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Chiloé y Torres del Paine, dos estampas del sur chileno

Una isla que mira al Pacífico y un macizo de ásperas cumbres al sur de la Patagonia chilena revelan sendas caras trasandinas.

Por Graciela Cutuli (Especial).

La Isla Grande de Chiloé es un territorio de leyendas y costumbres arraigadas, modeladas por la influencia constante del mar. Sobre su lado oriental, que da hacia Chile continental y por lo tanto está más protegido, se encuentran la mayoría de las poblaciones: entre ellas, Tenaún, el “pueblo de las tres colinas”, desde donde se puede navegar hacia las islas Chauques y Mechuque. Tenaún es famosa por su iglesia de madera, una de las 16 de la isla incluidas por la Unesco en el patrimonio mundial. No sólo domina con sus tres torres las casas bajas de los alrededores, sino que su interior revela que fue construida como un bote puesto al revés, porque los chilotes sabían construir barcos, para el mar… y también para tierra firme.

Desde aquí basta una navegación breve para desembarcar en las Islas Chauques, una tierra fértil en seres mitológicos como el duende Trauco, que se dice que embaraza a las mujeres; el barco fantasma Caleuche; los temibles basiliscos y la Pincoya, una mujer legendaria que deja un beso en forma de mancha negra. Mechuque es la islita más occidental del archipiélago e invita a caminar entre sus casas-palafito –el símbolo de Chiloé– y un puente mirador. Algunas de estas viviendas fueron convertidas en museo, para mostrar cómo era el modo de vida tradicional en esta isla donde aún se practica la “minga”, o “tiradura de casas”, una particular forma de trasladar las viviendas haciéndolas rodar sobre troncos. La práctica aún está vigente y genera una auténtica fiesta en la que participan todos los vecinos.

Durante un viaje a la misteriosa Chiloé, dos son los lugares emblemáticos que hay que privilegiar: los palafitos de Castro, la capital, y el Muelle de las Ánimas, una sugestiva escultura situada en el lado más salvaje de la isla, en la punta Pirulil. Allí, frente a los acantilados que bajan al Pacífico, un muelle de madera parece desembocar en la nada, envuelto en un viento permanente que, según la leyenda, expresa el pesar de las almas en pena que no pueden cruzar hacia la otra orilla.

DATOS. Información útil para conocer Chiloé y Torres del Paine.

Más cerca del cielo

El Parque Nacional Torres del Paine, en el extremo sur chileno, es una de las grandes maravillas de la Patagonia, cuyos principales picos –las tres torres que le dan nombre, el Almirante Nieto y los Cuernos del Paine– están entre los más difíciles del mundo. Entre montaña y montaña asoman los lagos: el Sarmiento, el Grey, el Nordenskjöld, el Pehoé y el Toro, cada uno con diferentes matices entre el azul y el turquesa.

Este destino es uno de los favoritos para el trekking, y entre los muchos circuitos posibles el más emblemático es el que va hacia Base Torres, al pie mismo de las escarpadas cumbres (y que forma parte del llamado “circuito W”, de 71 kilómetros en total). Esta caminata lleva 18 kilómetros entre ida y vuelta, con algunos tramos muy exigentes al final, pero recompensa con una vista increíble de la laguna helada sobre la cual se levantan las Torres del Paine.

En el camino se ven los Cuernos del Paine, cuyos dos colores –piedra clara abajo, piedra oscura arriba– revelan la composición del macizo, hecho de rocas plutónicas (el granito, más claro) y sedimentarias (la arcillolita, más oscura). Todo levantado sobre una intrusión de magma de 12 millones de años, e impactado por la fuerza del viento, el agua y los glaciares. Además de las caminatas por la montaña, es posible embarcarse en los lagos y navegar hacia el glaciar Grey. La vecina estancia El Lazo, donde se crían ovejas, vacas y caballos, invita a recorrer mediante cabalgatas los alrededores del Parque Nacional, con vistas increíbles hacia el macizo del Paine.

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