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Ciudades

El corazón de Londres según Sherlock Holmes

El célebre detective sigue atendiendo en su casa del 221B de Baker Street. Un viaje a la ficción literaria apenas al norte del Hyde Park.

Por Graciela Cutuli (Especial).

Es de noche, falta poco para fin de año y en Londres hace el frío proverbial de esta época del año, sin contar con que la oscuridad se instaló a las cinco de la tarde y se está levantando una neblina que envuelve a la ciudad en cierto clima de misterio. Sobre todo aquí, frente al 221B de Baker Street, legendaria dirección del no menos legendario detective Sherlock Holmes. 

¿Que nunca existió? Un detalle que apenas importa: su gorra a cuadros, su pipa y su nunca dicho pero siempre repetido “elemental, Watson”, sumados a su agudeza de observación, son suficientes para que incluso en una tarde helada haya una cola hasta la esquina de lectores –o espectadores de sus aventuras en las múltiples series que recrean al personaje– ávidos de entrar y conocer la casa del detective. La casa-museo de Sherlock es fácil de ubicar: basta bajarse en la estación de subte Baker Street y caminar algunos metros, pasando primero frente al museo de cera de Madame Tussauds (que tiene dos estatuas del detective) y un local dedicado a al imaginario beatle. Por las dudas, también hay un gran Sherlock de bronce en la vereda: imposible equivocarse. 

Puertas adentro

Y luego sí, basta cruzar la puerta para entrar en la casa del inefable detective. Hoy son muchos los que le ponen los rasgos de Benedict Cumberbatch, el actor inglés que le prestó el rostro en una popular serie que lo trae a la época moderna. Pero hay también quienes recuerdan en el papel a Charlton Heston, Christopher Plummer, Robert Downey Jr. o el clásico Basil Rathbone. Una vez adentro, la consigna es verosimilitud a toda prueba: cuesta creer que no solo no existió Sherlock, sino que nunca existió realmente el 221B de Baker Street, y mucho menos la gorra, la lupa y la pipa que descansan, como recién dejadas, junto a la chimenea. Difícil no prestarse al juego de probárselas para la foto, o asomarse a la ventana para ver cómo prenden las luces de la calle, en una Londres que está hoy bastante lejos de la que hubiera conocido el auténtico Sherlock Holmes: una ciudad salida de la Revolución Industrial con una impresionante tasa de criminalidad, que llevaría también a la creación de Scotland Yard. 

DATOS. Información útil para descubrir Londres con Sherlock Holmes.

El museo tiene tres plantas y una particularidad: si puede usar ese número de Baker Street es gracias a un permiso especial del distrito de Westminster, porque en realidad está situado entre los números 237 y 241. La otra rareza es que, aunque se fundó en 1990, solo después de 2002 logró que se permitiera recibir y contestar la numerosa correspondencia que aún recibe el detective: durante décadas antes de la apertura del museo las cartas se entregaban en el Abbey National Bank, en el 219-229 Baker Street, que se resistió a ceder ese privilegio hasta su mudanza.

El primer piso de Baker Street alberga el dormitorio del detective y su despacho; en el segundo piso los dormitorios del Dr. Watson y el ama de llaves Mrs. Hudson, y en el tercero varias figuras de cera que recrean desde el letal Moriarty, enemigo jurado de Sherlock, hasta personajes que figuran en los relatos de Conan Doyle. Lo paradójico es que la casa del personaje de ficción corrió mejor suerte que la de su creador: Undershaw, la mansión donde residió el escritor en Surrey, y donde escribió obras emblemáticas como El Sabueso de los Baskerville, existe todavía en el sur de Inglaterra pero nunca prosperaron los planes para convertirla en museo.

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