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Cuaderno de viaje

Cuba: 3 claves para aprovechar la vida local por fuera de los “all inclusive”

Viajar a la Cuba turística es una bella experiencia, pero conocer los secretos de la Cuba local la hará aún más inolvidable.

Por Noelia Maldonado.

La primera vez que alguien llega a la isla tiene la sensación de viajar en el tiempo y de no entender nada. Hay dos Cubas: una local, vibrante y plagada de misterio; otra turística, empeñada en mitigar las incomodidades que trajo el bloqueo. Elegir esta última no implica dejar de lado la primera. Cuando llegué la primera vez (en 2011), unos amigos cubanos me dieron algunos consejos fundamentales para viajar por la isla y compartir tiempo con los locales.

Clave 1: el transporte. Descubrir cómo usar los “almendrones” o taxis compartidos cambia la cuestión. Dentro de La Habana están los que tienen rutas fijas y por menos de un dólar es posible moverse por grandes extensiones.

La primera vez que me lancé sola a esa aventura había estudiado obedientemente el nombre del circuito. “Suba, ´shica´, suba”, dijo el taxista, apurándome para no darme tiempo a arrepentirme en aquella esquina. Allá fui, conversando con otros tres pasajeros concentrados en llegar a su trabajo. “¿Le parece que tengamos que viajar en estas condiciones?”, me dijeron al verme extranjera. Intenté entender qué estaba tan mal, y tal vez fue la música fuerte de unos pequeños parlantes. Después de pagar pensé que había viajado más cómoda que en el 25 de Ersa lleno. Cuando volví este año, los precios eran los mismos, pero el volumen de la música (cada vez más alto) y el reggaetón en auge hicieron que más de una vez prefiriera caminar. Cuestión de gustos.

La otra opción es la “guagua”, equivalente a nuestros bondis (como un trole, pero 90% más barato). Cuesta unos diez centavos de dólar y los usé decenas de veces para llegar a lugares alejados a los que decidí ir sólo porque tenían lindos nombres.

El desafío se presentó cuando quise usar los taxis compartidos para ir a otras localidades. La parada está regenteada por un grupo mafioso de conductores justo frente a la terminal local, a la que no pueden ingresar extranjeros.

La ubicación es estratégica ya que cuando los colectivos locales colapsan, los habaneros sacan de donde no tienen y se toman estos taxis a precio dólar. Negociar una tarifa es sumamente estresante, pero para destinos más turísticos existen montos fijos: ir a Varadero cuesta entre 10 y 15 dólares, lo mismo para Pinar del Río y el doble para Trinidad.

Los autos antiguos además se pueden alquilar para extranjeros que quieran sentir la emoción de manejarlos (Noelia Maldonado).

Clave 2: las comunicaciones. La gran novedad en la isla este año son las estaciones WIFI. Se trata de lugares puntuales en donde la gente puede usar la conexión a través de una tarjeta que sale unos 2 dólares la hora (cifra altísima para un asalariado cubano). Están en todas las ciudades, los pueblos tienen en sus plazas y los hoteles all inclusive, en sus lobbys. Rara vez funcionan bien debido a la gran demanda. Hoy me arrepiento de no haberles sacado una foto a todos esos canadienses que vi amontonados entre los sillones tratando de conseguir señal en Cayo Santa María.

¿Cómo usarlo? Hay que raspar el cartón para obtener la clave. Con suerte, entra en el primer intento y se conecta. Si no, hay que moverse algunos metros y preguntar a las decenas de personas que están en la misma situación cómo lo hicieron. Lo mejor es encontrar alguien conectado y pegarse al lado.

En mi caso, tras varios intentos fallidos en La Habana para poder dar a través de Facebook con una amiga cubana del interior, decidí hablarle a su casa. Fui a comprar una tarjeta para llamadas, pero tampoco sería una tarea sencilla: primero, no tenía moneda local. Luego, me puse en la cola de un teléfono público que dejó de funcionar, y cuando finalmente me tocó a mí y marqué el código de la tarjeta y el del teléfono, la operadora me dijo que no había servicio. En un nuevo intento me pude comunicar, pero mi amiga se acababa de ir a trabajar y no tenía celular. Cosas que pasan en Cuba.

Clave 3: La comida. Desde hace algunos años, con la inclusión de los negocios por cuenta propia, en Cuba se pueden encontrar sabrosísimos restaurantes de comida local a precio muy bajo, llamados “paladares”. En el centro un taxista nos llevó una vez a un sucucho que quedaba entre dos casas estilo conventillo y si bien tuvimos un poco de miedo, cuando llegamos al final encontramos un mundo local vibrante con habaneros vestidos para el trabajo y un menú en el que había hasta carne de vaca (prohibida en la mayoría de los lugares). La dueña nos hizo pasar al interior de su cocina para preguntarnos el tamaño de las porciones y cómo queríamos los platos.

En la misma Habana fuimos a otro paladar repleto de estudiantes, cuya modalidad era sentarse en mesas compartidas y llevar hacia la cocina los platos luego de usarlos. La comida era fantástica y los jugos para acompañar, también.

Para entender el funcionamiento de estos paladares: una vez en Santa Clara llegamos a uno un grupo de jóvenes latinoamericanos y nos sentamos para ordenar langosta y arroz. Cuando vimos la carta, que era muy exclusiva y no estaba a tono con la facha del lugar, decidimos levantarnos. Inmediatamente se nos acercó la dueña y nos preguntó qué pasaba. Le dijimos que éramos estudiantes y no podíamos pagarlo. Entonces nos dijo: “Mushashas, para los latinos tenemos otra carta en moneda local, siéntense que son bien recibidas, son nuestras invitadas”.

Cuando nos trajeron la comida no podíamos creer estar saboreando langosta de la mejor por escasos tres dólares. Envalentonadas brindamos y pedimos el postre.

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