de velas encendidas iluminan la noche. Una mezcla de nostalgia y emoción invade los corazones de los presentes. Ya falta menos para el próximo San Fermín.

Datos

Nombre oficial: Reino de España
Capital: Madrid.
Gobierno: monarquía constitucional.
Población: 42.197.865 habitantes.
Superficie: 504.780 kilómetros cuadrados.
Idioma: español.
Moneda: euro.

Temas: #País Vasco
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