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Imperdibles

Cómo es la fábrica de fernet, en Milán, la "meca" de los cordobeses

Un imperdible recorrido por la fábrica donde nació la bebida insignia de los cordobeses, en Milán, Italia. Cuenta con un museo donde Argentina tiene un sector exclusivo. 

Por M. Carla Oller (Especial).

Entro a la fábrica por una puerta lateral. El guardia me pide mi nombre y hace señas de que pase. En un pequeño recibidor espero unos minutos hasta que entra otro joven. Nos miramos, sonreímos con complicidad. Llega Marco, nuestro guía, exdirector de la comunicación publicitaria de la compañía y creador de este museo que estamos por conocer.

En el medio de Bovisa, un barrio obrero de Milán, se encuentra la única fábrica activa de la ciudad. Por fuera, la gran mole no cambió su aspecto desde inicios del 1900, aunque los grafitis la intervinieron un poco y el ocre de sus paredes le da un aspecto de abandono. En la esquina, una leyenda en vertical: Fernet Branca.

La fábrica es visitada por miles de cordobeses, que son tratados de manera especial. (Francesco Guarino)

Marco nos pregunta qué nos trajo hasta ahí. El joven oriundo de Boloña dice que está visitando a su novia y que es un fanático del “amargo”, pese a que sus amigos lo cargan por tomar cosas de viejos. Yo digo que soy argentina y que viví muchos años en Córdoba. Se desata la locura: Marco grita, ríe e intenta contarle al joven italiano lo que Fernet Branca significa en Argentina, y especialmente en la Docta.

Está extasiado. “Acá se producen 20 millones de botellas de toda la gama de Branca, 12 millones de fernet, las cuales se exportan a todo el mundo. En Argentina producimos 55 millones de botellas sólo de fernet y para esa plaza”, nos dice, y confiesa: “Bueno, algunas van para Chile”.

Una vitrina enorme contiene cientos de botellas de productos que intentaron imitar al fernet. (Carla Oller)

El joven de Boloña no lo puede creer, me mira y me pregunta si es verdad. Yo asiento. En Argentina, todos los fines de semana Fernet Branca es tendencia en Twitter. En Argentina está la fábrica más grande, y la única además de la de Milán, donde se destila la bebida sagrada. En Argentina hay una provincia que hizo de esta bebida un ritual sagrado.

Oda al fernet

Viejas áreas de la fábrica en desuso fueron reconvertidas para dar lugar al original museo, el único dedicado a un amargo en todo el mundo. Llaman la atención los viejos carteles publicitarios con los que Branca se expandía en sus primeros años. No sólo Argentina, sino también Estados Unidos, coincidiendo con los dos puntos migratorios italianos del siglo XIX. Hoy, en el país del norte, se pueden encontrar más de 10 cócteles preparados con fernet. Eso sí, ninguno con la bebida cola.

Cuadros de los fundadores, una rueda con las hierbas sagradas, carteles, recreación de oficinas, talleres y rincones de la fábrica del pasado hacen de este museo un verdadero templo para los fanáticos del fernet. Ahí están los mamelucos originales de los primeros obreros de Branca, objetos que desataron la locura de varios futbolistas de alto perfil de los equipos locales que, sin éxito, intentaron llevárselos.

Estas son todas las hierbas que, en su medida justa, forman el fernet. (Carla Oller)

También hay una vitrina donde se conservan botellas, de todas las épocas, que intentaron copiar a Branca. Reconocí algunas.

En mitad del museo, la oficina del gerente con una gran botella en la pared. Marco nos cuenta que durante una visita guiada, un hombre se tiró al suelo para sacarse una foto justo en el momento en que el directivo salía de su despacho. Este lo miró a Marco con cara de reproche, y el guía respondió: “Es cordobés”. “Ah, perdón, perdón”, dijo el gerente, y se fue sonriendo. La palabra Córdoba es la que más veces se pronuncia a lo largo de todo el recorrido.

Bien argento

La sección dedicada a Argentina nos recibe con un enorme mural de un vaso de trago alto lleno de espuma. El chico de Boloña se agarra la cabeza. Un águila hecha con botellas de fernet decora la sala mientras y Marco nos muestra más fotos de cordobeses arrodillados rindiendo tributo al animal.

