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El Danubio con acordes de vals

El gran río inmortalizado por Johann Strauss en el vals El Danubio Azul, cruza la ciudad de Viena dividido en dos brazos que forman en el medio la Donauinsel, o isla del Danubio.

Por Redacción LAVOZ.

El gran río inmortalizado por Johann Strauss en el vals El Danubio Azul, cruza la ciudad de Viena dividido en dos brazos que forman en el medio la Donauinsel, o isla del Danubio, de 20 kilómetros de largo y a la que se arriba con el metro U1.

Este es el sitio de encuentro del verano, con sus puestos de alquiler de barcos, bicicletas, tablas de surf y piscinas, naturales y artificiales, que ofrecen un soplo de frescura citadina.

Cada junio se realiza allí un gran festival de música de todos los géneros, desde clásica a rock. Se hace al aire libre, con una variada oferta de carpas en las que se venden bebidas y comida tradicional.

Para dejar la isla se puede cruzar el río por el puente Reichsbrucke y llegar al barrio de los grandes edificios, como el  Donauturn, de 252 metros y un mirador a 150 metros, que ofrece una gran panorámica. El ingreso cuesta 5,90 euros.

En lo alto, un restaurante giratorio ofrece una panorámica excepcional pero tiene tarifas prohibitivas.

Esta es la zona que alberga al Centro Internacional de Viena, donde la Organización de Naciones Unidas (ONU) tiene oficinas.

En Viena la gente es muy amable y dispuesta a ayudar al turista, y si bien se habla el alemán es fácil entenderse en inglés y, además, con el universal lenguaje de señas. Para entrar en contacto con los vieneses son ideales los bares, donde además se disfruta del auténtico café vienés con alguna de las exquisitas y tentadoras tortas.

Jardines, parques y bosque. La mitad del área urbana de Viena corresponde a zona verde, con  jardines, parques, bosques y tierras para la agricultura, a las que se suman 700 hectáreas de viñedos dentro del perímetro de la ciudad. Precisamente, en esas zonas a las que se puede llegar con el tranvía 38 se encuentran numerosas tabernas, llamadas Heuriger, donde se pueden disfrutar los vinos propios acompañados por  un rico schnitzel, enorme escalope a la vienesa frito en manteca, o una kasekrainer, salchicha ahumada con queso y rábanos picantes. Como cierre, una apfelstrudel, la legendaria tarta de manzana.

Viena, llamada “Capital Musical de Europa” desde el siglo XVI, ofrece numerosos espectáculos musicales. Excepto en verano, la Ópera ofrece espectáculos todos los días y aglutina a numeroso público que, al terminar las funciones, se reúne en el quiosco del  frente a comer salchichas o en el típico restaurante ubicado debajo del Palacio Albertina, del siglo XVIII.

También hay que conocer el  Naschmarkt, el inmenso mercado fundado en 1774, al que se llega tras tomar dos líneas de metro que conducen a la estación Karlsplatz. El mercado está abierto de lunes a sábados y vende frutas, verduras, embutidos, artículos regionales e indumentaria.
En el interior hay panaderías, numerosos bares y restaurantes donde se saborean algunas de las exquisiteces vienesas, como por ejemplo una sopa y escalope a 23 euros. Allí se congregan todos los sábados los vieneses para desayunar y también para caminar por el Flohmarkt, mercado de pulgas que funciona ese día.

Frente al mercado se observan las casas construidas por Otto Wagner, máximo exponente de la arquitectura modernista de Austria, autor también de algunos puestos del mercado.

Con el tranvía 2 llegamos hasta la Universidad de Viena y caminamos por el barrio Serviten  hasta la calle Berggasse 19, donde está la casa en la que viviera  Sigmund Freud entre 1856 y 1938, antes de huir a Londres y escapar de los nazis. Hoy es un museo cuya entrada cuesta siete euros. El interior guarda parte del mobiliario original, antigüedades de la colección privada y objetos personales del padre del psicoanálisis.

En materia de palacios, merece visitarse el Schombrunn, de estilo barroco con 1.441 habitaciones y salas donde vivieron Napoleón y otros varios emperadores. Allí actuaron grandes músicos, como Mozart.

En la actualidad el palacio, que expone una colección de carruajes imperiales, es estatal y fue declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad. Fue residencia de verano de la dinastía de los Habsburgo y tiene un parque de un millón de metros cuadrados, con un laberinto con los signos del zodíaco, un zoológico, glorieta y viveros.

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