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En Crucero

El crucero de sabor latino que te invita a navegar por el Caribe

Voy de Viaje hizo un crucero con características especiales para los argentinos. Crónica de un paseo lleno de color local, buena comida y mucho para ver.

Por Federico Giammaria (Especial).

Por un momento el sonido del barco, el ronroneo de un gato gigante, lo cubre todo. Sobre el pasillo del piso siete puede verse a varias personas. La mayoría tiene la mirada puesta en el azul profundo, oscuro y brillante del agua que rodea la nave. Algunas están sentadas en sillones de madera, sobre gruesos almohadones tan azules como el océano. Viajan en el crucero Princess, que acaba de zarpar desde Fort Lauderdale, en Estados Unidos, y va rumbo a las Islas Caimán. La travesía acaba de comenzar.

La idea de un crucero por el Caribe puede tener varias formas. Postales de aguas transparentes, barco de lujo y miles de pasajeros con camisas floreadas tomando tragos exóticos. Todas esas fotos son reales y pueden encontrarse en este viaje. Pero hay más.

Entre los 3.140 pasajeros del Princess, una rubia trabaja con su laptop conectada a internet de alta velocidad; un hombre mayor comenta que durmió “como nunca” arropado por el vaivén del mar, y muchos argentinos, con esa impronta tan especial, esperan conocer el “sabor latino” de la travesía.

Voy de Viaje fue invitado por Discover The World Argentina, en representación de Cruceros Princess, para realizar un viaje entre el 19 y el 28 de julio pasado. La iniciativa se llamó “Sabor Latino” y desplegó todos los ingredientes de un producto que busca abrirse paso en el mercado latinoamericano (en especial, en Argentina). Para eso, la oferta contó con tripulación que, en un gran porcentaje, hablaba español, shows de stand up y de magia hechos por argentinos, y hasta especialidades culinarias pensadas para nuestros paladares.

Algunos detalles para empezar la crónica: aunque sea una obviedad, a un crucero se llega siempre un día antes. Especialmente si el viaje comienza en otro país, como Estados Unidos. Y es que el barco no dará una segunda oportunidad: a diferencia de los aviones, en el negocio de los cruceros no hay una nueva chance para que podamos abordar otra nave.

Así que Voy de Viaje estuvo en Fort Lauderdale el viernes anterior a la partida (con vuelo directo desde Córdoba), con tiempo para ir de compras al Sawgrass Mall, el outlet más grande del mundo.

Sigamos. El primer día es día de mar. Se nos sugiere “perdernos en el barco” como una manera de familiarizarnos con una mole de 18 pisos. Caminar por los diferentes ambientes, cruzar de babor a estribor y de la popa a la proa. Ubicar el buffet (lugar clave durante el viaje) y los ocho restaurantes, las cuatro piletas, el mostrador para los clientes y también el propio camarote.

Y se nos aconseja (y lo aconsejamos) probar la comida. Lo salado y lo dulce. De a poco, pero sin privarse de nada. La cocina del Princess es una de las mejores ofertas del viaje. Liderada por el chef argentino Gustavo Schneider, no hay día en el que un nuevo plato te deje pasar sin que le des una chance.

Los destinos 

El primer destino es Islas Caimán, un paraíso de arena blanca, agua turquesa y bancos con cuentas off shore. Obviamente, nadie se fue a ningún banco y todos enfilaron hacia las playas más promocionadas. Aquí vale una aclaración: el Princess ofrece excursiones que incluyen transporte y visita a varios sitios. En este primer caso, decidimos ir por libre, contratar un taxi y vivir la aventura del primer desembarco.

La elección es la apropiada. Playa a unos 20 minutos en una van compartida con otros pasajeros. El precio se acuerda antes de subir. El resto es pasar el día tumbado en una reposera, a tiro de un bar que no para de despachar de todo. Ojo: hay que volver al barco con suficiente tiempo para abordar y seguir el viaje. Si no se llega a horario, uno puede quedar varado y regresar podría convertirse en una odisea.

Otra vez al mar, ahora rumbo a Roatán, una isla de Honduras. Esta vez, la visita es más esquemática. El Princess atraca en un puerto que se conecta directamente con un parque lleno de negocios de suvenires y con una playa preparada sólo para cruceros. No hay nada más que eso (excepto la vegetación que cubre las pequeñas montañas de la isla). Los lugareños saludan en inglés. Sólo una linda playa acotada a una especie de bahía pequeña.

Desde allí al barco se puede regresar caminando, así que no hay apuro. Luego de otro día de playa de postal, emprendemos la navegación hacia Belice, uno de los países americanos menos conocidos. Su idioma es el inglés, tiene 400 mil habitantes y un puerto bonito y pequeño.

Atención: bajar sin contratar una excursión obligará a recorrer algunas cuadras, por lo que habrá que extremar los cuidados. Como en cualquier capital de Latinoamérica.

Otra vez a buscar un transporte local, con una recomendación: “Vayan a cayo Caulker”. Esta vez no hay taxi sino una lancha en la que viajamos durante 50 minutos hasta una isla pequeña, con una playa surfer. ¿Valen la pena los 28 dólares del ticket? Sí, sobre todo porque en pocos lugares del Caribe hay un trampolín de cinco metros para saltar al mar. 

México

El último destino del barco es otra isla: Cozumel, en México. Allí, hacemos una excursión que contrata Princess y que incluye visita por Tulum y luego un paseíto por Playa del Carmen. La posibilidad de llegar hasta las ruinas mayas es uno de los mejores momentos del viaje. Aunque el sargazo le haya bajado algunos puntos a esos lugares.

El último día es otra vez en alta mar. Otra vez el ronroneo. La gente vuelve a las galerías de piso de madera, amplias y larguísimas. Se sienta a mirar hacia el infinito, viendo pasar la espuma blanca del agua. Ha sido un viaje de ensueño.

Los exclusivos del Princess

En el Caribbean Princess, hay varios recursos exclusivos para los pasajeros del crucero. El primero es una aplicación (en realidad, son varias) para el celular que permite hacer todos los trámites antes de abordar el barco, y evitar la espera frente al mostrador de entrada. Se baja del Play Store o del Apple Store.

Una vez que se descarga la app al teléfono, hay que seguir un par de pasos (cargar los datos personales, escanear el pasaporte) y listo. Lo que queda, una vez que se llega al mostrador de embarque, es despachar las valijas y retirar otro elemento exclusivo del crucero: una medalla “mágica”. 

¿De qué se trata? De un dispositivo metálico, con un chip personalizado para cada pasajero del barco con el nombre y la fecha. Con eso incorporado como un reloj pulsera (en el barco se venden los soportes especiales) se puede abrir la puerta del camarote, comprar una cerveza o pagar una excursión. 

 
 
 
Ver esta publicación eep, 2019 a las 10:59 PDT

Datos útiles

DURACIÓN Y PRECIO: el crucero Caribe Oste, en el barco Sky Princess, consta de siete noches y visita Gran Caimán, Roatán (Honduras), Belice y Cozumel (México). La tarifa final es de U$S 1.050 dólares por persona. Incluye wifi.

DISTINCIÓN: los barcos Princess Cruises están galardonados como “Top 3 cruise line in the Caribbean” por Cruise Critic’s 2019 Cruisers’ Choice Destination.

PLUS: las camas son las conocidas “sleep bed” desarrolladas por el experto en sueño Michael Breus. Y para los niños está el Camp Discovery, un centro que cuenta con juegos de agua interactivos y una pileta splash.

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