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Ecuador, donde manda la naturaleza

El país se posiciona como un destino en ascenso. En cinco días se puede conocer Quito, Patrimonio de la Humanidad, y el Parque Nacional Yasuní, un lugar con una biodiversidad arrolladora.      

Ecuador cumple ampliamente con las expectativas del viajero que cambia lo convencional por la búsqueda de nuevos destinos, y que apunta a descubrir la cultura, los sabores y las costumbres del lugar mediante la participación en actividades creativas que se traducen en nuevas experiencias.

En un viaje de cinco días se puede vivenciar el perfil cultural del país, conocer su legado religioso, explorar sus sabores y visitar lugares del oriente ecuatoriano a orillas del río Napo, allí donde nace el río Amazonas.

Quito, capital cultural

Situada a 2.850 msnm, la ciudad histórica fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1978. Es una de las capitales mejor conservadas de Latinoamérica, y por las fachadas de sus construcciones coloniales y sus casi 60 iglesias (entre conventos y monasterios) fue nombrada “el claustro de América”.

Una de las más relevantes es la Basílica del Voto Nacional, cuya construcción data de 1892 y aún se encuentra inconclusa. Es de estilo neogótico y en su interior posee frescos y vitrales. Sus torres alcanzan los 83 metros, y desde sus miradores se accede a una panorámica increíble de la ciudad, con la cadena montañosa de fondo.

En el caso de la Catedral Metropolitana de Quito (1562), cuya fachada es una de las más fotografiadas, fue construida con una mezcla de estilos arquitectónicos (barroco, neogótico y rococó) y tiene miradores dirigidos hacia el Centro Histórico.

La mayoría de los edificios poseen iluminación nocturna y en las calles está la movida de bares, restaurantes y entretenimiento. El paseo de rigor es visitar la Ciudad Mitad del Mundo, donde se encuentra el paralelo 0°, con una edificación y una línea amarilla que separa la zona norte del sur.

Sobre ruedas

Lo nuevo en Quito es recorrer las calles en scooters eléctricos. Navel Expedition organiza circuitos en grupos de aproximadamente seis personas, con la ventaja de acceder a lugares y calles vedados al transporte automotor. Durante la travesía, guías de turismo relatan parte de la historia de cada lugar y de su gente.

Es posible combinar esta salida con una parada para participar de una experiencia sensorial degustando distintas variedades de café y de cacao (las principales exportaciones del país). Baristas idóneos explican cuáles son las maneras de preparar una buena taza de café y como complemento dan información sobre distintos tipos de chocolates.

Camino a la selva

Otro destino destacado de Ecuador es el Parque Nacional Yasuní, en la región de la Amazonia: con más de un millón de hectáreas, es uno de los lugares con mayor biodiversidad del planeta.

Desde Quito, el trayecto dura varias horas. Las alturas dan paso a la zona de selva y en el camino sorprenden joyas naturales como la cascada Mágica sobre el río Malo, la cascada San Rafael y el volcán Reventador. El almuerzo se hace en pequeños paradores en la ruta.

Al llegar a destino, en la Hostería Belén (situada junto al parque) espera una sorpresa, ya que las habitaciones están armadas en containers reciclados con todo el confort: camas cómodas, baños completos y un estar compartido, piscina climatizada y jacuzzi externo, a orillas del río Napo.

Los sonidos del silencio

Adentrarse en el Parque Nacional Yasuní en una embarcación guiados por Raúl, un integrante de la comunidad El Pilchi (kichwa), es una experiencia mágica. Diversos senderos permiten apreciar la variedad de flora y fauna del parque (donde se destacan monos y loros). En ese entorno, un mirador de casi 50 metros invita a observar las copas de los árboles y los animales que allí habitan.

El silencio favorece la conexión con los sonidos de la selva: las aves, el movimiento de las hojas y el ambiente en estado vivo. Raúl cuenta que su comunidad, de casi 230 integrantes, tiene como misión cuidar el lugar en donde viven y preservar las especies, porque la selva es para ellos un gran mercado en el que consiguen alimentos y también remedios. Valoran recibir turistas, no sólo por una cuestión económica sino también porque colaboran en la conservación de la selva sin tala, un beneficio para futuras generaciones.

En la comunidad, Berta recibe a los viajeros con té de guayusa, una infusión amarga que funciona como energizante y como digestivo. En el sitio hay artesanías y también se puede degustar maito de bagre, yuca, chocolate blanco, palmito de chonta, maduro, plátano y mayón al palo (la larva de la chonta), acompañados por la típica chicha que ella misma prepara.

En el regreso a la hostería, un atardecer rojo regala la última postal.