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Cuaderno de viaje

Cuaderno de viaje: España con un fondo de agua

Fragmentos de situaciones y conversaciones en las costas de España.

Por Florencia Vigilante (Especial).

–Estamos en el cielo, ¿eh? Mira las nubes.

Lo dijo una nena de unos ocho años a su mamá a bordo del barco que va de Cangas de Morrazo a las Islas Cíes, en Galicia (España). Las nubes eran una neblina espesa que parece sentir un especial apego por ese lugar, y su cielo era el mar.

Detrás de esas cortinas húmedas se esconden unas islas híbridas que de un lado muestran acantilados filosos y del otro, bosques que se estiran hasta hundir sus raíces en playas vírgenes. El paisaje puede engañarlo, viajero argentino, si asocia sus arenas blancas y aguas turquesas con las agradables temperaturas del Caribe: en pleno verano boreal, sumergirá los pies y decidirá que es mejor tostarse en la orilla.

En ese momento, mientras esté tumbado en la arena, se percatará de que las nubes bajas siguen allí, atravesando el cielo en líneas rectas e interrumpiendo la postal. Seguramente los romanos también las vieron mientras batallaban en sus costas. Y, como ellas, parecían tener especial afecto por estas tierras, a las que no dudaron en llamar las “islas de los dioses”.

Criaturas del mar

En Alcossebre, un pueblo ubicado en los límites de la Comunidad Valenciana, el Mediterráneo adopta la forma de una pileta: es de esos lugares en los que puede caminar varios metros y no encontrará olas, el agua cálida le llegará como máximo hasta las costillas y podrá percibir cómo el sol le cose venas de luz en las partes sumergidas del cuerpo mientras se le arrugan los dedos por no querer salir.

Los mares-pileta son ideales para las familias, lo que da lugar –si presta atención– a múltiples conversaciones curiosas dentro del agua. Una mañana de junio, por ejemplo, abuelo y nieto se encontraban inmersos en una charla sobre los delfines de África. El chico, inquieto, preguntaba si iban a aparecer, y la respuesta del abuelo incluía escenas en las que fumaba junto con los animales porque acudían a él para pedirle cigarros.

En una foto de Robert Capa, Picasso juega con su hijo en el mismo mar, pero en otro país.

El hombre del bigote

Cuando piense en el Mediterráneo, probablemente se cuele en su cabeza (aunque no lo sepa) alguna imagen de Cadaqués. Este pueblito de la Costa Brava, en Cataluña, es una sucesión de construcciones blancas, puertas y ventanas azules, escaleras y calles de piedra, y flores de Santa Rita colgando de los balcones y vistiendo paredes.

En este rincón de España, el que habla es Dalí. En la zona de Portlligat levantó su nido, una casa fiel a su estilo excéntrico en la que vivió junto con su musa, Gala. Un oso disecado con collares de colores en la entrada, una habitación con forma de caracol marino en la que se escucha el eco, una jaula mínima en la que el artista colocaba un grillo (porque le gustaba quedarse dormido con el sonido que emitía, según explican los guías) y una pileta con pequeños toreros y carteles de Pirelli son algunos de los detalles con los que podrá deleitarse (o no) durante la visita.

A través de la ventana sin vidrio de una de las terrazas se distinguen los veleros suspendidos en el agua. Y si desciende hasta la costa, verá a los pescadores retocando sus barquitos con pintura mientras se hacen chistes en catalán. No es raro que algunas de las naves estén adornadas con el nombre de Gala.

Pero el espíritu del hombre de los bigotes raros no sólo vive en ese espacio: en una de las playas más céntricas de Cadaqués, su estatua vigila la arena gruesa, las grandes piedras que se entierran en el agua azul y los barcitos de la costa. Dicen que algunos pobladores de toda la vida no estuvieron de acuerdo con que se colocara, y que el gobierno local decidió soldarle el bastón a la mano frente a los sucesivos robos de los que fue víctima.

Flotar de espaldas en el agua fría de la Costa Brava mientras las gaviotas revolotean sobre el campanario de la iglesia quizás le ayude a entender por qué Dalí eligió este pueblito para instalarse y darle vida eterna a sus rincones a través de sus cuadros.

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