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Descubrí el mundo místico de Rajastán

Palacios y leyendas, ciudades rosas y azules, historias de príncipes y antiguos templos se abren paso en esta región de la India que enamora a los viajeros.

Por Matías Planas (Especial).

India, uno de los destinos más exóticos e increíbles del mundo, no deja indiferente a nadie. Es un país en el que todo puede pasar y en el que, de hecho, todo pasa. Sus calles son una aventura en la que conviven millones de personas, carros, vacas, ruidos y colores. Caminar por sus rincones genera ese sentimiento de intensidad y vértigo que nos hace sentir vivos.

Rajastán, que traducido al español significa “tierra de reyes”, hace honor a su nombre con majestuosos palacios construidos en épocas de leyendas, que se mezclan con un entorno tan caótico y desprolijo como fascinante.

Se trata del estado más grande del país y limita al oeste con Pakistán. Una de sus joyas, el desierto de Thar o el Gran Desierto Indio, le da forma a su carácter de color dorado, como las dunas de arena al atardecer.

Jaipur, conocida como “la ciudad rosa”, no sólo es la capital del estado sino también la puerta de acceso para poder explorarlo. Pintada de ese color para simular la arenisca, sus fachadas se han transformado en parte de la identidad del lugar, ya que simbolizan la hospitalidad de sus habitantes.

Allí, templos y palacios presentan una arquitectura exquisita: tanto el Palacio de la Ciudad, perteneciente a la nobleza Raijput, como el conocido Palacio de los Vientos, entre otros, son paradas obligadas. Por otro lado, el sitio de observación astronómica Jantar Mantar, más parecido a una construcción diseñada por Escher que a un observatorio histórico, también merece una visita.

Muy cerca de la ciudad, en su antigua capital, se alza el fuerte Amber. De una construcción relativamente sobria en su exterior, sorprenden el buen gusto y la sensibilidad aplicados en sus interiores.

DATOS. Información útil para descubrir Rajastán.

Otras joyas

Hay mucha vida más allá de Jaipur. La pequeña ciudad sagrada de Pushkar, por ejemplo, se destaca por albergar uno de los pocos templos dedicados al dios Brahma, lo que la convierte en un importante centro de peregrinación del país. Sus calles, tranquilas y pacíficas, invitan a caminar alrededor del lago y los milenarios ghats (escalinatas que se usan con fines sagrados y cotidianos) custodiados por antiguos templos de los que brotan la música y los cantos de los fieles.

Otra postal recomendada de la zona es Jodphur, también llamada “la ciudad azul”. La segunda ciudad más grande del estado debe su apodo al color de sus casas, que en un principio era aplicado sólo a los hogares de los brahmanes (miembros de las castas tradicionales de la India) pero cuyo uso después se fue extendiendo.

Para recorrerla sólo hay que dejarse perder por sus callejuelas intrincadas, sus mercados, sus templos y sus patios y descubrir su personalidad con sabor a magia y poesía. Como esos destinos pequeños y mágicos que aparecen en el momento justo, Udaipur es la excusa perfecta para descansar los ojos, los sentidos y el alma entera ante una India excitante pero también agotadora. Ciudad serena y tierra de maharajás (príncipes), el Palacio de la Ciudad y su museo son una buena alternativa para adentrarse en su mundo. A la hora de la puesta del sol, los restaurantes en las terrazas de los edificios se transforman en los mejores sitios para terminar el día.

Finalmente, Jaisalmer, probablemente una de los puntos más hermosos de la región, es la puerta de acceso al desierto de Thar. Su corazón, inalcanzable a simple vista, descansa altivo en la cima de un peñón rocoso. El Fuerte de Jaisalmer domina a la ciudad, a la vez que le otorga ese carácter tan propio. Desde aquí es posible adentrarse en las arenas de Thar en una excursión a lomo de camello. Dormir en la noche solitaria y pura del desierto bajo un techo de estrellas infinitas es uno de sus máximos placeres. 

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