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Cuba: la cambiante realidad

Las expectativas son muchas, entre ellas, si la llegada de los cultores del business are business (negocios son negocios) afectará de manera negativa al régimen castrista, ya aggiornado por las reformas introducidas por Raúl. La estimación general es que no lo hará, pero tienen sus dudas.

Por Redacción LAVOZ.

Mientras el mundo miraba azorado cómo el papa Francisco conmovía la tropical tranquilidad de la isla y Raúl Castro desembarcaba en Washington para estrechar la mano de Obama, los cubanos repetían cada vez que se les preguntaba qué creen que va a pasar: “Hay que esperar”.

Las expectativas son muchas, entre ellas, si la llegada de los cultores del business are business (negocios son negocios) afectará de manera negativa al régimen castrista, ya aggiornado por las reformas introducidas por Raúl. La estimación general es que no lo hará, pero tienen sus dudas.

Por empezar, en el Parque Central es llamativa la cantidad de jóvenes cubanos que manejan diestramente sus celulares Samsung e iPhone (muchos de estos), como en cualquier gran ciudad del resto del mundo.

El interés por hacer negocios en la isla es muy grande. Por ejemplo, en la ciudad de Matanzas, ubicada entre Varadero y La Habana, ya se ha reservado un extenso predio donde se instalará una embotelladora de Coca Cola que, por supuesto, dará trabajo a muchos cubanos.

Esos detalles son los que marcan las contradicciones: por un lado la expectativa por la generación de riqueza y empleo, y por el otro, las reservas por la inminente “invasión” cultural.

Callecitas. Arquitectura y al fondo, un flamboyán, árbol del Caribe.

Así y todo, se prevé que la demanda que generará el mercado estadounidense cuando termine el bloqueo y puedan viajar como turistas, sobrepasará la capacidad de la isla ya que actualmente Cuba recibe alrededor de dos millones de visitantes al año y sólo Estados Unidos aportaría una cifra igual. 

Del total de turistas que recibe hoy la isla, la mayoría son canadienses y de ellos, los franco hablantes; en segundo lugar se ubican los cubanos que viven en el exterior y ahora pueden viajar a visitar a sus familias, y luego los europeos. Argentina ocupa el noveno lugar entre los mercados emisores.

Luego del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países, para ingresar a Cuba los estadounidenses deben llenar un formulario, algo así como una declaración jurada, que consta de 11 ítems para viajar, como intercambio cultural, religioso, por estudios, por arquitectura, etcétera, pero ninguno contempla el turismo.

Pero, hecha la ley hecha la trampa: entran por cualquiera de esos ítems y se dedican a hacer turismo. Consultamos a un cubano: ¿Cómo reciben a los turistas norteamericanos? La respuesta fue clara y contundente: “Con el mismo calor que al resto, para nosotros son bienvenidos”.

Un guía particular

Tuvimos la suerte de poder contar con un guía muy particular, amigo de uno de los compañeros de viaje: Ernesto Cantelli González, un hombre de la Revolución, profesor de Filosofía, poeta y profundo conocedor de La Habana y sus secretos.

En su compañía, recorrimos las calles, viajamos en una guagua repleta de cubanos y descubrimos rincones imperdibles de la ciudad.

Con Ernesto supimos que en esa tierra “se respira erotismo”, cuando hicimos referencia a la particular y cálida manera de mirar y relacionarse con los visitantes que tienen cubanas y cubanos y que se puede confundir con una actitud insinuante. Si la mucama del alojamiento le dice “mi amol, me hubieses avisado y te enjabonaba la espalda”, significa eso y no otra cosa.

Y Ernesto también nos enseñó que el pueblo cubano es, de por sí, poeta en potencia; culto; educado; servicial, y sumamente amistoso, de lo cual podemos dar fe. Pero, sin duda, también es orgulloso de su pasado y esperanzado por su futuro.

