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Cenotes, grutas y pirámides

Sitios arqueológicos y bellezas naturales. En esos dos elementos se conjugan los principales atractivos en Mérida y alrededores.

Por Redacción LAVOZ.

 

Sitios arqueológicos y bellezas naturales. En esos dos elementos se conjugan los principales atractivos en Mérida y alrededores. A partir de esa hoja de ruta, hay por lo menos cuatro ingredientes ineludibles en cualquier visita turística a la capital de Yucatán:

Cenotes. La península está situada en una plataforma de piedra caliza con curso de agua bajo tierra (no se los encuentra en superficie). Cuando el suelo colapsa y se hunde, se produce un fenómeno natural inigualable: los cenotes. Son una especie de cavernas o cuevas, con ríos subterráneos de agua templada donde se puede nadar y bucear en una experiencia única. Algunos de ellos (hay cientos) tienen el condimento extra de haber sido sitios de sagrados de los mayas.

Los mayas los llamaban “dzonot” (que los españoles pronunciaron como cenote) y para ellos esas cavidades representaban un ingreso al inframundo.

Los cenotes se pueden explorar sin problemas.

Algunos están explotados turísticamente y cuentan con instalaciones sanitarias y puestos de comidas cercanos; otros lucen vírgenes y enigmáticos, para tentar a los más aventureros.

Haciendas. Formaron parte de un circuito económico que impulsaron los españoles en el siglo XVI, similares al sistema feudal en Europa. Funcionaban como granjas para producir manufacturas, con los mayas como esclavos.

En el siglo XIX casi todas se volcaron a la producción de sogas de henequén para exportación.

Cada una de ellas tenía escuela, enfermería, tienda, iglesia, cementerio, una prisión y establos, lo que implicaba una gran estructura. Esos sitios han sido reciclados como hoteles cinco estrellas, restaurantes o museos coloniales y muestran una mezcla de su espíritu original con la las comodidades de la modernidad. Visitarlas es muy recomendable.

Chichén Itzá. Desde 2007 es una de las nuevas siete maravillas del mundo. Su monumento más singular es el Templo de Kukulkán en forma de pirámide.

Desde hace seis años ya no se permite a los turistas trepar la pirámide por un doble motivo: evitar el desgaste del monumento en sí y por la seguridad de los visitantes.

La pirámide es interpretada como un calendario. Cada escalinata tiene 91 escalones, que, multiplicados por cuatro lados equivalen a 364, más un templo que da los 365 días del año solar maya.

Pero el mayor efecto de esa construcción se ve sólo dos veces al año, en un evento que reúne a miles y miles de turistas de todo el mundo. En el equinoccio (momento en que la tierra es iluminada por el sol de igual forma en el hemisferio norte y en el sur) de otoño (21 de marzo) y de primavera (22 de septiembre), se puede ver en la escalera norte del castillo de Chichén Itzá, una proyección solar serpentina, como resultado de la sombra que proyectan las nueve plataformas de ese edificio, al ponerse el sol.

En el universo maya, ese fenómeno se interpreta como que la serpiente emplumada (el dios Kukulcán) desciende desde lo alto de la pirámide.

Grutas del Loltún. Están a 100 kilómetros al sur de Mérida y son las más grandes de toda la península. En su interior se han encontrado evidencias de asentamientos humanos de hasta 7.000 años de antigüedad y también osamentas de mamut y bisontes, además de pinturas rupestres.

Al final del recorrido, de unos mil metros en total, hay una bóveda desplomada que ofrece un espectáculo aparte con el ingreso de luz natural a la cueva.

 

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