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¿Cómo es el ritual del carnaval en Sudámerica?

Fiesta pagana, nacida en Europa y adoptada en América con fuerte impronta de sincretismo religioso, el Carnaval tiene diversos regionalismos según dónde se celebre. Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia y Uruguay, en una recorrida carnavalera. 

Por Redacción LAVOZ.

Desde el sábado al miércoles de ceniza, pero también unos cuantos días antes y otros tantos después, tríos eléctricos, blocos y maracatus invaden las calles Salvador, Río y Olinda, en Brasil. Llamadas, murgas y candombe, retumban en Montevideo, Uruguay. Caporales y morenadas, despliegan su colorido en Oruro, Bolivia. Diablitos y carnavalitos inundan Tilcara, en el norte argentino. Cumbias, mapalés y congos, desfilan incansables por las calles de Barranquilla. Son la fiestas de Carnaval en nuestra América, plena de sincretismos, costumbrismo y tradiciones.

Argentina y Bolivia

En Tilcara, Jujuy, se celebra uno de los Carnavales más auténticos, coloridos y originales de la Argentina, una fiesta en la que los rituales de una cultura ancestral y la influencia española se fusionan desenfrenadamente, se desata en las calles y atraviesa la puerta de los hogares.

Tilcara, Jujuy, mezcla de rituales ancestrales con la influencia de los colonizadores españoles.

El Carnaval de Oruro, en Bolivia, fue declarado “Obra Maestra del Patrimonio Intangible de la Humanidad” por la Unesco. La ciudad es reconocida mundialmente por esta fiesta en la que unos 50 grupos folklóricos desfilan en una larga procesión, hacia el santuario de la Virgen del Socavón, la “Mamita”, a quien le dedican los bailes y sus promesas.

El colorido Brasil

En Río de Janeiro, las malas lenguas dicen que el Carnaval nació en las calles y murió en el Sambódromo. Y que el Carnaval de los turistas es en el Sapucaí, mientras que el Carnaval carioca es en los blocos. 

Río de Janeiro, Brasil, una de las fiestas más famosas del mundo.

Si allí todo el año es Carnaval, durante los días en que Momo es rey, la cidade maravilhosa se convierte en el paraíso de los excesos, bajo un Cristo Redentor que se hace el distraído. A la vera del mar, en pleno centro, en los rincones más chicos y en las barriadas, todo el mundo danza, cerveza en mano, bajo una lluvia de espuma en un gran baile de disfraces callejero. La música se multiplica en cada esquina, cada calle, cada rincón. Río de Janeiro destila samba, sudor y alegría. 

Mientras que, en Salvador de Bahía, los tríos eléctricos sacuden la ciudad y arrastran multitudes, por las calles de esa ciudad, donde reinan ritos yorubas, es hora del paganismo, el axé y el pagode.

En Olinda, al nordeste, un mar de gente invade las viejas callejuelas, al compás del frevo y los redobles del maracatú, una mezcla autóctona de ritmos heredados de África y Europa. Danzan y cantan como en trance bajo el abrasador sol nordestino. El carnaval de Olinda es un espectáculo frenético, del que todos participan libremente. 

Y en Recife, se reúnen cada sábado de Carnaval los seguidores del bloco más grande del mundo, según el libro Guinness de los récords, el Gallo da Madrugada, que llega a convocar unas dos millones de personas año tras año, por las calles de la capital pernambucana.

Uruguay, el más largo

El de Montevideo, la capital uruguaya, es el Carnaval más largo del mundo: dura 40 días y otras tantas noches y alcanza su clímax durante el desfile de las Llamadas, en dos jornadas en las que la alegría parece ser sólo uruguaya.

Montevideo, 40 días de Carnaval, el más largo del mundo.

Los apasionados por la fiesta del rey Momo acuden en masa a los barrios Sur y Palermo, donde unas 40 agrupaciones barriales protagonizan dos noches maratónicas y despliegan toda la herencia africana a puro candombe.

Fiestas colombianas

El Carnaval de Barranquilla, en 2003, también fue declarado Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad y es una de las mayores fiestas colombianas, de la que participan más de un millón de personas. 

Allí se fusionan las culturas europea, africana e indígena al combinar las festividades católicas traídas por los conquistadores, con ceremonias aborígenes y la herencia musical de los esclavos africanos.

Barranquilla, fusión de culturas y Patrimonio de la Humanidad.

Así, podemos fusionar desde Tilcara a Panamá, en un viaje que rescata las tradiciones, la música, los bailes. Un recorrido que convoca a la unión de los pueblos a través de una de las más representativas fiestas populares, como es el carnaval.

Esta crónica, resultado del trabajo de más de 10 años, forma parte de un proyecto editorial de su autor, el fotógrafo y periodista Guido Piotrkowski, quien registró en imágenes y vivencias esas fiestas latinoamericanas desde Argentina hasta Panamá. 

El libro será un racconto en textos e imágenes, de ese recorrido documental –y también emotivo– de una celebración que forma parte del acervo cultural del continente. 

Imágenes paganas de un festejo que, se dice, nació en el Viejo Continente desde donde evolucionó y con aquella impronta adquirida en los bailes parisienses, llegó hasta aquí a quedarse para siempre, tomando ribetes propios en cada uno de los lugares donde se festeja, con el aporte fundamental de culturas africanas y aborígenes.

Para concretar su proyecto editorial, Piotrkowski eligió el camino del financiamiento colectivo, conocido como micromecenazgo o crowdfunding. 

Este sistema consiste en la cooperación colectiva en red, mediante el uso de Internet, para financiar iniciativas. La transparencia de esta forma de micromecenazgo consiste en que si el proyecto no recauda la suma total para concretarlo el dinero se devuelve a cada uno de los “activistas”, quienes reciben a cambio “recompensas” por su aporte. Para conocer el proyecto y colaborar, hay que entrar en http://panaldeideas.com/proyectos/carnavaleando/ mientras que parte del material fotográfico puede verse en la página de Facebook Proyecto Carnavaleando.

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