La Habana, la ciudad de las columnas de Alejo Carpentier, está cada vez más bella, con sus viejos edificios restaurados y puestos en valor, aunque todavía quedan muchos descascarados que esperan su turno, mientras en el Malecón ondea la bandera cubana en la Tribuna Antiimperialista, frente a la de los Estados Unidos, en la Embajada de ese país, como muestra de que los pueblos pueden convivir pacíficamente, más allá de las ideas.

La bandera de Estados Unidos ondea en la Embajada, sobre el Malecón.

Algunos tips cubanos

Transporte: el transporte público en La Habana es un problema. Las “guaguas” (ómnibus) no tienen un horario muy ajustado (cualquier semejanza con la realidad local es pura casualidad). Para los visitantes, lo más aconsejable es el Habana Bus Tour, bus turístico que cuesta 5 CUC por día y tiene el sistema drop on drop off y tres rutas que recorren toda la ciudad. Luego están los taxis, oficiales y los privados, que pertenecen a cubanos que tienen auto y lo utilizan como transporte. Están autorizados. Conviene acordar la tarifa antes de subir, pero no son caros.

Moneda: la moneda oficial para los turistas es el CUC o peso cubano convertible, que cotiza unos centavos por debajo del dólar y lo mismo que el euro. O sea, por un 1 dólar americano le darán 0,87 CUC (cotización variable), pero si cambia 1 euro le darán 1,11 CUC o el valor que tenga la moneda europea ese día. Por ningún motivo cambie en la calle (se lo ofrecerán), porque le pueden dar pesos cubanos no convertibles y valen mucho menos que el CUC. Hay muchas casas de cambio o Cadeca donde le cambiarán al precio oficial y le entregarán billetes y monedas auténticas. El mismo cuidado tiene que tener al hacer alguna compra, que el vuelto se lo den en pesos convertibles o CUC. 

Agua: no hay que tomar agua de los grifos, solamente agua embotellada. Si en la calle le ofrecen un “juguito natural”, mejor no consumirlo, porque puede estar hecho con agua no potable. 

Repelente para mosquitos: lleve alguno de los productos que se venden con ese efecto. Sobre todo si va a ir a la playa y es temporada de lluvias, proliferan los mosquitos y hay dengue.

Ropa: es conveniente usar ropa liviana, bien veraniega, en lo posible de algodón; gorra o sombrero; calzado cómodo (mujeres, abstenerse de los tacos, porque La Habana tiene muchas calles empedradas), y es recomendable llevar un rompevientos liviano, en lo posible de tela impermeable, no de nailon, aunque estos también sirven pero son más calientes. Es para usarlo en caso de lluvia, que son comunes, cortas y copiosas.

Estatua de Ernest Hemingway en El Floridita, donde el escritor tomaba sus daiquiris.

Un paladar muy especial

La noche de La Habana tiene algunas sorpresas, pero hay que descubrirlas o tener a alguien cerca que las revele. Ernesto, nuestro guía personal, nos llevó a comer a Doña Carmela, un restaurante familiar, muy especial y espectacular.

Su dueña, Beatriz, es una argentina con una historia tan rica como la comida que sirven, pero deberá lograr primero su empatía para que se la cuente. Vale la pena intentarlo.

La cena, servida por dos bellas cubanas, Indira y Yaneisi, constó de platos como “ropa vieja”, un guisado con carne vacuna, arroz moro, frijoles y ensalada; mariscada, langosta, camarones y cangrejos, y moros y cristianos, arroz blanco con porotos negros. 

Todo acompañado con cerveza cubana, Cristal (suave) y Bucanero (más fuerte). Fue la noche que pagamos más caro: 30 CUC cada uno (U$S 34). 

El lugar es en Comunidad 1, casa 10, El Morro La Cabaña. El taxi le costará alrededor de 10 CUC. 

E-mail: beatrizbarletta@yahoo.com

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