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Ciudades

El lado B de Berlín

Más allá de los monumentos y museos existen otros espacios que hablan de la ciudad; lugares abandonados y reconvertidos en los que el arte es una pieza clave.

Por Florencia Vigilante (Especial).

En el verano berlinés todos los días parecen domingo. Sirvan las siguientes escenas para comprobarlo. Uno: las márgenes del río Spree están salpicadas de gente que descansa al sol y toma cerveza mientras los cisnes pasean por el agua. Es lunes, alrededor de las 18. Dos: una banda que mezcla integrantes de los dos lados del charco toca cumbia colombiana en una tarima mientras la gente aplaude, toma cerveza y baila. Es martes a la siesta. Tres: un grupo de grafiteros despliega su arte mientras algunos transeúntes detienen la marcha para contemplarlos. Es miércoles, cerca de las 11.

Y es que, lejos de su faceta monumental, Berlín es una mezcla de paredes que hablan, critican y sueñan; tierra fértil para el desarrollo de las más diversas expresiones de cultura popular; paseos relajados junto al río; bares clandestinos y casas okupa (o lo que queda de ellos); y un pasado tormentoso que lejos de paralizarla la impulsa a seguir haciendo y provocando. Aquí, un recorrido por algunos espacios que permiten conocer otra arista de la capital alemana.

Entre grafitis

Desde que cayó el Muro de Berlín en 1989, el arte callejero se consolidó como forma de expresión de la ciudad. Y si bien las letras y dibujos que cubren los espacios públicos apuntan hoy a nuevos destinatarios, siguen atrayendo a multitudes tanto por su estética como por su contenido.

Más allá de que en algunos barrios se pueden ver grafitis en (casi) todas las fachadas y puertas, hay puntos como el complejo RAW (en Friedrichshain) que son ineludibles. Ubicado junto a unas viejas vías, pasó de ser un lugar abandonado a un ícono de cultura urbana gracias a los grafiteros locales. ¿El resultado? Una especie de museo al aire libre que incluye galería de arte con exposiciones y láminas para llevar a casa, un bar, rincones para los amantes de la música electrónica y un skatepark cerrado. Un micro universo de entretenimiento y ocio para todos.

Otra propuesta imperdible es la que ofrece Yaam, muy cerca de la East Side Gallery, ese fragmento del muro decorado por artistas locales. Se autodefine como un club, bar de playa y galería, y adentro uno se puede dedicar a ocupaciones tan diversas como presenciar un partido de básquet mientras escucha música, participar como jurado en una competencia de baile, pasear por una galería de arte o (lo mejor) recostarse en una reposera en la arena con envidiables vistas al río Spree mientras disfruta de una cerveza.

DATOS. Información útil para disfrutar de Berlín.

Refugio por dos

A pocos minutos de la plaza Alexanderplatz, en plena zona de negocios, Haus Schwarzenberg sobrevive como un oasis de cultura alternativa que contrasta con el entorno. En las paredes de este pequeño callejón hay pinturas de mamushkas, críticas al uso de las redes sociales, músicos de jazz, animales que piden no ser consumidos y mucho más.

En el sitio, que desde 1995 alberga estudios de artistas y galerías, funcionaba una fábrica en la que un empresario alemán –Otto Weidt– escondió a familias judías durante la Segunda Guerra Mundial. Allí existen hoy, además, un cine independiente, un bar y tres museos: uno dedicado a Anna Frank, otro en honor a Weidt y un último sobre la historia de judíos de la zona que ayudaron a otros a escapar del nazismo.

Arte en la montaña

Teufelsberg, traducido como “la montaña del diablo”, es sin duda uno de los sitios abandonados más impactantes de la ciudad. Durante la Segunda Guerra Mundial existió allí un centro de entrenamiento nazi, y con los restos de ese edificio se construyó la estructura actual, que en la Guerra Fría albergó una estación espía estadounidense. La caída del muro la condujo al abandono y hoy es un territorio okupa plagado de street art.

Abonando una entrada se puede acceder a este extraño mundo en medio del bosque de Grunewald, en el que sobresalen torres coronadas por “pelotas” gigantes. Bañaderas en el pasto, puertas que no conducen a ningún lado, impresionantes obras de arte callejero, habitaciones en donde retumban los sonidos y hasta un espacio en donde los residentes venden sus trabajos convierten a Teufelsberg en una parada obligada. Quienes no disfruten de estas expresiones también tienen motivos para ir a la montaña: su terraza es dueña de una de las panorámicas más lindas de Berlín.

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