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Dejarse seducir por el caos

Algunos viajes entusiasman más que otros con su atmósfera de sueño y de mito. Un viaje a la India es así, sin importar si es la primera vez o no. Es imposible no dejarse llevar por la espiritualidad latente, los colores, los aromas, la seducción del caos.

Por Mari Campos (Especial).

Mi arribo a Delhi fue durante la madrugada, que es cuando llegan y salen casi todos los vuelos internacionales del nuevo aeropuerto de la ciudad. La sorprendente organización de la estación aérea y la calma en el tránsito hasta el hotel en ese horario, en nada se parecían al movimiento ruidoso de la ciudad en la cual me desperté pocas horas después.

Al igual que muchas otras ciudades, Delhi es un torbellino. Allí viven 25 millones de personas, entre indios y extranjeros; es la segunda ciudad más poblada del mundo, detrás de Tokio. El tráfico en sus calles y avenidas es casi un tema para estudio de la ciencia: autobuses, autos, motocicletas y tuk-tuks (pequeños vehículos de tres ruedas con asiento para pasajeros), dibujan una coreografía fuera de control que se completa, de manera increíblemente exacta, al final. En Old Delhi hay que sumar también en esa ecuación a peatones con prisa (¡muchos!), rickshaws (vehículo ligero de dos ruedas que se desplaza por tracción humana, bien a pie o a pedales) y vacas.

La ciudad de Delhi está dividida en dos partes muy distintas: New (Nueva) Delhi, la ciudad imperial construida por los británicos en el siglo 20, y Old (Vieja) Delhi, la capital de la India musulmana del siglo XVII al 19. El contraste entre ambas es muy claro: de las amplias avenidas, rotondas, grandes zonas verdes y muy modernos edificios de la parte nueva, al tráfico más caótico, estrechas calles llenas de gente, tuk-tuks, motos, rickshaws, vacas, autos, vendedores y cargadores de frutas, en la ciudad antigua.

Old Delhi es buena síntesis de la India que está en los libros, guías y revistas, más caótica; con muchas mezquitas, y monumentos y fortalezas por todas partes. Allí, tener una guía es muy recomendable.

Una buena visita por el casco antiguo por lo general comienza en la Jama Masjid, la mezquita real construida por el emperador mogol Shah Jahan (el mismo que construyó el Taj Mahal) en 1656, considerada una de las más grandes y bellas del mundo, en piedra arenisca roja y mármol blanco.

Allí cerca, Chandni Chowk, la calle principal de la zona comercial más tradicional de la ciudad, es superpoblada, caótica y al mismo tiempo, imperdible. Su mercado existe desde hace más de tres siglos y vende de todo, desde especias y tejidos con oro, hasta perfumes. 

El área de Khari Baoli es el bazar de especias más grande de toda Asia, con algunas familias que mantienen allí sus negocios por más de un siglo. Caminar entre sus negocios, tan perfumados, hablando sobre los beneficios de tan distintas especias con sus vendedores, es una experiencia sensorial inolvidable. 

A bordo de un rickshaw se llega rápido a Katra Neel, el área textil de la gigantesca zona comercial de Old Delhi; al Fuerte Rojo, también conocido como Lal Quila, el monumento más grande de Delhi, con casi dos kilómetros de paredes, o al Chatta Chowk, perfecto para los que buscan joyería, bolsas bordadas y antigüedades.

El mercado de libros Daryaganj abre los domingos y es un verdadero paraíso para los amantes de los libros y papeles viejos. Pero una de las atracciones más impresionantes de Delhi es la Tumba de Humayun (o Humayun ka Maqbara), del emperador mongol construida en el siglo XVI y la primera en utilizar la piedra arenisca roja en tal escala. Patrimonio de la Unesco, inspiró muchas innovaciones arquitectónicas en el país, incluso el Taj Mahal.

Otro templo emocionante es Gurudwara Bangla Sahib, el templo sikh también visitado y venerado por los hindúes. No es el más grande ni tampoco el más bello, pero los sonidos, cantos y la lectura de las Sagradas Escrituras se hacen muy interesantes. Alli también opera una gigante cocina para la comunidad menos favorecida todos los días. 

Lo moderno de la capital

Nueva Delhi ha sido capital de, por lo menos siete culturas diferentes, que incluyen mongoles, turcos, persas y, por supuesto, británicos, y la curiosa mezcla es evidente, por ejemplo, en la arquitectura de la ciudad. Es en esa parte donde se encuentra la mayoría de los hoteles, centros comerciales, restaurantes y la “movida” nocturna. Allí también están los centros de poder, como todas las embajadas extranjeras, el Palacio Presidencial y los hermosos edificios del Parlamento, en una interesante mezcla de estilos, victoriano y moderno. Casi al lado del Parlamento se ubica el arco de la Puerta de India (India Gate), monumento a los soldados indios muertos en combate.

El cierre perfecto de un día de paseo por la ciudad es la Qutab Minar, un minarete de más de 70 metros de altura y cuyo trabajo hecho a mano para decorar la estructura, se conserva prácticamente intacto hace casi mil años. La luz del atardecer hace el lugar todavía más increíble. 

Allí también está Quwwat-ul-Islam, la primera mezquita que se construyó en la India. En una de sus puertas, un panel informa, provocativamente, que fue construida con material de la demolición de 27 templos hindúes. 

Además, vale saber que este año la capital de India desplazó a Pekín como la ciudad más contaminada del planeta, según la Organización Mundial de Salud (OMS) pero esta megalópolis también se destaca por la cantidad de zonas verdes en su área, una de las más grandes de Asia, gracias a sus preciosos parques, como el Hauz Khas District Park, el Nerhu Park y los Lodi Gardens, que valen la visita. 

Y tener un oasis propio para regresar al final del día, también es fundamental: el mío era el estupendo hotel The Lodhi, ubicado en Nueva Delhi pero con vista hacia la Vieja Delhi. 

El hotel, antiguamente parte de los Amman Resorts, es hoy administrado con esmero por la pareja Robyn Bickford y Manav Garewal, que cuidan de cada detalle de la estadía, desde las reservas para el spa y los restaurantes, hasta el servicio de despertador, que incluye una taza de café latte en la habitación a la hora marcada. 

Inolvidable.

La India budista

No sólo de los dioses del hinduismo vive la India. El país es también el lugar donde surgió el budismo y sus sitios de peregrinación atraen cada año turistas de las más distintas partes del mundo. 

El estado de Bihar es el más importante en ese sentido. Sitios como Bodhgaya y Nalanda son sagrados para el budismo y conservan una India muy distinta, llena de templos, gigantes figuras de Buda y una cantidad impresionante de monjes. Allí se ubican ruinas de los sitios donde Buda habría tenido su iluminación y también donde habría hecho sus primeros discursos. 

Además de los preciosos sitios sagrados para el budismo, Bodhgaya y Nalanda también conservan el alma de la llamada Old India, esencialmente agrícola y todavía no contaminada por el turismo masivo. 

En la provincia de Uttar Pradesh también se encuentran sitios sagrados para el budismo. Muy cerca de la hermosa e impactante Varanasi se ubica Sarnath, otro importante y emocionante conjunto de ruinas budistas. 

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