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Camino al corazón de Rajasthan

Luego de pasar frente a la Puerta de India, visitamos la vieja y la nueva Delhi.

Por Redacción LAVOZ.

Luego de pasar frente a la Puerta de India, visitamos la vieja y la nueva Delhi. El Fuerte Rojo, la tumba de Humayum y Lakshmi Narayan Temple son imperdibles, así como el National Museum y el parque que rodea a la Puerta, en el camino de los reyes, donde miles de familias se reúnen en los calientes atardeceres una vez que termina la temporada de monzones, en octubre.

La suprema trinidad, Brahamana, Vishnú y Shiva, nos acompañan en nuestro viaje al interior. Delhi queda atrás para dar lugar a Agra y a la región de Rajasthan, donde se encuentran Jaipur y Udaipur. Lejos de los artículos de los “opinadores profesionales” que siempre se encuentran en Internet, la región es una de las más clásicas para un primer viaje a la India.

El 80 por ciento de la población rural aún conserva muchas de las costumbres de hace cientos de años atrás. Amantes de la vida solidaria y sencilla, tal como la practicaba uno de los más famosos habitantes del Rajasthan, Mahatma Gandhi, la mayoría es vegetariana y practicante del jainismo (religión creada alrededor del 3000 a.C., cuya lengua litúrgica es el sánscrito).

Sólo rompe la letanía diaria algún festival, como las carreras de camellos o los espectáculos de títeres, en cuya fabricación son especialistas.

Fuertes, palacios, jardines y mausoleos dan el marco perfecto a Agra, fundada a orillas del Yamura en 1505, pero prácticamente reconstruida por los ingleses. Aún perduran algunos de sus más increíbles monumentos mogoles, cuya obra cúlmine es el Taj Mahal, embellecidos en el paisaje por el Fuerte Rojo, el Mausoleo Intimad-Ud-Daulah y la vieja ciudad abandonada Fatehpur Sikri.

Las calles semiderruidas de la ciudad son una romería y también los patios del Taj, donde el color de los saris que visten las mujeres dan una idea de su pertenencia a una casta determinada, al igual que los turbantes masculinos. Hay 160 formas de ponerse un turbante y tienen múltiples usos, desde transformarse en almohada, atar al enemigo, sacar agua de los aljibes, hasta usarlo para refrescar la cabeza.

La mayoría de los visitantes a los tres o cuatro monumentos más importantes de Agra, son indios que llegan desde todo el país en peregrinación. Han viajado en ómnibus, en tren, en camello o en el techo de un camión cargado de alimentos que viene desde el sur, donde no hay tanto desierto.

El primer temor es que el Taj no genere lo que dicta la expectativa. Tanto se habló y leyó respecto a esta tumba de amor, construida íntegramente en mármol blanco, que pareciera que uno ya la conoce. Sin embargo, algo que nunca se ha experimentado a distancia es el juego de luces del sol contra las paredes y el agua de las piscinas que rodean la bella tumba, con sus torres y cúpulas.

En el interior del edificio principal, el más absoluto minimalismo silencioso. Nada, sólo el cajón en el centro de la sala principal y altos techos sin luz artificial, a la cual se ha llegado luego de seguir una fila de cientos de personas que apenas ha durado unos minutos.
Jaipur es el paraíso de los bazares donde comprar alfombras; telas; zapatos de cuero curtidos y pintados a mano; adornos en plata y bronce; bijouterie única en el mundo y copiada por el resto de los artesanos del mundo; muebles de madera o mármol; cerámicas, y especias o tés. El palacio de los Vientos o Hawa Mahal, es la foto que nunca olvidará el viajero de la Ciudad Amurallada o Ciudad Rosa (por el color predominante de sus edificios), con sus miles de ventanas con persiana estilo barroco, sin dejar atrás el City Palace Museum y el Observatorio Jantar Mantar, una pieza escultórica que consta de 16 instrumentos de medición astronómica, erigida en 1728 por Sawai Jai Singh II.

Ya en el camino, el Amber Fort abre sus puertas luego de hacer un corto camino en elefante, para llegar hasta las puertas, en lo alto del cerro, desde donde se puede ver toda la ciudad de Amber.

La ruta continúa a Jodhpur, luego de varias ciudades que esconden secretos milenarios a descubrir, si se dispone de tiempo. Allí se encuentra el Mehrangarth Fort, a 125 metros de altura.

En el camino a Udaipur, final de ruta, es necesario recorrer el templo Vimala Vasahi, en Dilwara, hecho en mármol repujado en bellas formas que adoran a los dioses jainistas.

En Udaipur se ubica el City Palace, sobre el lago Pichola, donde hay un museo, un hotel con grandes salones y miles de habitaciones decoradas al gusto de alguno de los 120 marajás que lo habitaron desde el siglo XVI.

No hay fin de ruta en India. Siempre hay más y queda el deseo de seguir. Es cierto que uno vuelve diferente de cuando se fue. Va más allá de las descripciones o las fotografías.

India es esa especie que Colón buscaba con sus expediciones y nunca encontró. India es ese otro mundo que convive con lo que conocemos. Intentar conocerla es apenas una parte de la gran aventura.

Algunos tips

India: es la democracia más grande del mundo.
En 10 mil años de historia, nunca invadió a otro país.
Fue el primer lugar donde se instaló una universidad.
Allí se inventó el ajedrez y el creador del hotmail es un indio.
Exporta software a 90 países.
El 36% de los empleados de la Nasa son indios.

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