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Playas

Aruba, lujo y belleza

“Bon bini” (bienvenido) es lo primero que escuchará el viajero al llegar a esta isla. Gente hospitalaria, clima perfecto, playas paradisíacas y grandes cadenas hoteleras son el imán que atrae a más de un millón de turistas internacionales cada año.

Por Soledad Soria (Especial).

En ultramar, el agua tiene exactamente ese color: turquesa, y también azul profundo. Hay olas intensas por los vientos alisios. Y debajo, en un punto preciso que es invisible para los que viven fuera del mar, el catamarán Pelican Pier se posa sobre el Antilla, un galeón alemán hundido en 1940 en Malmok Beach, una de las playas del sur de la isla de Aruba.

El agua pega en la cara y salpica las antiparras. El ruido aturde. Al sumergirse, aparece la magia: los hierros oxidados empiezan a tomar forma hasta que se puede completar, de un golpe de vista, el barco, con sus escaleras, sus barandas y su proa. Su actual tripulación está conformada por miles de peces de colores que entran y salen por las ventanas. 

Esta es una de las escenas imborrables que deja en la memoria sensible del viajero Aruba, un destino que ofrece playas perfectas, experiencias culinarias globales, trekking y aventura por el corazón de magma endurecido de la isla y un paseo de compras libre de impuestos con las mejores marcas del mundo.

IMPERDIBLES. 10 cosas que no te podés perder si vas a Aruba.

De primer nivel

Toda la hotelería es de primer nivel. Los habitantes hablan como mínimo holandés, inglés, español y papiamento, el dialecto de la isla. Viven en un destino cosmopolita y el multilingüismo es su lengua. Su trato atento, con una cordialidad natural, termina por cerrar una propuesta de turismo de alta gama.

La isla está preparada para el descanso y la reparación, por lo que casi todos los resorts tienen sus propios spas. La oferta es variada: fangoterapia, masajes con piedras calientes, baños relajantes y tratamientos a base de aloe y cactus, la industria local, una de las pocas cosas que se producen en la isla en granjas especializadas (Aloe farms). Desde 1890, Aruba Aloe produce las mejores aplicaciones con productos derivados del aloe: desde protectores solares y geles de ducha a bálsamos labiales.

Para hospedarse, todos los gustos están contemplados. Quienes amen las vistas pueden disfrutarlas en hoteles de Gran Altura (High Rise), los que prefieren la intimidad pueden optar por el estilo boutique, y desde luego hay all inclusive y tiempo compartidos.

DATOS ÚTILES. Información útil para enamorarse de Aruba.

Destino gourmet

La belleza de Aruba es mucho más que la famosa foto del fofoti, ese arbolito con las raíces sobre la arena y una copa que se ladea por los alisios, en medio de una playa perfecta: Eagle Beach, una de las más hermosas del mundo, elegida por miles de parejas para casarse de blanco. 

La isla del Caribe también es un excelente plan gourmet: hay restaurantes con estrellas Michelin que ofrecen cocina internacional, cada uno liderado por un chef especializado en la carta de su restaurante. Si es cocina francesa, será un chef francés. 

Hay 150 locales de alto nivel sólo en Palm Beach (450 en la isla completa), donde se pueden disfrutar sabores típicos como los platos con carne de venado, ancas de rana y el pescado de la zona, el mahi-mahi. Pero también hay carnes argentinas, langosta, pastas caseras, tapas españolas, sushi, curry. La enorme variedad de un destino preparado para atender cualquier antojo.

En Gianni’s, un restó italiano típico, el chef cocina a la vista pastas caseras dentro de una horma de 70 kilos de parmesano, con el corazón gratinado en whisky. Este restó tiene 330 sillas y 65 empleados. Al ser una colonia holandesa, la mayoría de los mozos son chicos de los Países Bajos continentales que están haciendo pasantías laborales con un año de duración. Hay un empleado cada cuatro comensales. Ningún plato demora más de 10 minutos, no importa si se pide salmón noruego o langosta, que forman parte de la decoración, en extensas peceras.

Cada seis meses cambian las cartas. Todo el año es temporada alta en la isla. 

Una curiosidad: el agua es gratis, porque Aruba tiene una planta potabilizadora propia, única en el Caribe. Y como la clave de una buena cerveza es el agua, la isla tiene una excelente: la Balashi. Se produce en una planta automatizada construida en 1998, con tecnología alemana. Tiene un delicioso aroma a lúpulo fresco, color dorado intenso y espuma suave. Pero también hay vinos californianos, italianos y argentinos, como parte de la carta sommelier.

En la isla todo se importa. Los champignones son holandeses, el salmón es noruego, el queso es italiano, las verduras colombianas, la carne (de vaca y de cordero) argentina y así: una vez a la semana llegan los aviones y barcos con los pedidos, de primera calidad, en perfecto estado.

Entre cuevas y mariposas

Es imperdible recorrer Arikok, un parque nacional que cubre la quinta parte de la isla. Está construido por tres formaciones geológicas donde quedan rastros de los primeros habitantes, los caquetíos, que dejaron su arte rupestre de más de mil años sobre las rocas de granito. El Arikok ofrece un trekking por 32 kilómetros de senderos demarcados con lajas, pasando por dunas y acantilados de piedra caliza, con una vegetación desértica. Los árboles de watapana (divi-divi), con sus sinuosas chauchas, son una de las especies más llamativas del lugar.

Hay puentes naturales creados hace un millón de años en la costa norte. Hay playas para amantes del surf y el kitesurf. Los aventureros pueden también explorar las cuevas en las playas del noroeste. La cueva de Guadirikiri, sólo accesible con vehículos especiales todo terreno, tiene bocas de luz naturales para iluminar sus 152 metros de recorrido. Los dueños de casa son los murciélagos, que enrarecen el aire y aportan la cuota de estremecimiento y adrenalina para una buena excursión.

En el mismo parque se puede hacer esnórquel en un ojo de mar. Es la Natural Pool Conchi: un pequeño charco de agua escondido en formaciones rocosas naturales que se adentran en el océano, justo frente a la costa, donde se puede disfrutar de la enorme riqueza marina que se despliega como un catálogo vivo para el visitante.

En la costa norte aún se pueden ver los molinos de oro Balashi y Bushiribana, las ruinas de las explotaciones mineras abiertas en la roca con dinamita para explotar el oro y el cuarzo aurífero entre 1824 y 1872. Las ventanas de piedra con vista al mar son fotos obligadas.

La granja de mariposas (Butterfly Farm), en el centro de Oranjestad, entrega otra experiencia que es poesía pura: caminar entre mariposas, tocarlas y tomar fotos con ejemplares de 30 variedades del trópico, pletóricas de color. El recorrido incluye una completa guía con información del desarrollo biológico de la especie y su metamorfosis, uno de los procesos naturales más fascinantes.

Arena, mar, comidas, experiencias y el vuelo de una mariposa en las manos. En Aruba todos los sentidos son conmovidos.

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