Buscar Buscar Enviar por email Enviar por email Menu Menu Red de sitios Red de sitios Reloj Reloj Reloj Reloj Twitter Twitter WhatsApp WhatsApp Facebook Facebook Pinterest Pinterest Instagram Instagram Instagram Instagram Tumblr Tumblr Google+ Google+ Reproducir video Reproducir video Pausa Pausa Ver Ver Expandir Expandir Video Video Imagen Imagen Lista Lista Compartir Compartir Enviar Enviar Anterior Anterior Anterior Anterior Siguiente Siguiente Siguiente Siguiente Cerrar Cerrar Cerrar Cerrar Voy de Viaje Voy de Viaje En Familia En Familia En Pareja En Pareja Con Amigos Con Amigos Solos Solos En Avión En Avión En Auto En Auto Tips de Viaje Tips de Viaje Gastronomía Gastronomía Exóticos Exóticos Ciudades Ciudades Playas Playas Teens Teens Cuaderno de Viaje Cuaderno de Viaje Bus Bus Crucero Crucero Aventura Aventura
Cuaderno de viaje

Así es Olinda, la ciudad colonial del Nordeste de Brasil

Fachadas de colores, más de 20 iglesias y paseos de artesanías esperan en este rincón pegado a Recife.

Por Florencia Vigilante (Especial).

Si tiene la suerte de ir a Olinda, vaya dispuesto a caminar lento. Métase por cualquier calle sin pensarlo mucho y preste atención. En esta ciudad colonial en la que se pelearon portugueses y holandeses, las casas están pegadas y las fachadas están pintadas con colores en combinaciones impensadas. Otras están cubiertas con mosaicos, y algunas (las menos) tienen pegadas telas estampadas con flores.

La ciudad tiene más de 20 iglesias. Puede elegir algunas y visitarlas por dentro, o quizás se conforme con ver la frase “Deus e fiel” (Dios es fiel) escrita a mano sobre madera en un carro que vende agua de coco en la vereda o la dura “Ora et labora” (reza y trabaja) marcada en cemento sobre el número 52 en la pared de una vivienda.

Las calles, irregulares, trepan y bajan las colinas. Desde los puntos más altos, se pueden ver las tejas naranjas de las construcciones mezcladas con el verde de las palmeras y, en la línea final, el mar. Desde los puntos más bajos las paredes reclaman que se libere a Lula, invitan a gozar todos los días y dicen que se merece un tiro el que inventó el arma.

Olinda fue alguna vez capital del estado de Pernambuco (un título que después de muchas luchas quedó en manos de Recife, esa ciudad que se ve a menos de diez kilómetros de distancia) y más cerca en el tiempo fue consagrada como la capital cultural de Brasil. En las construcciones coloniales funcionan talleres de artistas, museos y negocios que venden artesanías. Vaya al Mercado da Ribeira si quiere comprar imanes, cuadros, marcos, muñecas, ropa o juegos, o simplemente para charlar con los artesanos que esperan a la gente sentados en sillas de plástico.

Para comer, busque el restaurante Barrio, a “la entrada” del centro histórico. Pruebe el arrumadinho de carne. Por sólo 18 reales, se va a llenar la panza con carne de sol (salada y expuesta al sol por unos días), feijoada (el popular plato brasilero a base de porotos y carne de cerdo), arroz y farofa (un acompañamiento que se prepara con harina de mandioca). El restaurante es simple y, a primera vista, poco turístico. Hable con la gente que trabaja ahí; puede que termine con varios tips sobre las playas de la zona a las que van los locales y lo inviten a ver música en vivo.

El centro histórico de Olinda fue declarado Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad por la Unesco. En sus calles está retratado el Carnaval, y también los picaflores, los hombres y las mujeres.

2016. Todos los derechos reservados.
La Voz.