Un poco más adelante llegamos a la Academia, un bar equipado con todos los chiches donde se dan lecciones sobre cómo preparar Fernet Branca, un templo de aprendizaje para todos los expertos en cócteles de la ciudad. Eran las 11 de la mañana, pero Marco insistió en que nos tomemos una copita del digestivo. Intenté rehusarme con mucha cortesía pero el amargo ya estaba servido.

Las bodegas

Bajando escaleras y recorriendo pasillos de una fábrica enorme, podíamos sentir el ruido del tranvía que pasaba por la superficie. Quiso la suerte que ese día se estuviera fabricando Branca Menta. Nos cruzamos con muy pocos trabajadores, ya que la gran parte de la producción se realiza de manera casi automática. Sólo 30 de los 80 operarios de Milán realizan tareas dentro de la fábrica.

Siguiendo el laberinto que solo Marco conoce, llegamos a las bodegas. Grandes barriles de madera añeja, apenas iluminados, almacenan litros y litros de fernet. “A diferencia del brandy, que se lo deja envejecer, al fernet se lo deja madurar”, dice nuestro simpático guía.

El fernet se deja madurar en barriles de madera. (Carla Oller)

El aroma inconfundible de la bebida traspasa el viejo roble y provoca una atmósfera única. Estamos en el corazón de Fernet Branca, donde desde hace 175 años se produce una bebida cuyo perfume es también el perfume de mi cultura, de mi casa, de cada festejo, de cada viernes con amigos.

Volvemos al hall del inicio, nos despedimos y me voy, un poco mareada y muy emocionada. Y eso que a mi no me gusta el fernet.

Secretos de familia

Bernardino Branca era farmacéutico, y junto al médico suizo Fernet, inventan una fórmula de hierbas para curar la malaria y el cólera, dos enfermedades muy comunes allá en el 1845. Sumado a que la mirra, uno de sus ingredientes principales, es un dilatador del estómago, la bebida comienza también a consumirse como digestivo.

El amargo enseguida se hace muy popular y los socios piensan en exportarlo a todo el mundo, de la mano de las grandes migraciones de la época. Pero Fernet desaparece misteriosamente sin dejar rastros, incluso hasta el día de hoy su historia es un gran enigma. 

El éxito del fernet radica todavía hoy en dos secretos: las 27 especies de hierbas -traídas de todas partes del mundo- que se usan para su preparación, y el dosaje de cada una de ellas. Los managers de la empresa conocen las medidas exactas de 22 de esas hierbas, mientras que de las cinco restantes sólo los miembros de la familia Branca guardan el secreto.

¿Cómo hacen en la fábrica de Argentina? Un miembro de la familia viaja un par de veces al año y prepara la mezcla madre. La producción argentina, si bien sigue los estándares de preparación, adquiere esfumaturas propias: el cambio de agua y el alcohol y la utilización de caña de azúcar lo modifican sensiblemente. El fernet argentino es único.

Información útil para visitar el museo del fernet

Cómo llegar.

Desde Córdoba, se llega a Milán por Latam ( escala en Sao Paulo) o por Iberia (escala en Chile y Madrid). Desde Buenos Aires, por Air Europa (escala en Madrid) o Aerolíneas Argentinas y Alitalia (escala en Roma).

Visita al museo.

Está en Via Resegone 2, Milán. Las visitas guiadas son gratuitas pero con reserva previa en el sitio web www.museobranca.it. Son lunes y viernes, a las 10 y a las 15, en inglés o italiano. Para grupos en español, hay que escribir a collezione@branca.it o llamar al +39 02 8513970.

Cómo moverse.

El sistema de transporte de Milán permite utilizar, con el mismo billete, todos los medios de transporte de la ciudad. Cada ticket cuesta 2 euros y tiene 90 minutos de validez.

Paseos.

Este año se cumplen los 500 años de la muerte de Leonardo Da Vinci, por lo que hay varias iniciativas en toda Italia.

Alojamiento.

Se pueden conseguir habitaciones de hotel a partir de los 3.340 pesos.

Gastronomía.

Imprescindible probar el risotto a la milanese (con azafrán) y la cotoletta a la milanesa.

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