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Carnaval, el traje que mejor le queda a Brasil

Bienvenidos a un recorrido brilloso y transpirado por los principales carnavales del gigante sudamericano: Río de Janeiro, Salvador de Bahía y Olinda.

Por Gabriela Sibilla (Especial).

Sospecho que Momo, mitológico hijo del sueño y la noche, se mudó a Brasil el día en el que lo expulsaron del Olimpo. Desde entonces, este gordito sarcástico y burlón contagia a todos su alegría cada vez que el alcalde le confía las llaves del pueblo.

De gala o en la calle

Desde su morro y con los brazos abiertos, el Cristo Redentor recibe a los viajeros en Río de Janeiro. Son tantos que van a tener que organizarse. Algunos eligen vivir el Carnaval de gala en el larguísimo Sambódromo Marqués de Sapucaí, otra obra curvilínea y sensual del emblemático Oscar Niemeyer. Para el resto basta con salir a la calle para ser arrastrados por la rítmica marea humana al compás de algún bloco.

DATOS ÚTILES. Información útil para disfrutar de los carnavales de Brasil.

Vamos por partes. La pasarela del Sambódromo ve pasar cada año una selección de las mejores escolas de samba, que tienen poco más de una hora para demostrar el trabajo de todo un año. Los sagaces jueces evalúan rigurosamente varios aspectos en cada pasada. Entre los principales se destaca el enredo (temática), en torno al cual giran la fantasía (disfraces), la música y el carro alegórico donde se traslada un destaque, que puede ser un gran bailarín o alguna personalidad conocida.

Según avanza el grupo, se distinguen distintas alas de la escola. Las bahianas, formadas por mujeres de edad avanzada vestidas con trajes típicos del estado de Bahía, son las más respetadas de la comunidad y avanzan dando giros. La Velha Guarda, integrada por el grupo más antiguo de la escola, como su presidente y miembros destacados, viste ropa elegante: pantalones largos y chaqueta. Y la Rainha da Bateria es el lugar ocupado por una figura importante de la comunidad o una celebridad.

Por su parte, los blocos de rua encarnan el carnaval más democrático, tan variado como la diversidad que invade la ciudad. Los blocos pasan con una fuerza magnética, arrastrando consigo a extranjeros, jóvenes y viejos dispuestos a mover el cuerpo al ritmo de la batería. Existen más de 500 grupos organizados que llevan fantasía y buena música y atraen cada año a numerosos seguidores. Los más populares se nuclean en el Centro Histórico, las playas de Ipanema y Copacabana.

El más divertido

Puede que sea la mayor fiesta callejera del mundo, pero lo que más destaca del Carnaval de Salvador de Bahía es la intensidad con la que se vive. De hecho, es reconocido por los mismos brasileros como el carnaval más divertido.

Ahí van los enormes tríos eléctricos, camiones equipados con un sistema de sonido híper potente que trasladan a músicos, bailarines y personalidades. A su lado, bailando en procesión, los persiguen los blocos, distinguidos unos de otros por abadás, esas camisetas que desde hace un tiempo parecen ser un pase carísimo a la felicidad. Separado por cuerdas, está el resto. Conocido como “movimiento pipoca”, este carnaval es gratuito y a él adhieren cada año más y más artistas. ¿El objetivo? Devolverle al pueblo de Bahía su carnaval.

De raíces africanas y portuguesas

Otro imperdible en el gigante sudamericano es el Carnaval de Olinda, que deja en evidencia la mezcla de las culturas africana y portuguesa. El epicentro de este movimiento espontáneo tiene lugar en el Centro Histórico, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad. 

Desde muy lejos se ven llegar los bonecos gigantes, unos muñecos que superan fácilmente los dos metros de altura y que representan figuras del mundo del deporte, la música, la política y el espectáculo.

Las explosivas y exigentes coreografías del frevo descienden las empinadas calles de Olinda. En el marco de una arquitectura barroca y colorida, sus bailarines manipulan con una destreza única pequeñas sombrillas a rayas. El Carnaval de Olinda es así: exótico, rural y lleno de simbología.

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